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Columna
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Filosofía

Puede que el cálculo integral o las gloriosas batallas del pasado sean aprendizajes necesarios, pero lo realmente decisivo es saber qué pinta uno en este planeta

Clase de Filosofía en un instituto madrileño.
Clase de Filosofía en un instituto madrileño.SAMUEL SÁNCHEZ
Manuel Vicent

En la enseñanza existen cuestiones previas a las Matemáticas, a la Ciencia, a la Historia y a la Geografía, que cualquier persona se plantea de forma inconsciente. Puede que el cálculo integral o las gloriosas batallas que hubo en el pasado o los maravillosos ríos y las cordilleras que existen en la Tierra o las leyes que gobiernan el universo sean aprendizajes necesarios, pero lo realmente interesante y decisivo es saber qué pinta uno en este planeta. El primer terror que acoge a un niño apenas alcanza el uso de razón se produce cuando intuye que sus padres pueden un día dejar de existir. La primera desazón que se genera en un adolescente se debe al descubrimiento de que para vivir hay que matar, puesto que la vida se funda en la muerte y ante semejante absurdo se pregunta qué significa estar vivo. ¿Cómo se va a suprimir la Filosofía en la enseñanza si uno la lleva en el interior del cerebro desde que nace? En el fondo, la filosofía se reduce solo a esta pregunta que un alumno formuló a su maestro. Puesto que Albert Camus había escrito que el único problema filosófico realmente serio era el suicidio, el alumno quería saber algunas razones por las que estaba obligado a seguir viviendo. El maestro lleno de dudas acertó a decirle que la vida era un juego al que había sido invitado por el azar que consistía en que el Sol salía todos los días, que el viento llevaba de un lugar a otro las semillas, que los árboles y las plantas crecían y en medio de la gloria de las flores los insectos bullían y los pájaros cantaban y el mar echaba los dados de este juego con cada oleaje, de modo que el tiempo se iba y volvía. El maestro dijo a su alumno que los animales morían sin hacerse preguntas y si él tenía algún motivo para seguir existiendo era porque podía preguntarse por qué existía y solo por eso le iba a poner un sobresaliente en Filosofía.

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Sobre la firma

Manuel Vicent
Escritor y periodista. Ganador, entre otros, de los premios de novela Alfaguara y Nadal. Como periodista empezó en el diario 'Madrid' y las revistas 'Hermano Lobo' y 'Triunfo'. Se incorporó a EL PAÍS como cronista parlamentario. Desde entonces ha publicado artículos, crónicas de viajes, reportajes y daguerrotipos de diferentes personalidades.

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