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El recorte de 65.000 millones agravará la recesión hasta 2013

Rajoy admite que el declive económico persistirá el año que viene

Las medidas provocarán una devaluación fiscal para ganar competitividad

El ministro de Economía, Luis de Guindos, durante la sesión del Congreso.
El ministro de Economía, Luis de Guindos, durante la sesión del Congreso. AFP

“Los españoles no podemos elegir si hacer o no sacrificios. No tenemos esa libertad”. Hay días y discursos que desprenden cierto aroma a posteridad, con boletos para convertirse en un hito histórico. España vive últimamente muchas de esas jornadas efeméride, pero la de ayer, con el presidente del Gobierno admitiendo que no hay libertad —ni económica ni de política— para el país, no deja lugar a dudas. Mariano Rajoy anunció ayer el programa de reformas y recortes más severo desde al menos el Plan de Estabilización de 1959, un lote de rebajas de salarios públicos, de estructura de las Administraciones y subida de impuestos con el que se pretenden arañar 65.000 millones. Forzado por Europa, que rescatará a la banca española, Madrid impulsa una serie de medidas para equilibrar las cuentas públicas a costa de incumplir las promesas a los ciudadanos y de agravar aún más la segunda recesión en dos años, con una caída de la actividad económica cercana al 2%.

Rajoy admitió ayer por primera vez que el declive se prolongará en 2013. “Para el año que viene todas las previsiones apuntan a que la situación recesiva continuará, aunque más cerca del 0%”, dijo en el Congreso. Bruselas ha suavizado ya en dos ocasiones los objetivos de reducción de déficit fijados para España como consecuencia del deterioro y el objetivo actual consiste en reducir el desfase entre gasto e ingresos del 8,9% con relación al PIB en que quedó en 2011; al 6,3% en 2012; al 4,5% en 2013 y al 2,8% en 2014 (antes se esperaba lograrlo el año antes). Esos seis puntos porcentuales de PIB de distancia al objetivo final equivalen a esos 65.000 millones que el Gobierno confía en conseguir con el nuevo plan.

¿Pero saldrán las cuentas? “Faltan muchos elementos por conocer todavía del ajuste, se precisa calcular el efecto de una reducción del 30% de concejales de Ayuntamientos, por ejemplo, o los detalles de la reducción de la prestación de desempleo o la reforma de pensiones”, apunta José Ignacio Conde-Ruiz, subdirector de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea).

La subida del IVA de tres puntos para el tipo general (del 18% al 21%) y del 2% para el reducido (del 8% al 10%) puede suponer una recaudación adicional de 4.500 a 5.000 millones en un año fiscal completo, sobre la base de la caída del consumo del 3% contemplada en los Presupuestos Generales del Estado, según Juan José Rubio, catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Pero “hay que tener en cuenta los riegos de un agravamiento del entorno económico, los despidos y las bajadas de sueldos frenarán más el consumo”, advierte. En 2011, los ingresos por IVA mejoraron un tímido 0,4% gracias al aumento de los tipos del ejercicio anterior —en julio de 2010 el general subió del 16% al 18%— y sin recesión, con un crecimiento económico del 0,7% en el año.

“Está claro que habrá un efecto para el consumo, pero al mismo tiempo, si España gana credibilidad en los mercados de capitales y se realizan las reformas estructurales necesarias, se bajará el coste de financiación, mejorará la confianza y se podrá impulsar la inversión. Al Gobierno no le quedaba otra opción, porque el déficit se estaba yendo al 8%; uno se pregunta por qué no se presentó un plan de esta naturaleza mucho antes”, añade Conde-Ruiz.

El Ejecutivo también ha anunciado la reducción de un punto en las cotizaciones sociales de los trabajadores este año y otro punto el siguiente. La combinación entre la subida del IVA y las cotizaciones sociales producirá una suerte de devaluación fiscal o interna de España para ganar competitividad, es decir, que bajarán los costes del país, y las exportaciones, uno de los motores que pueden impulsar el crecimiento, saldrán reforzadas frente a las importaciones.

“No es divertido ser presidente de una nación deudora sin tener una moneda propia. A diferencia de Estados Unidos o Reino Unido, España no tiene opciones fáciles”, apuntaba ayer el Nobel Paul Krugman en su blog, en The New Yorks Times.

A falta de poder devaluar la moneda, el Gobierno español sube el impuesto de todos los productos que se consumen en España lo que afecta a todo lo que se importa de fuera y excluye a las exportaciones, porque no pagan IVA. Al mismo tiempo, al bajar las cotizaciones se reducen los costes de las empresas y mejoran su competitividad.

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