Un campo de refugiados de Sudán del Sur acoge la primera campaña de vacunación del mundo contra la hepatitis E

Unas 25.000 personas han recibido las dos primeras dosis de la inmunización, inventada hace una década. La enfermedad es especialmente peligrosa para embarazadas

Un médico de MSF inmuniza a una mujer dentro de la campaña de vacunación contra la hepatitis E en Bentiu, en el estado de Unidad de Sudán del Sur.
Un médico de MSF inmuniza a una mujer dentro de la campaña de vacunación contra la hepatitis E en Bentiu, en el estado de Unidad de Sudán del Sur.Peter Caton/MSF (Peter Caton/MSF)

La hepatitis E es la causa más común de la hepatitis aguda vital, y causa aproximadamente 20 millones de infecciones y 44.000 muertes cada año. Desde el año 2012, existe una vacuna (Hecolin) para prevenirla. Y, desde 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda considerar su uso para responder a brotes epidémicos de esta enfermedad, que es particularmente mortal para las mujeres embarazadas. Sin embargo, este 2022 ha sido la primera vez que se ha utilizado, cuando las autoridades de Sudán del Sur, junto a Médicos Sin Fronteras (MSF), han llevado a cabo la primera campaña mundial de inmunización en respuesta a una eclosión de esta dolencia. Así, 25.000 personas, incluyendo gestantes, han recibido, entre marzo y abril, las dos primeras dosis en el campo de desplazados de Bentiu, el más grande del país, según informó el pasado jueves la organización médica y humanitaria. En octubre se llevará a cabo la tercera y última ronda. Todos los expertos consultados coinciden en que se trata de una buena noticia.

Hasta ahora la vacuna solo se había usado de forma individual en China, único lugar donde se produce y se comercializa y donde se emplea para vacunar a viajeros

El investigador Antonio Rivero, pionero en el estudio de la hepatitis E, explica que, hasta ahora, Hecolin solamente se había usado de forma individual en China, único lugar donde se produce y se comercializa y donde se emplea para vacunar a personas viajeras. “Para mí, tiene sentido utilizarla en el campo de Bentiu. Sobre todo en las personas más vulnerables, como son los niños, los mayores, los pacientes cirróticos o inmunodeprimidos y las embarazadas. Los que tienen una tasa más alta de mortalidad. Tenemos una vacuna que es segura, ¡usémosla!”, declara Rivero. El investigador reconoce, no obstante, que, aunque lo recomendable es inmunizarse, los casos disminuirían muchísimo con un correcto tratamiento del agua, puesto que son los genotipos 1 y 2 del virus de la hepatitis E, transmitidos por este medio (VHE), los que causan las epidemias en África y Asia.

Como la infección se contagia por medio de la contaminación fecal de agua y alimentos, las eclosiones suelen derivar de situaciones en las que las condiciones de saneamiento son inadecuadas. Robin Nesbitt, epidemióloga de MSF Suiza y coordinadora de la campaña de vacunación en el campo de Bentiu, define los síntomas (fiebre, náuseas y vómitos, pérdida de apetito, dolor en la parte superior del abdomen sobre el hígado, orina de color más oscuro, heces de color más claro, y una característica clave: ojos y piel amarillentos, lo que se llama ictericia) y también las consecuencias. En la mayoría de los casos, dice, el cuerpo puede combatir la infección y el virus desaparece, pero en algunos puede ser grave y dar lugar a una hepatitis fulminante que puede ser mortal. Además, señala: “Si no se ha inyectado la vacuna hasta ahora, es por falta de interés. La hepatitis E es una enfermedad de gente muy pobre, que vive en condiciones muy desfavorables. No interesa estudiarla, ni tratarla...”.

Para María Buti, hepatóloga, los datos de la campaña son una “muy buena noticia”. De momento, explica, se ha vacunado a personas de entre 16 y 45 años. Los nuevos casos recogidos son en niños, lo que, a falta de las nuevas cifras –que se analizarán tras la tercera dosis– eso significa que sí protege. Buti insiste en la importancia de inocularla a mujeres embarazadas, cuya tasa de mortalidad es del 25%. En esta campaña ya se han inmunizado a casi 1.000, y se prevé alcanzar hasta 3.000.

Si no se ha inyectado la vacuna hasta ahora es por falta de interés. Es una enfermedad de gente muy pobre, que vive en condiciones muy desfavorables. No interesa estudiarla, ni tratarla
Robin Nesbitt, coordinadora de la campaña de vacunación de MSF en el campo de Bentiu

El de Bentiu es el campo más grande de personas desplazadas de Sudán del Sur, y fue creado en 2014 en el apogeo de la guerra. Aproximadamente 112.000 personas viven actualmente allí, muchas de ellas tras huir de los recientes estallidos de violencia y las inundaciones. MSF ha estado presente desde su creación y ha visto epidemias de hepatitis E desde 2015, surgidas como consecuencia de las terribles condiciones de vida, incluyendo la falta de acceso adecuado al agua, saneamiento e higiene. En 2021, las inundaciones extremas y nuevas llegadas de desplazados exacerbaron las ya deplorables circunstancias, aumentando también la propagación de enfermedades transmitidas por el agua, incluyendo la hepatitis E. Desde julio de 2021, MSF ha visto a 759 pacientes con casos confirmados en su hospital en Bentiu, 17 de los cuales fallecieron.

Un campamento en situación precaria

Nyemal tiene 22 años, reside en Bentiu con su familia, y es positivo en hepatitis E. Para él, la mejora de los servicios de agua y saneamiento es igual de importante que la vacunación. “El ambiente aquí no es nada limpio, los baños están llenos y no están bien cubiertos. Me gustaría que se vaciaran antes de que estén completamente llenos o que se cavara uno nuevo. Porque las moscas van de los lavabos a los hogares, y si están sucios, no es seguro que estas se posen en nuestra comida y agua potable”, lamenta en un testimonio recogido por MSF.

Nyemal tiene 22 años y vive en el campo de desplazados internos de Bentiu con su familia. Es positivo en hepatitis E, enfermedad para la que solo existe un tratamiento de apoyo de los síntomas y el estado de los pacientes para tratar de reducir su progresión.
Nyemal tiene 22 años y vive en el campo de desplazados internos de Bentiu con su familia. Es positivo en hepatitis E, enfermedad para la que solo existe un tratamiento de apoyo de los síntomas y el estado de los pacientes para tratar de reducir su progresión.Peter Caton/MSF

Nyasunday, de 19 años, también vive en el campo desde 2014, y también es positiva en hepatitis E. Se queja, al igual que Nyemal, de las condiciones de agua y saneamiento del campo: “Los baños no son buenos porque la gente los usa muy mal. Si vas al baño y no miras dónde pisas, es posible que pisotees orina o heces”.

Aunque también es necesario tomar otras medidas de control, incluyendo la mejora de los servicios de agua y saneamiento, las autoridades sanitarias creen que esta campaña de vacunación es un paso fundamental hacia la reducción de la carga de hepatitis E en el futuro.

El director general de Servicios de Salud Preventivos del Ministerio de Salud de Sudán del Sur, John Rumino, considera que es un modelo a seguir: “Dada la exitosa implementación y la entusiasta respuesta de la comunidad en las primeras dos rondas, esta innovadora campaña de vacunación puede servir como ejemplo y ser replicada en contextos similares para controlar epidemias de hepatitis E”. Todos los expertos consultados coinciden. “Espero que esto sirva para que, ante brotes de esta enfermedad, los países actúen antes. Así se evitarían infecciones y muertes innecesarias”, añade Nesbitt, de MSF Suiza.

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