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columna

Sobre ricos y pobres

El lenguaje popular distingue a unos y otros con adjetivos peculiares llenos de sutileza

Edificios de oficinas y chabolas en Buenos Aires, Argentina, en una imagen de archivo.DIEGO GIUDICE (Tribune News Service via Getty I)

Al hablar de ricos y pobres el lenguaje popular los distingue con adjetivos peculiares muy sutiles, así que al referirte a unos y a otros para marcar las diferencias deberías decir: los ricos se resfrían, lo pobres se constipan; los ricos tienen fiebre, los pobres tienen calentura; los ricos se enfadan, los pobres se cabrean; los pobres tienen hambre, los ricos tienen apetito; ante un regüeldo inesperado en la sobremesa los ricos piden perdón, los pobres dicen: ¡que aproveche!; los ricos obran, los pobres hacen de vientre; a los lavabos los ricos los llaman la toilette, los pobres el escusado; las joyas falsas que lucen los ricos parecen auténticas, y las auténticas que lucen los pobres siempre parecen falsas; los ricos pueden plantarse una flor en el ojal, los pobres aspiran con suerte a tenerla en el culo; los ricos al morir entregan el alma, los pobres se limitan a palmar y a estirar la pata; los ricos asaltan los bancos por el despacho del director en la séptima planta con un falso proyecto de negocio, los pobres lo hacen por la puerta que da a la calle con un pasamontañas y una pistola de plástico; al hablar por el móvil los ricos lo hacen con la mandíbula levantada porque lo usan para mandar, los pobres contestan mirando al suelo porque lo usan para obedecer; los pobres necesitan morirse previamente para ser los primeros en el reino de los cielos, los ricos ya gozan del cielo en la tierra por adelantado y al final también superan la prueba del camello que pasa por el ojo de una aguja; los ricos bautizan a sus grandes mansiones de campo con nombres humildes, el nido, la madriguera, la choza, el refugio, y sus yates se llaman el cangrejo, el renacuajo, el chanquete, en cambio los pobres para sus humildes chamizos eligen nombres fastuosos, el paraíso, el olimpo, el edén y para sus barcas de remos Poseidón, Argos, Apolo; en las guerras los pobres ponen bombas, pero los ricos bombardean. Y así hasta ver quién se sienta a la diestra del Dios padre.

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