Comparecer y responder
La gravedad del contexto internacional exige del Gobierno, más que eslóganes, pedagogía, búsqueda de apoyos y altura institucional


La guerra de Donald Trump y Benjamín Netanyahu contra Irán, además de violar el derecho internacional, es de una extrema peligrosidad por sus potenciales efectos económicos globales y la más que probable extensión de la violencia por parte del régimen iraní a todo Oriente Próximo. Tiene razón el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en su exigencia ayer a Estados Unidos, Irán e Israel para que pongan fin inmediatamente a las hostilidades y utilicen las vías diplomáticas para resolver el conflicto. Carece de fundamento y razón, en cambio, el desaforado ataque de Trump a España y sus toscas amenazas de bloqueo comercial, como si se tratara de un país enemigo en vez de un aliado de la OTAN y el anfitrión en su territorio de dos importantes bases militares de gestión conjunta.
Sánchez respondió ayer con la lectura de un comunicado desde La Moncloa después de que Trump, en otro exceso histriónico desde el Despacho Oval, arremetiera contra el Gobierno español por el veto al uso de las bases de Rota y Morón para operaciones vinculadas a la guerra de Irán, que se suma al agravio de no haber aceptado elevar caprichosamente el gasto en defensa al 5% del PIB como exigía Trump. Sánchez ha reivindicado la claridad y la consistencia de la posición española ante esta crisis bélica. Para ello rescató el eslogan “no a la guerra”, la consigna que galvanizó a la opinión pública española contra la guerra de Irak en 2003. Pero un eslogan, por hábil que sea, no basta en un contexto tan grave como el actual.
La posición multilateralista española en defensa de la legalidad internacional y contra el uso de la fuerza es correcta y coherente con el sentir mayoritario del país. Pero un tuit y un vídeo sin preguntas no es la manera de defenderla. La situación requiere exponerse a preguntas, una comparecencia parlamentaria inmediata y, sin duda, informar de manera directa al líder de la oposición. También buscar complicidad en Europa antes de hablar. El canciller alemán, Friedrich Merz, que estaba sentado junto a Trump, quedó impávido en el momento de la furiosa diatriba, sin salir en defensa de un socio europeo como hubiera exigido un mínimo sentido de solidaridad. España recibió ayer el apoyo de la UE frente a la amenaza comercial, pero no en su posición sobre la guerra.
Esta falta de altura institucional en la defensa de la legalidad internacional hace que España aparezca como un país dividido que se ofrece a la interferencia e incluso a la humillación, algo que debería preocupar por igual a Gobierno y oposición, en vez de convertirse en munición para la pelea partidista. Nadie debería dejar pasar las graves e irresponsables imputaciones proferidas por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, acusando a los españoles de “poner en peligro la vida de los estadounidenses”.
Según Sánchez, España debe estar preparada ante la eventualidad de una guerra larga, con numerosas bajas y consecuencias económicas graves. Ahora es urgente repatriar a los millares de españoles que se hallan atrapados en zona de guerra. Se han anunciado ayudas especiales para mitigar los efectos económicos del conflicto sobre los trabajadores, los hogares y las empresas, como en anteriores crisis. Estas dos tareas que acertadamente se propone el Gobierno merecen también el mayor consenso social y político posible, algo que solo se logra con transparencia, argumentos y debate, sin límite y sin descanso. Confiarlo todo a un eslogan es ponérselo muy fácil al trumpismo español para dividir una posición de Estado.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































