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editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Altura de miras

Sánchez y Feijóo tienen la oportunidad y la responsabilidad de rebajar el clima político cuando hablan de los desafíos de Europa

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, abrirá el lunes con el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, la ronda de contactos con los grupos parlamentarios, salvo Vox, que anunció la semana pasada para buscar su apoyo a la participación de España en una fuerza militar multinacional que se desplegaría en Ucrania tras un eventual acuerdo de paz con Rusia. La cita llega en un momento de feroz enfrentamiento político entre ambos. Precisamente por ello hay que reclamar altura de miras institucional cuando Europa, y con ella España, afrontan una transformación radical del contexto internacional de seguridad y alianzas que ha regido durante décadas.

La política española no puede ser ajena a la ruptura de los consensos de los que disfrutaba nuestro país, como miembro de la UE y la OTAN, en el nuevo orden de amenazas imperialistas por parte de Donald Trump y Vladímir Putin. Los españoles necesitan que se haga expreso un amplio consenso nacional de mínimos irrenunciables en política exterior y de seguridad, en coordinación con los socios europeos. El lodazal partidista ha hecho imposible el debate constructivo incluso con una guerra a las puertas de la UE. No es el momento de buscar culpables, y las dos partes tendrán motivos para la queja y la crítica, pero de los dos principales partidos se espera al menos un diagnóstico compartido sobre una coyuntura histórica que está marcando ya la vida de los ciudadanos y que lo va a seguir haciendo durante largo tiempo.

Sánchez y Feijóo llevan 10 meses sin reunirse. Su anterior cita en La Moncloa se centró también en la política de seguridad, en concreto, el aumento de gasto en defensa comprometido con la OTAN. Los dos líderes comparten esa necesidad, pero aquella reunión apenas sirvió para ratificar sus discrepancias. El Gobierno no ha llevado al Congreso, como exigen los buenos usos democráticos, ese aumento de gasto. La inestabilidad parlamentaria no es excusa para escamotear a los ciudadanos ese debate.

En este caso, el envío de tropas al extranjero debería ser autorizado con carácter previo por el Congreso, según establece la Ley Orgánica de la Defensa Nacional. España ha mostrado en todo momento su inequívoco apoyo a Ucrania tras la invasión rusa, por lo que resulta absolutamente lógico que colabore en el mantenimiento de la paz. Correligionarios europeos de Feijóo ya han dejado clara su apuesta por el despliegue de tropas de paz en Ucrania, lo que evidencia que las reticencias de la derecha española a la propuesta de la Coalición de Voluntarios obedecen más a cálculos de política interna.

Es legítimo que los partidos exijan información para dar su apoyo, y el Gobierno debe atender esa inquietud. Pero en el caso del PP también sería deseable que rebajara el tono catastrofista y no utilice frívolamente un asunto que requiere una nítida posición de país. Responder a la convocatoria de Sánchez hablando de “la corrupción masiva” socialista o “los vínculos con la dictadura” venezolana embarra del peor partidismo los desafíos estratégicos que tiene ante sí Europa, y seguramente no gana un solo voto.

De la reunión del lunes no saldrá un consenso completo sobre la política exterior, cuyo marco de debate no puede ser otro que las Cortes y que, legítimamente, dirige el Gobierno. Pero el diálogo es la mejor herramienta contra la demagogia. El Gobierno y el PP pueden contribuir a la confianza si señalan en esa reunión a los ciudadanos sus puntos de acuerdo, que en materia de seguridad estratégica son muchos.

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