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Sobrevivir a las inundaciones en Sudán del Sur

Sobrevivir a las inundaciones en Sudán del Sur

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Los desbordamientos del Nilo Blanco son cada vez más graves. En los últimos meses ha colapsado grandes áreas de ribera del país africano. Pueblos enteros desaparecen y sus habitantes se convierten en refugiados, víctimas de los fenómenos extremos de la era del cambio climático.

  • Cada año, las inundaciones se vuelven más fuertes y devastadoras. Desde mediados de 2020, Sudán del Sur se ha visto azotado durante meses por este fenómeno en la zona del Nilo Blanco. En la imagen, Nyanong Chamchan, de 44 años, en la aldea de Pankiir, donde vive, tratando de reconstruir un dique.
    1Cada año, las inundaciones se vuelven más fuertes y devastadoras. Desde mediados de 2020, Sudán del Sur se ha visto azotado durante meses por este fenómeno en la zona del Nilo Blanco.

    En la imagen, Nyanong Chamchan, de 44 años, en la aldea de Pankiir, donde vive, tratando de reconstruir un dique.

  • En las áreas más remotas, el agua ha aislado a comunidades enteras que sin ayuda y sin posibilidad de migrar a zonas altas hacen todo por sobrevivir. En la imagen, una joven colabora en la reparación de un dique arrasado por el agua.
    2En las áreas más remotas, el agua ha aislado a comunidades enteras que sin ayuda y sin posibilidad de migrar a zonas altas hacen todo por sobrevivir.

    En la imagen, una joven colabora en la reparación de un dique arrasado por el agua.

  • En una misión con Acción Contra el Hambre para documentar la devastación causada por las inundaciones, llegamos a la aislada comunidad de Old Fangak, al extremo norte del país. El paisaje verde y sereno de la ribera contrasta con la miseria y gris desesperanza de sus habitantes. En la imagen, “Espero poder volver a la escuela”, dice Tut Ruot, de 14 años.
    3En una misión con Acción Contra el Hambre para documentar la devastación causada por las inundaciones, llegamos a la aislada comunidad de Old Fangak, al extremo norte del país. El paisaje verde y sereno de la ribera contrasta con la miseria y gris desesperanza de sus habitantes.

    En la imagen, “Espero poder volver a la escuela”, dice Tut Ruot, de 14 años.

  • La inundación ha destruido 45 de las 62 aldeas, y los desplazados duermen en el suelo de las pocas tierras sin inundar mientras otros ocupan escuelas abandonadas que se encuentran con el agua a pocos centímetros de entrar. En la imagen, en la escuela no hay espacio para todos. Ellas dos, madre e hija (embarazada), duermen al aire libre en esta cama improvisada sobre el agua.
    4La inundación ha destruido 45 de las 62 aldeas, y los desplazados duermen en el suelo de las pocas tierras sin inundar mientras otros ocupan escuelas abandonadas que se encuentran con el agua a pocos centímetros de entrar.

    En la imagen, en la escuela no hay espacio para todos. Ellas dos, madre e hija (embarazada), duermen al aire libre en esta cama improvisada sobre el agua.

  • No hay suficiente comida para alimentar a los habitantes de la zona. Todos los cultivos han sido arrastrados por el agua. En la imagen, Nyajima Guoy, una niña de 5 años, intenta pasar sin mojarse mucho una zona cubierta de agua. Nyajima se pega al muro, donde se distinguen impactos de bala.
    5No hay suficiente comida para alimentar a los habitantes de la zona. Todos los cultivos han sido arrastrados por el agua.

    En la imagen, Nyajima Guoy, una niña de 5 años, intenta pasar sin mojarse mucho una zona cubierta de agua. Nyajima se pega al muro, donde se distinguen impactos de bala.

  • Tampoco todos los pobladores pueden aprovechar el río, pues pocos tienen redes y el pescado no es suficiente En la imagen, en primer término, NyayuaThang, de 62 años: “Las inundaciones se llevaron todo lo que estábamos cultivando”, dice. Hace días que no come. Se refugia con otros vecinos de su pueblo en la casa que está detrás de ellos, una escuela.
    6Tampoco todos los pobladores pueden aprovechar el río, pues pocos tienen redes y el pescado no es suficiente

    En la imagen, en primer término, NyayuaThang, de 62 años: “Las inundaciones se llevaron todo lo que estábamos cultivando”, dice. Hace días que no come. Se refugia con otros vecinos de su pueblo en la casa que está detrás de ellos, una escuela.

  • En noviembre de 2020, cuando se tomaron estas fotografías, la comunidad ya estaba padeciendo necesidad de alimentos y consumiendo lo que rescataron de la inundación, muy escaso. Sin tierra para plantar ni reservas de comida, el hambre y el despojamiento son desgarradores en Old Fangak y en todos los pueblos apartados y sin voz que viven ya las consecuencias del extractivismo en el clima del planeta. En la imagen, Nyakeak Rambon, de 70 años, refugiada en la aldea de Wangchot: “No tenemos adonde ir”.
    7En noviembre de 2020, cuando se tomaron estas fotografías, la comunidad ya estaba padeciendo necesidad de alimentos y consumiendo lo que rescataron de la inundación, muy escaso. Sin tierra para plantar ni reservas de comida, el hambre y el despojamiento son desgarradores en Old Fangak y en todos los pueblos apartados y sin voz que viven ya las consecuencias del extractivismo en el clima del planeta.

    En la imagen, Nyakeak Rambon, de 70 años, refugiada en la aldea de Wangchot: “No tenemos adonde ir”.

  • Bol Nual, de 26 años, conrnsu hija Pouch Deng, de 2,rnde camino al centro dernsalud local para quernrevisen a la pequeña,rnque tiene fiebre.
    8Bol Nual, de 26 años, con su hija Pouch Deng, de 2, de camino al centro de salud local para que revisen a la pequeña, que tiene fiebre.
  • Dos hombres reparan un dique para que no se inunde la pista de aterrizaje por la que llegan provisiones.
    9Dos hombres reparan un dique para que no se inunde la pista de aterrizaje por la que llegan provisiones.
  • “El trabajo para reconstruirrnun dique es agotador. Nosrncansamos tanto que dernnoche no podemos dormirrnde lo mucho que nos duelernel cuerpo”, explica enrnPankiir el vecino StephenrnRiek, de 44 años.
    10“El trabajo para reconstruir un dique es agotador. Nos cansamos tanto que de noche no podemos dormir de lo mucho que nos duele el cuerpo”, explica en Pankiir el vecino Stephen Riek, de 44 años.
  • Nyarew Gatluak, de 29 años, lleva en una tina de metal a su hijo Tito Beliu, de 2 años, para que no se moje al atravesar una de las zonas inundadas
    11Nyarew Gatluak, de 29 años, lleva en una tina de metal a su hijo Tito Beliu, de 2 años, para que no se moje al atravesar una de las zonas inundadas