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editorial

La brecha de Adamuz

La inversión colectiva de décadas en ampliar la red ferroviaria española exige el compromiso de evitar su deterioro

Un informe preliminar de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) aportó el viernes la primera hipótesis de trabajo oficial sobre las causas del trágico accidente de dos trenes de alta velocidad sucedido el pasado sábado por la noche a la altura de Adamuz, Córdoba. Allí murieron 45 personas en el acto y decenas siguen heridas. A los familiares de estas víctimas se les debía esta información, aunque se tarde meses en saber exactamente qué pasó. Pero no estamos en el momento de las culpas, sino de entender.

Completado el informe con la información que han aportado el Ministerio de Transportes, Adif y Renfe, la hipótesis de los hechos más plausible se puede resumir en que en ese tramo de vía se apreciaba una pequeña muesca en las horas previas al accidente. No hizo saltar ninguna alarma. La vía se rompió, quizá por esa muesca, al paso de un tren Iryo y descarrilaron tres vagones. La fatalidad quiso que un tren Alvia pasara por la otra vía en ese instante y los embistiera. Ni siquiera el centro de control de Renfe comprendió en los primeros minutos lo que había pasado.

Que una semana después no esté claro lo que ocurrió en un sistema tan monitorizado da una idea de lo fortuito y novedoso del accidente. La pregunta fundamental que se hacen los ciudadanos sigue siendo: ¿cómo es posible? La misma pregunta que se hicieron el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, y el presidente del Gobierno, en un tono calificado erróneamente de tregua política. Feijóo fue duro en su exigencia de explicaciones, pero lo hizo desde la contención formal y el respeto a las personas. Quien convierte algo así en noticia es la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, con barbaridades de tertulia que no merece la pena reproducir.

Esas opiniones apresuradas tratan irresponsablemente de crear la sensación de que la alta velocidad es insegura. La alta velocidad transporta 40 millones de pasajeros al año. Con la entrada de competencia en la red y la multiplicación de frecuencias ha perdido el lustre elitista que tuvo en el pasado, pero la percepción de deterioro de la atención al usuario no se puede extender a cuestionar la seguridad. No sucede en la aviación, mucho menos en un medio más seguro. A las preguntas del público, sin embargo, hay que responder con humildad. Estos días, cualquier incidencia que para un técnico ferroviario es rutina, será motivo de preocupación. El Gobierno tendrá que lidiar con esta presión.

Sí existen cuestiones legítimas sobre si, en el largo plazo, España ha hecho la inversión necesaria para mantener la alta velocidad. Sirva como advertencia la escandalosa situación de Rodalies, el servicio de cercanías de Cataluña, paralizado aún tras otro trágico accidente el pasado martes. Rodalies es un ejemplo de cómo disputas políticas y laborales, la dejadez institucional y, en general, dar por hecho que las cosas funcionan solas y que la paciencia del usuario es infinita, pueden degradar un servicio hasta dejarlo inutilizable. Este domingo sigue sin funcionar y el lunes, no se sabe. Costará años recuperar la calidad en el servicio y la confianza de los ciudadanos que dependen de él.

Es posible que, cuando los informes técnicos sean capaces de describir con detalle lo que ocurrió en Adamuz, descubramos que nadie en concreto hizo nada mal, que todo se hizo de acuerdo con los manuales. Entonces habrá que cambiar los manuales. El accidente de Adamuz debe ser un parteaguas en la historia de la alta velocidad española. Las conclusiones de esta tragedia deben servir para invertir lo que sea necesario en mantener esta apuesta de país que ha unido a todos los gobiernos de las últimas tres décadas y que tanto ha contribuido al éxito económico del país. El tren es el presente y el futuro de la movilidad en España. Hay margen para que siga sustituyendo más rutas de avión y más viajes por carretera. Sigue siendo el medio de transporte más seguro, eficiente y sostenible. Pero lo que no se cuida, acaba como Rodalies.

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