editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Asfixia indígena en Ecuador

El aumento del coste de la vida y la profundización de fuertes desigualdades provocan varios días de manifestaciones contra el Gobierno de Lasso

Indígenas y manifestantes que forman parte de las protestas contra el Gobierno del presidente Guillermo Lasso, a su llegada a Quito el lunes.
Indígenas y manifestantes que forman parte de las protestas contra el Gobierno del presidente Guillermo Lasso, a su llegada a Quito el lunes.José Jácome (EFE)

En la memoria reciente de las movilizaciones sociales, Ecuador es el país donde en 2019 prendió la llama de una protesta contra el entonces presidente, Lenín Moreno, que se extendió por toda América Latina. Hoy Ecuador vuelve a vivir escenas de máxima tensión, con violencia callejera y enfrentamientos directos de policía y manifestantes. Las marchas indígenas que desde hace más de una semana sacuden el país han llevado al presidente, Guillermo Lasso, a establecer el estado de excepción primero en tres provincias y desde el lunes en otras seis más para contener los bloqueos de carreteras. El efecto ha sido el contrario al que buscaba mientras trata de llegar a una negociación con las agrupaciones indígenas que se dirigen a Quito o han llegado ya a la capital.

La Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie) protesta por la carestía económica y presiona al Gobierno de Lasso para que tome medidas que alivien los altos precios de alimentos y combustibles que han empobrecido a las capas ya de por sí más pobres de Ecuador. La respuesta del Ejecutivo fue, en un primer momento, contradictoria. Por un lado ofrecía medidas inconcretas de aproximación de posiciones a la par que endurecía la represión mediante el estado de excepción y el toque de queda. Este lunes fue más preciso con sus propuestas en una carta pública, que contempla ayudas para lidiar con los precios, el desempleo y las deudas.

Como suele ocurrir, particularmente en Ecuador, los manifestantes tienen gran parte de razón pero la exasperación no puede conducir a desatar la violencia y paralizar prácticamente el país desde hace más de una semana. Lasso no solo enfrenta unas manifestaciones por malestar social. Hay detrás un clima de agitación promovido por el brazo político de los indígenas, pero sobre todo por partidarios en la sombra de Rafael Correa. Esa es la parte más complicada de gestionar para el Gobierno, que no quiere que ganen espacio sus rivales políticos, pero al mismo tiempo debe atender las demandas sociales no solo de los indígenas, sino de toda la población.

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Las protestas culminan meses de una gestión insípida por parte de Lasso. No se ha desarrollado ninguna reforma de calado, pese a haber aumentado el subsidio social o subvencionar el fertilizante más común en el país. La inseguridad es creciente y también el enfado de la población por la escalada de los precios del petróleo en un país productor. “Democracia o caos” ha sido el lema de Lasso pero las protestas tienen fundamento. El escenario que hoy vive Ecuador es una dura llamada de atención a todos los gobiernos de la región ante un aumento del coste de la vida y la profundización de fuertes desigualdades. La negociación que reclaman tanto Naciones Unidas como la UE es la única vía de salida para no agravar el conflicto y terminar con una violencia que ha causado ya un muerto y decenas de heridos.


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