Djokovic, Alcaraz y las buenas maneras
Los lectores y las lectoras escriben sobre la final del Open de Australia, los bulos, los asesinatos machistas y el legado de la Guerra Civil

Me han encantado las palabras de Novak Djokovic en la ceremonia de entrega de trofeos en Melbourne dedicadas a Carlos Alcaraz y a Rafa Nadal, el estilo y la elegancia en los gestos, el buen trato dispensado… También Carlitos ha estado a la altura. Qué bien me han hecho sentir. Ese es el modo de proceder en toda una final. Igualito, pero de signo totalmente opuesto, están los testimonios, las comparecencias, los debates de nuestros políticos, que nos transmiten mala leche para un buen tramo. Los buenos modelos, las actitudes ejemplares de los demás, nos contagian a raudales. Creo que hemos de ser más selectivos en los mensajes que recibimos cada jornada.
Enrique López de Turiso. Vitoria
Combatir los bulos cansa
Cruzo mi puerta con la incertidumbre de qué bulo, desinformación o mentira envenenada voy a escuchar hoy en una sobremesa. ¿Merece la pena gastar tu energía en que los discursos demagógicos dejen de ser los protagonistas? Yo digo que sí. Aunque también resulta abrumador malgastar fuerzas y tiempo en aquellos que viven en el rico placer de justificar su situación desde la comodidad de creerse falacias populistas. Como dijo Manuel Azaña: “Si los españoles habláramos solo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar”. Merece la pena intentarlo, pero también merece la pena elegir bien dónde, con quién y hasta cuándo.
Ariadna Oropesa Fernández. Ciempozuelos (Madrid)
Para ti, Vanessa
El jueves 22 de enero te asesinaron. Tenías 19 años. Yo te tuve en clase con 13, cuando llegaste de Latinoamérica. En la escuela te gustaba el voleibol. Recuerdo cómo te apasionaba pasar la pelota, levantarla, confiar en el equipo. Sabías que, si fallabas, alguien te ayudaría a hacer volar la pelota de nuevo. En la vida real, sin embargo, tuviste que jugar sola demasiado pronto. No encontraste equipos ni pases seguros. En L’Hospitalet, un hombre te mató, y la pelota cayó sin que nadie pudiera ayudarte a levantarla. La vida no cumplió las reglas del juego que tanto te gustaba: confianza, apoyo y compañerismo. Los periódicos hablarán de una “mujer asesinada”. Yo recordaré a una alumna que sabía jugar en equipo, que confiaba y que todavía tenía toda la vida por delante. Tu profesora te llora y te recordará siempre.
Sara Galiana Steinbrüggen. Barcelona
No todos perdimos la guerra
No, no todos perdimos la guerra; la perdimos los que la perdieron y los hijos de los que la perdieron. Por si fuera poco, el bando golpista ganó también la posguerra en lo político, en lo social, en lo económico y en lo jurídico incluso. De manera que la posguerra la sufrimos los mismos. Muchos de los que la perdieron se vieron empujados a la marginación laboral, el exilio y la emigración… Y de aquellos polvos tenemos estos lodos, sin necesidad de enredarse en no sé qué basuras como ha dicho un académico. De la cultura, ¿qué se puede decir? He llegado a leer que la guerra la ganaron hasta los fusilados.
Raúl Rodríguez Rodríguez. Sevilla
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