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En el momento más álgido de la pandemia, el cierre de los centros educativos afectó a 1.500 millones de niños y adolescentes. La prioridad de la educación en la agenda global que nuestro Gobierno ha manifestado en diferentes ocasiones tiene que concretarse en los fondos que se dedican a ella

Unas niñas guatemaltecas en la Escuela Rural Nuevo Sinaí Rubel Santo, en Alta Verapaz, cerrada por la pandemia desde 15 de marzo de 2020.
Unas niñas guatemaltecas en la Escuela Rural Nuevo Sinaí Rubel Santo, en Alta Verapaz, cerrada por la pandemia desde 15 de marzo de 2020.Jaime Villanueva

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La pandemia nos ha traído una crisis sanitaria y económica sin precedentes. Esta es, quizás, la parte más visible. Pero también ha supuesto el debilitamiento de los sistemas educativos. Estamos viendo cómo la covid-19 está provocando un retroceso de acceso a la educación equitativa, inclusiva y de calidad para todos y todas. Ya antes, 258 millones de niños, niñas, adolescentes y jóvenes no estaban escolarizados. De ellos, uno de cada cinco no pisarán jamás un aula.

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Algunos estudiantes han podido regresar a la escuela, pero otros muchos no. Los sistemas educativos continúan enfrentándose a una crisis devastadora. La brecha digital, la inequidad social y de género, la situación de vulnerabilidad que sufren muchas comunidades y grupos, la pobreza, la exclusión social o la marginación están haciendo retroceder los progresos en materia de educación que se han conseguido en las últimas décadas. La educación es un derecho que abre puertas al desarrollo, rompe el círculo de la pobreza y reduce las desigualdades. Es una pieza clave para la transformación social que nuestro mundo en crisis está necesitando.

La educación es un derecho que abre puertas al desarrollo, rompe el círculo de la pobreza y reduce las desigualdades. Es una pieza clave para la transformación social de nuestro mundo en crisis

Desde la Campaña Mundial por la Educación, liderada en España por Ayuda en Acción, Educo, Entreculturas y Plan Internacional, llevamos años movilizándonos en torno a este derecho para asegurar que sea una realidad en todos los países del mundo.

En el contexto de la covid-19 toca recordarnos que está siendo una pandemia global y la respuesta también tiene que ser global. Es momento de coordinar nuestros esfuerzos con los diferentes actores y donantes, y concienciar a la población en torno a la importancia de defender la educación como herramienta fundamental para que nadie se quede atrás en la recuperación frente a la crisis social, económica. Es momento de mostrar como país nuestra apuesta decidida por tender puentes hacia otras realidades.

España debe apoyar proyectos y fondos para fortalecer el sistema educativo en países y comunidades de América, Asia y África donde el impacto por el cierre de las escuelas ha sido aún mayor y los sistemas educativos son más frágiles. En este sentido, es urgente cancelar la deuda de los países en vías de desarrollo y con más dificultades económicas para que puedan aumentar su inversión en servicios públicos y, en especial, en una educación gratuita para todas y todos.

La prioridad de la educación en la agenda global que nuestro Gobierno ha manifestado en diferentes ocasiones tiene que concretarse en los fondos que se dedican a ella

Y dentro de estos países, también hay que poner la mirada en las poblaciones más vulnerables, en las niñas que son las que asumen más riesgo de no volver a la escuela aunque estas abran, en las personas desplazadas o que sobreviven en contextos humanitarios provocados por los conflictos o por el cambio climático. Si no garantizamos la educación en los contextos más difíciles, esta deja de ser la oportunidad para salir de la exclusión que ya están viviendo. La educación es un derecho habilitador de otros y cuando el proceso educativo se rompe hay más riesgo y exposición a la falta de alimentación adecuada, a los riesgos en salud o a la exposición ante todo tipo de violencia.

La prioridad de la educación en la agenda global que nuestro Gobierno ha manifestado en diferentes ocasiones tiene que concretarse en los fondos que se dedican a ella. El compromiso económico es una forma clave de pasar de la narrativa a la acción.

No es un gasto es una inversión. Todo el dinero que vaya para educación en el contexto de la agenda 2030 nos hace avanzar en la senda de la recuperación de la crisis y de la búsqueda de un nuevo sistema, porque no hay nada más transformador que la educación.

Es fundamental aumentar la inversión de la cooperación en educación, uno de los sectores más recortados desde 2008. España debe recuperar el espacio entre los principales donantes de la comunidad internacional para poder posicionarse en este debate e influir en los retos globales. La nuestra es una sociedad solidaria, una de las que más apoya la cooperación internacional dentro de la Unión Europea. Y, sabemos que el esfuerzo que hagamos para contribuir al desarrollo, implementación y consolidación de una educación de calidad en el mundo será algo que beneficiará a todas las sociedades.

Por todo ello, insistimos en la necesidad de cumplir el compromiso adquirido de incrementar la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) española para llegar al 0,5% de la Renta Nacional Bruta en 2023 y seguir avanzando hasta llegar al 0,7% asignando un 20% de esta AOD a las partidas de educación.

También España debería apoyar la propuesta de la Alianza Mundial por la Educación y comprometerse a reponer fondos para la financiación de la educación. Nuestro país sigue siendo el noveno mayor donante de esta alianza, pero ha tenido una brecha en su contribución en los últimos años. Este tipo de fondos son clave para fortalecer el sistema educativo en países de América, Asia y África con menos posibilidades de inversión propia.

Nuestro país sigue siendo el noveno mayor donante de esta alianza, pero ha tenido una brecha en su contribución en los últimos años

Y en nuestro entorno cercano también es necesario trabajar para reforzar la Educación para la ciudadanía global, como mecanismo para dotarnos de las herramientas y conocimientos para construir una ciudadanía crítica, consciente y comprometida con la transformación social.

No podemos dejar a nadie atrás. Recuperemos la inversión en cooperación para impulsar el cumplimiento de la Agenda 2030 y financiemos adecuadamente la educación para asegurar el cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4. Es un reto, pero también una oportunidad para reducir las brechas de desigualdad y que niños, niñas y adolescentes de todos los países y contextos puedan acceder a un presente y un futuro más esperanzador. Esperamos el compromiso de nuestro Gobierno. Mil millones de niños lo están esperando.

Pilar Orenes es la representante de la Campaña Mundial por la Educación en España. Campaña coordinada por Ayuda en Acción, Entreculturas, Plan Internacional y Educo.

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