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Cartas a la Directora
Opinión de un lector sobre una información publicada por el diario o un hecho noticioso. Dirigidas al director del diario y seleccionadas y editadas por el equipo de opinión

Excesiva publicidad

Los lectores escriben sobre la desmesurada cantidad de anuncios que reciben los ciudadanos, el sufrimiento de las personas mayores en las guerras, el lenguaje inclusivo y sobre el envejecimiento poblacional

Gente caminando alrededor de Times Square, en Nueva York, (Estados Unidos).
Gente caminando alrededor de Times Square, en Nueva York, (Estados Unidos).SARAH YENESEL (EFE)

Viajo en un autobús cuyo exterior está literalmente envuelto en publicidad. Bajo al metro y camino por pasillos empapelados del anuncio de una marca, además de los que ya hay en los andenes. Paseo por las calles y no hay un punto donde mire que esté libre de una invitación a comprar o consumir cientos de cosas. En la cafetería, rodeado de pantallas, no me libro de encontrarme un sinfín de anuncios. Intento ver una película en la televisión, pero la constante interrupción publicitaria me hace desistir. Suena el teléfono y es la enésima llamada ofreciéndome otra vez cosas que no quiero ni necesito. Desesperado, voy a la cama y me despierto sobresaltado porque en mi sueño se ha colado una tanda de anuncios que lo convierten en pesadilla. ¿Es realmente necesaria tanta y tan agobiante publicidad que amarga la ya de por sí alterada vida de los ciudadanos?

Pedro Catalán García. Madrid

Corazón de piedra

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En las guerras, junto a los niños, las personas mayores son las más vulnerables. Algunas se dejan conducir, mansamente, a territorio seguro. Otras, enfermas o de edad avanzada, no tienen otra opción que quedarse, bajo el riesgo continuo de los ataques enemigos. Pero también están las que no quieren renunciar a su hogar, y que reaccionan con rabia ante el invasor que les arrebata sus derechos. Esa sensación de desamparo, de inseguridad y de miedo amarga la última etapa de una vida que probablemente tampoco habrá sido fácil. Solo una persona que tenga una piedra por corazón puede provocar tanta barbarie, tanto dolor.

Carmen Sanz García. Valderrobles (Teruel)

Lenguaje inclusivo

Un tema que despierta uno de los debates más calientes de los últimos tiempos es el lenguaje inclusivo. Lo que más me molesta de este asunto es cómo se intenta desmontar mediante argumentos simples, como que rompe con la economía del lenguaje. Creo que la inclusión en la lengua, sin embargo, ayuda a evitar uno de los principios más importantes: la no ambigüedad en el mensaje. Porque luego leemos algo parecido a “los médicos y el personal de enfermería” y surgen las dudas: ¿los médicos de los que se habla son solo hombres o también mujeres? ¿Y el personal de enfermería? Esa es la ambigüedad del masculino genérico que a nadie parece importar.

Lucía Zamanillo. Getxo (Bizkaia)

‘Abuelidad’ deseada

En mi grupo de amigos, todos superando los 60 años, no hay ninguno que tenga que ejercer de abuelidad. Esto es porque muchos de nuestros hijos han desistido de tener hijos por las razones que han considerado oportunas. No adquirir ese rango de abuelidad supone para los mayores más libertad en nuestra jubilación, pues no tenemos que estar pendientes del cuidado de los nietos. Sin embargo, pensándolo bien, quiero tener la sensación de acunar, cuidar y cambiar pañales como hice con mis hijos cuando eran pequeños, siendo una forma de volver a intentar ser joven aun con los achaques correspondientes a mi edad.

José Ramón Iribar Argote. Donostia (Guipuzkoa)

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