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Planeta Futuro
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Una sugerencia concreta que podría salvar millones de vidas en una futura pandemia

Existe un consenso sobre la necesidad de acelerar y financiar la investigación y el desarrollo de nuevas herramientas sanitarias para brotes y epidemias, garantizando un acceso equitativo en todo el mundo

Científica keniana investiga al vector de la leishmaniasis
Una científica keniana investiga el vector de la leishmaniasis.Rowan Pybus (DNDi)

La cuestión no es si habrá otra pandemia, sino cuándo. Por eso, desde hace más de dos años se llevan a cabo intensas negociaciones en la Organización Mundial de la Salud (OMS) para crear un Acuerdo sobre Pandemias que defina en líneas generales cómo puede el mundo prevenir y prepararse mejor para las pandemias y los brotes, y responder cuando se produzcan.

Los negociadores se encuentran esta semana en Ginebra en medio del penúltimo empujón antes de que se acabe el plazo. Su objetivo es adoptar un acuerdo final durante la Asamblea Mundial de la Salud en mayo. Estas negociaciones son de vital importancia. Las comunidades de todo el mundo siguen sufriendo por la pandemia de covid-19. Las familias lloran la pérdida de sus seres queridos, las economías siguen recuperándose y la gente sigue muriendo, a un ritmo de 10.000 fallecidos al mes, según la OMS.

Si algo bueno pudiera salir de esta catástrofe en marcha y de las profundas desigualdades que ha puesto de manifiesto, sería un nuevo conjunto de normas aceptadas por todos los países que garanticen la detección inmediata de una amenaza pandémica, el rápido desarrollo de tratamientos, pruebas y vacunas, y políticas esenciales que garanticen que las herramientas sanitarias que salvan vidas sean accesibles para todos por igual, sin excepción.

Pero el tiempo se acaba.

La OMS solo ha llegado a un acuerdo una vez en sus 75 años de historia ―el Convenio Marco para el Control del Tabaco en 2003― y tardó siete años en negociarlo. En la carrera por alcanzar un convenio sobre pandemias en mayo, existe un riesgo real de que las grandes divisiones respecto a las cuestiones de fondo, las tensiones geopolíticas y la creciente presión para alcanzar un consenso nos dejen con un acuerdo de mínimo común denominador. Uno que esencialmente no cambie el statu quo de una manera significativa que proteja y salve vidas durante la próxima pandemia.

Sin embargo, tras haber seguido de cerca las negociaciones, veo varias oportunidades para ayudar a salvar las diferencias y garantizar que todo lo que se dice sobre equidad se convierta en algo más que un eslogan. Una de ellas se refiere a una cuestión sobre la que, irónicamente, existe un consenso prácticamente unánime: la necesidad de acelerar y financiar la investigación y el desarrollo (I+D) de nuevas herramientas sanitarias para pandemias y brotes, garantizando al mismo tiempo un acceso equitativo a las mismas en todo el mundo. El punto de conflicto es cómo hacerlo.

Los actores de la salud mundial exigen que las herramientas sanitarias desarrolladas por los proyectos que financian sean accesibles y que los conocimientos generados se difundan ampliamente

Diversos países, tanto del Sur como del Norte globales, han instado a que el Acuerdo sobre Pandemias incluya una obligación específica que garantice que, cuando la I+D se financie con dinero del contribuyente, los conocimientos generados se compartan más abiertamente para acelerar la investigación necesaria. Esta cláusula también debería garantizar que los productos sanitarios ―nuevos tratamientos, vacunas o pruebas que puedan salvar vidas― resultantes de la I+D financiada con fondos públicos sean accesibles y asequibles de manera equitativa, como rendimiento público de esas inversiones públicas.

Existe una disposición concreta en el borrador actual del acuerdo que obliga a todos los países a establecer estas condiciones de acceso. Este artículo se había suprimido en borradores anteriores, antes de volver a incluirse la semana pasada. Aunque se necesitan otras obligaciones, este es un paso clave. Es fundamental que se mantenga en el acuerdo final y que todos los países lo apoyen.

La Iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi, por sus siglas en inglés) es una organización de I+D sin ánimo de lucro que desarrolla medicamentos nuevos y accesibles para una serie de enfermedades infecciosas desatendidas. Parte de nuestro trabajo (por el que estamos agradecidos de haber recibido el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional el año pasado) gira en torno a la inclusión de cláusulas de intercambio de conocimientos y acceso en nuestros acuerdos con socios académicos e industriales, por lo que sabemos de primera mano que dichas disposiciones pueden acelerar la investigación y garantizar el acceso a los tratamientos resultantes.

Y no somos los únicos. Los financiadores y actores de la salud mundial, como la Fundación Bill y Melinda Gates y la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés), una fundación que desarrolla vacunas contra enfermedades infecciosas en ciernes, también exigen que las herramientas sanitarias desarrolladas por los proyectos que financian sean accesibles y que los conocimientos generados se difundan ampliamente. Durante las negociaciones del acuerdo sobre pandemias, la CEPI señaló que, si hubiera habido más financiadores que hubieran establecido cláusulas claras de acceso en los primeros días de la pandemia de covid, el número de dosis de vacunas disponibles para la población de los países de rentas bajas y medias podría haber sido mucho mayor y haberse suministrado con mucha más rapidez.

Solo los gobiernos tienen el poder y la influencia para hacer que esto suceda.

Se calcula que el Gobierno estadounidense gastó 31.900 millones de dólares (29.400 millones de euros) durante más de tres décadas en la investigación pionera que dio lugar a las vacunas de ARN mensajero. Imaginemos que estos fondos públicos hubieran estado vinculados a unas condiciones de acceso equitativo bien planteadas. Es posible que el precio de las vacunas en Estados Unidos no se hubiera disparado tras la declaración de emergencia y que las desigualdades en el acceso a estas vacunas en todo el mundo, que provocaron la pérdida de millones de vidas, también se hubieran reducido considerablemente.

Estas condiciones deben incluir la asequibilidad; la gestión de los conocimientos y estrategias para la concesión de licencias que aceleren la investigación y faciliten un acceso equitativo; y, en caso necesario, la transferencia de tecnologías y conocimientos técnicos para permitir la fabricación en diferentes regiones del mundo.

Mi organización desarrolla tratamientos para algunas de las comunidades más olvidadas de nuestro planeta. Consideramos que las actuales negociaciones del Acuerdo sobre Pandemias son fundamentales, una oportunidad crucial para garantizar que todo el mundo, independientemente de dónde viva o de cuánto dinero tenga, se beneficie de los avances científicos y tenga acceso a las herramientas médicas que necesite cuando se produzca la próxima pandemia. Los gobiernos tienen una oportunidad histórica de corregir el rumbo y asegurarse de que disponen de todas las herramientas jurídicas y políticas que precisen. Deben aprovecharla.

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