violencia de género

“En Canarias hay 4.500 niñas en riesgo de ser mutiladas”

Hawa Touré es una activista mauritana de 45 años afincada en Fuerteventura cuyo propósito principal es erradicar la ablación dentro y fuera del continente africano a través de la concienciación de los padres: “No quiero que nadie pase por lo que pasé yo y menos en nombre del Islam”

Hawa Touré, activista mauritana, en su casa de Villaverde, Fuerteventura, en enero.
Hawa Touré, activista mauritana, en su casa de Villaverde, Fuerteventura, en enero.Noor Mahtani Mahtani

Nota a los lectores: EL PAÍS ofrece en abierto la sección Planeta Futuro por su aportación informativa diaria y global sobre la Agenda 2030, la erradicación de la pobreza y la desigualdad, y el progreso de los países en desarrollo. Si quieres apoyar nuestro periodismo, suscríbete aquí.

Su carcajada lo impregna todo. Tiene una risa contagiosa y sonora que solo se congela al recordar la tarde en que la mutilaron, encima de una alfombra y junto a cuatro de sus siete hermanas, una después de la otra. Tenía diez años y no fue la primera en sufrirlo. Antes de que la cuchilla le cortara a ella, Hawa Touré (Mauritania, 45 años) presenció cómo su hermana se desangraba segundos después de la ablación. “Mi madre tuvo que llevarla corriendo al hospital”, cuenta aún afectada. Años después le tocó a su prima menor. Se iba a casar con 14 años y aún no estaba mutilada, así que su suegra la presionó para que lo hiciera antes de la boda. La herida se infectó y nunca se curó. Se quedó embarazada y perdió la vida en el parto. Tenía 15 años. La historia de las mujeres de la casa de Touré está marcada por esta dolorosa práctica; un tabú que mata. Su misión, dice, es que no marque la de nadie más.

Más información

Ser activista no es fácil. “Y en África menos”, incide. Es por eso que la mauritana, que llegó al archipiélago canario en 2004, tardó otros 13 años en decidirse. En 2017 fundó Dimbe, una asociación de mujeres africanas que buscan la integración social y la erradicación de prácticas como la ablación, que no solo suceden en el continente: “En Canarias hay 4.500 niñas en riesgo de ser mutiladas”, dice. “A estas menores de origen africano se las llevan de vacaciones a sus países para cumplir con el ritual o incluso lo hacen aquí mismo. Esto está pasando en nuestras islas y ya lo hemos visto”.

La lucha de Touré es por el futuro de esas 4.500 niñas. “Y por el de toda la comunidad”, añade. Al ser un tema del que no se habla abiertamente, muchas de las madres las llevan sin saber muy bien los daños irrevocables que pueden provocar en la salud de sus hijas”, narra. Las complicaciones médicas van desde dolor intenso hasta hemorragias prolongadas, infecciones, infertilidad e, incluso, la muerte. Además, puede aumentar el riesgo de transmisión del VIH, según Unicef. Su objetivo es darlo a conocer.

Las complicaciones médicas van desde dolor intenso hasta hemorragias prolongadas, infecciones, infertilidad e, incluso, la muerte. Además, puede aumentar el riesgo de transmisión del VIH

La mutilación genital femenina comprende todos los procedimientos consistentes en la resección parcial o total de los genitales externos femeninos por motivos no médicos. Aunque muchas comunidades se amparan en el Islam, es un discurso asociado erróneamente con esta religión. “Los imanes se han pronunciado en contra”, dice. Sin embargo, se sigue llevando a cabo en 30 países de África y Oriente Medio a pesar de que en muchos de ellos esté prohibido. En Mauritania, su país, la ablación es ilegal en todas sus formas, desde 2005. La justificación religiosa no vale. Pero la prohibición no es sinónimo de erradicación. “Hay zonas en mi país, sobre todo en la que vive la etnia soninké, [mucho más conservadores] en la que queda mucho trabajo por hacer”, reconoce.

En España, está tipificada como delito de lesiones desde 2003 en el Código Penal de 1995 (art. 149) y castigada con pena de prisión de seis a doce años e inhabilitación de la patria potestad en el caso de menores. “Pero, ¿cómo se controla lo que hacen estas familias en sus países cuando se van de vacaciones”, se pregunta Touré.

El patrón se repite: las menores viajan a sus países sin haber escuchado nada de esta tradición y una vez allá la llevan a cabo sin su consentimiento. “Nos han contado varios casos en las que las encierran con la persona que va a realizar la ablación y ya. Nadie les explica nada. Esto es un problema de salud pública”, critica la activista. Según datos de Unicef, cerca de 200 millones de niñas han sido víctimas de algún tipo de mutilación y otras 30 millones están en riesgo en la próxima década.

Su trabajo es precisamente ese: concienciar a la gran comunidad africana en las islas que no tienen pensado frenar esta tradición. “Les hablamos de los daños en las niñas y en cómo la religión no nos obliga a nada similar”, cuenta. Al principio, su trabajo no era del todo bien visto. “Los hombres pensaban que les estábamos comiendo la cabeza a las mujeres, pero cada vez nos apoyan más”, explica orgullosa. Ahora, cada vez más, son las familias quienes piden hablar con Touré –a quien todo el que la conoce, llama Agua– para pedirle consejo o información. Si hace balance, se le vienen a la cabeza principalmente madres: “Ellas son las que nos preguntan: ¿qué le puede pasar a mi hija si no sale bien?; ¿qué fue lo que te pasó a ti?”. Touré aspira a llevar Dimbe a las escuelas y que las niñas también tengan una forma de pedir ayuda más accesible.

Cuando empecé a enumerar los posibles daños colaterales, la madre se echó a llorar desconsolada. No sabía que su primera hija se murió por eso”, cuenta

Cuando apenas llevaba un año con su proyecto, detectaron un posible caso en una familia de Fuerteventura, así que les sugirieron charlar al respecto. “Al enumerar los posibles daños colaterales, la madre se echó a llorar desconsolada. No sabía que su primera hija se murió por eso”, cuenta. Esta joven mujer mutiló a su pequeña cuando apenas tenía siete meses y aunque notaba que siempre tenía la vulva infectada, “pensó que era lo normal”. Años más tarde, falleció a causa de esta infección mal curada. “Las mujeres tienen que saber de verdad de qué se trata. Ninguna madre querría una cosa así para su hija”, cuenta esta madre de dos.

El coronavirus invisibiliza

El riesgo está en el secretismo. Después de tres años y cientos de casos analizados, Touré sabe que la clave es la visibilización, “que la gente sepa en qué se traduce la ablación”. Durante el confinamiento, muchas de estas niñas que se acercaban a los 15 años, la edad habitual en la que se lleva a cabo esta práctica, estuvieron encerradas durante meses con unos padres, en ocasiones, muy conservadores. “Nos consta que se llevaron a cabo algunas mutilaciones en esos meses, pero con el encierro todo ha sido más difícil de cuantificar”, dice afectada. “Es terrible pensar que pasaron por eso solas, que no pudimos frenarlo”.

Puedes seguir a PLANETA FUTURO en Twitter, Facebook e Instagram, y suscribirte aquí a nuestra ‘newsletter’.

Más información

Lo más visto en...

Top 50