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Amitav Ghosh: “La historia de la nuez moscada es la historia de la maldición de los recursos”

El escritor indio establece en su nuevo ensayo un paralelismo entre el descubrimiento y comercialización de esta especia y la actual crisis climática que, según afirma, comenzó tras “el descubrimiento de América”

Amitav Ghosh
El escrito y antropólogo indio, Amitav Ghosh.Mathieu Génon
Patricia R. Blanco

¿Qué importancia puede tener en el siglo XXI la historia de algo tan asequible e insignificante como la nuez moscada? Y, sin embargo, esta especia y el devenir de la población que la vio nacer, la de los habitantes de las islas Banda, 10 pequeñas islas volcánicas que forman parte del archipiélago de Las Molucas (Indonesia), sirven para explicar el origen de la actual crisis climática, según sostiene el escritor y antropólogo indio Amitav Ghosh (Calculta, 67 años). Porque el expolio de los recursos naturales hasta el extremo de poner en peligro la existencia del planeta “no es nuevo, sino que tiene su origen en el colonialismo occidental” que comenzó tras el “descubrimiento de América”, explica Gosh en el libro que acaba de publicar en español, La maldición de la nuez moscada (Capitan Swing, 2023), un ensayo en el que establece un paralelismo entre la historia de este condimento y “la de nuestro tiempo”.

“Los bandaneses tenían este maravilloso y milagroso árbol como consecuencia de la ecología volcánica, y durante mucho tiempo les trajo prosperidad, hasta que se convirtió en la causa de su exterminio” en el siglo XVII, cuenta Ghosh durante una entrevista por videollamada con este diario. Y añade: “Más del 90% de la población del archipiélago fue asesinada, capturada o esclavizada” por órdenes del imperio holandés —el boticario Portugués Tomé Pires dejó escrito en su Suma Oriental (1515) que la población del archipiélago era de entre 2.500 y 3.000 personas—.

El fin de la masacre era controlar y dominar el comercio de la nuez moscada, pero, sobre todo, enriquecerse, concluye el escritor. Hoy en día un bote de nuez moscada molida de unos 60 gramos cuesta en un supermercado español menos de tres euros, en función de las marcas. Sin embargo, “en el siglo XV, un puñado de esta especia o de macis, la cáscara de la nuez moscada, aún más valiosa, te permitía comprar una casa en la mayor parte de las ciudades europeas y hasta un barco”, afirma. Este extractivismo sin freno es, según el Ghosh, el mismo que hoy en día provoca la actual crisis climática.

“No es ningún secreto que el valor del comercio asiático impulsó los viajes de los grandes exploradores, como Cristóbal Colón, Vasco de Gama o Fernando Magallanes”, recuerda Ghosh. “Y su plan era, precisamente, encontrar las islas de las especias”, añade. El resultado de dominar el negocio de la nuez moscada, subraya el antropólogo, proporcionó al imperio holandés enormes ganancias. “El rédito a veces ascendía al 400% de lo invertido en el viaje”, detalla.

Las especias del pasado son “el petróleo o el gas natural de nuestro tiempo”

Por ello, el destino de las islas Banda, un lugar que una vez fue próspero y paradisíaco hasta que su población fue aniquilada, “es la historia de la maldición de los recursos y sirve de modelo para el presente”, ya que las especias del pasado son “el petróleo o el gas natural de nuestro tiempo”. “Para los bandaneses, los paisajes de sus islas eran lugares habitables entrelazados con la vida humana, no era tierra, sino Tierra [en mayúsculas]”, describe Ghosh. Pero para los holandeses, “los árboles, los volcanes y los paisajes de las Banda no significaban más que un recurso explotable para obtener ganancias”. “Tampoco existía para los holandeses una conexión intrínseca entre los bandaneses y el paisaje que habitaban: sencillamente podían sustituirse por trabajadores y gerentes que transformarían las islas en una factoría de nuez moscada”.

Esa concepción, la de eliminar a la población local de las islas Banda para apoderarse de sus recursos, “pudo ser concebida porque se había hecho antes en América”, recuerda el antropólogo. “Los españoles lo estaban haciendo, los portugueses lo estaban haciendo y esto se convirtió en el patrón europeo de cómo interactuar con las personas en cualquier lugar”, un modo de operar que, según el escritor, el imperio holandés conocía bien “porque uno de sus ejes, Nueva Ámsterdam, que hoy en día es Nueva York, se encontraba en Norte América”.

La esclavitud que alimenta el capitalismo

De esta violencia, surge lo que el escritor denomina como “el más asombroso proyecto demográfico llevado nunca a cabo” que, en última instancia, “permitiría el nacimiento del capitalismo”. Según Ghosh, ese proyecto consistió en “eliminar a la población de un continente [América] para reemplazarla, por una parte, por blancos europeos como jefes y, por otra, por africanos y nativos americanos esclavizados como fuerza de trabajo”. “El capitalismo fue esencialmente posible por la esclavitud, especialmente en América del Norte, porque hoy está demostrado que muchas de las técnicas que después se usaron para fabricar coches en cadena fueron inventadas primero en las plantaciones”, afirma. Y esas técnicas se aplicaron después a las Banda.

Para los holandeses, “los árboles, los volcanes y los paisajes de las Banda no significaban más que un recurso explotable para obtener ganancias”

De hecho, según Ghosh, la mayoría de los filósofos británicos del siglo XVII defendieron ideas que conectan con la esclavitud, como el político británico Francis Bacon, que concibió precisamente la idea de que “hay que torturar a la naturaleza para extraer sus mercancías”, un concepto “todavía hoy muy presente”, critica Ghosh.

Pero más aún, en su An Advertisement Touching an Holy War (Anuncio concerniente a una guerra santa), escrito en torno al momento de la masacre de las Banda, Bacon expuso los motivos por los que consideraba lícito que los europeos cristianos pusieran fin a la existencia de ciertos grupos. En concreto, explica el escritor, porque “hay naciones proscritas y excomulgadas por las leyes naturales, países descarriados, que no son naciones como tal, sino que se asemejan más bien a manadas y chusma”. Y esa conjunción de la explotación de la tierra y de sus habitantes para beneficiarse de sus riquezas “es lo que nos ha llevado hasta donde estamos”. “Nada es nuevo”, lamenta.

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Sobre la firma

Patricia R. Blanco
Periodista de EL PAÍS desde 2007, trabaja en la sección de Internacional. Está especializada en desinformación y en mundo árabe y musulmán. Es licenciada en Periodismo con Premio Extraordinario de Licenciatura y máster en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid.
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