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Tribuna
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China pinta de verde la nueva Ruta de la Seda

Pekín afronta la próxima década de su proyecto de expansión geoestratégica dando prioridad a la transición energética y digital en detrimento de las infraestructuras

La muralla de Xian, ciudad situada en el centro de China y donde comenzaba la Ruta de la Seda.
La muralla de Xian, ciudad situada en el centro de China y donde comenzaba la Ruta de la Seda.Mariusz Kluzniak (getty images)

La nueva Ruta de la Seda afronta la próxima década apostando por las mismas líneas estratégicas que concibieron la iniciativa, aunque la experiencia de estos diez años, y la diplomacia ya desplegada, guiarán la priorización de proyectos y regiones en esta nueva etapa que comienza. Habrá desarrollo de infraestructuras, pero de menor envergadura, aunque el principal foco de interés seguirá siendo expandir y fortalecer entornos de cooperación geopolíticos, atrayendo a los países del Sur Global hacia las múltiples dimensiones que componen la iniciativa.

La lista de asistentes al tercer Foro de la Ruta de la Seda, celebrado el mes pasado, permite esbozar la relación de países que seguirán jugando un papel destacado en la configuración de alianzas, reflejo de cómo la diplomacia del gasto en infraestructuras ha asentado un modelo de relación de múltiples dimensiones. La intensificación de la relación comercial es una de las principales palancas de transformación, desplazando en muchos casos a Estados Unidos como principal socio comercial. Es el caso de los países del África Subsahariana en los últimos diez años.

La componente digital es otra de las dimensiones, siguiendo los estándares chinos en tecnología 5G y energías renovables el mismo esquema de despliegue que la nueva Ruta de la Seda, configurándose la transición digital y energética como los nuevos focos de interés en detrimento de las infraestructuras. Asimismo, acuerdos de asociación estratégica integral, como el firmado con las Islas Salomón el pasado julio, que ampliaba el ámbito del acuerdo de seguridad y defensa suscrito apenas un año antes, podrían ampliarse en esta nueva etapa como otra palanca de gran impacto geopolítico.

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Diez años han permitido a China extender la nueva Ruta de la Seda por 149 países, el 75% de los países del mundo. Y aunque la asistencia al tercer foro haya sido menor, 23 jefes de Estado respecto a los 29 y 37 del primer y segundo encuentro, respectivamente, principalmente porque la asistencia de Putin ha reducido la presencia comunitaria a solamente el presidente de Hungría, la iniciativa no pierde intensidad. Después de Asia, Europa y América Latina, es el Sur Global y, más concretamente, Oriente Próximo la región que acapara el interés de la agenda estratégica.

De aquí que proyectos de construcción de gaseoductos, de energías renovables y de tecnología de última generación situaran a Arabia Saudí como el segundo mayor receptor de inversión bajo el paraguas de la iniciativa china durante 2022, solamente por detrás de la planta de baterías de CATL en Hungría, la mayor de Europa. Asimismo, el restablecimiento de relaciones entre Irán y Arabia Saudí, bajo la mediación de China, muestra las diferentes dimensiones de una iniciativa con la que el gigante asiático ha invertido un billón de dólares en más de 3.000 proyectos en la última década. En este mismo período, el Grupo del Banco Mundial aprobó el financiamiento de 800.000 millones de dólares.

El foco en proyectos más pequeños y verdes permitirá a China limitar la exposición de la iniciativa a las dificultades mostradas por ciertos países en devolver la deuda, alejándose incluso del impacto de las trampas de deuda presente en estos diez años. El peso de una lenta recuperación económica global afecta al nivel de deuda entre muchos países, lo que ha llevado a la iniciativa a renegociar o cancelar préstamos por valor de 76.800 millones de dólares entre 2020 y 2022, según Rhodium Group, muy superior a los 17.000 millones de dólares gestionados durante los tres años anteriores sin efecto de la pandemia.

Por eso, compaginar la recuperación de la economía china y el impulso de la nueva Ruta de la Seda repercute en los niveles de financiación de la iniciativa, que contará con 47.900 millones de dólares proporcionados por el Banco de Desarrollo de China y el Banco de Exportación e Importación de China, además del apoyo de 11.000 millones de dólares del Fondo de la Ruta de la Seda, que generará un nivel de financiación bastante menor a los 85.000 millones de dólares de los primeros años.

El cambio de prioridades hacia una inversión más verde, más tecnológica, más selectiva y de menor coste seguirá aumentando el nivel de comercio entre los socios, que ya genera 2,9 billones de dólares y representa el 45% del comercio exterior de China. Diplomacia del gasto que sirve, en definitiva, de palanca para desplegar influencia global mientras los socios de la iniciativa hacen prevalecer los desarrollos que impulsan sus economías frente a las deudas adquiridas.

Siendo máximo el interés de varios países por el desarrollo de infraestructuras básicas, la adopción de energías verdes y la conexión digital, ni la iniciativa estadounidense Build Back Better lanzada desde el G-7 ni la estrategia europea Global Gateway han conseguido posicionarse como competencia a la iniciativa china, mientras el recién anunciado Corredor Económico India-Oriente Próximo-Europa es víctima del conflicto entre Israel y Gaza. China, por su parte, afronta la próxima década de la iniciativa desde una sólida base de conexiones terrestres, digitales, económicas, pero, sobre todo, geoestratégicas.

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