Columna
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El estilo del diablo

Los lingüistas desenmascaran al líder de QAnon solo por su forma de escribir

Simpatizantes de Donald Trump durante el asalto al Capitolio de Estados Unidos.
Simpatizantes de Donald Trump durante el asalto al Capitolio de Estados Unidos.LEV RADIN / ZUMA PRESS / CONTACT

Habréis oído hablar de QAnon, una teoría de la conspiración obsesionada con el diablo. En 2020, se convirtió en un nodo principal de la falsedad y anegó las redes sociales de desinformación sobre la pandemia, bulos racistas contra el movimiento Black Lives Matter (Las Vidas de los Negros Importan) y tóxicos diseñados para reventar las elecciones presidenciales que, pese al tragicómico asalto al Capitolio por el individuo bicorne y sus huestes, llevaron a Joe Biden a la Casa Blanca en enero de 2021. “Abre los ojos”, decía unos años antes su primer mensaje; “muchos en nuestro Gobierno adoran a Satán”. Sus catequistas sostienen que los “satanistas liberales” (se ve que hay otros autoritarios) trafican con niños desde una pizzería de Washington, en lo que ha dado en llamarse el Pizzagate. La gran mayoría de estos mensajes iban firmados “Q”. ¿Quién es Q?

Un genetista puede predecir un montón de cosas sin más que leer tu genoma: si eres planta o animal, si artrópodo o mamífero, si un roedor o un primate, o si eres un humano, y entonces cuál es tu origen geográfico o étnico, tu propensión a las enfermedades y algunas de tus tendencias psicológicas. Algún día será posible deducir tu cara a partir de tu texto genético. Pero identificarte por tu estilo de escritura parece quedar fuera del alcance de esta ciencia.

Dos equipos independientes de lingüistas forenses creen haber identificado a Q, informa The New York Times. Las especulaciones sobre su identidad son copiosas. Tal vez se trate de Paul Furber, un desarrollador de software y periodista de tecnología sudafricano. O quizá de Ron Watkins, un político republicano que ahora se presenta al Congreso por Arizona. Un par de encuestas indican que millones de estadounidenses creen que Q es un militar de alto rango que ha descubierto que el anterior presidente, Donald Trump, libró una batalla contra los demócratas pedófilos para salvar el mundo. Los lingüistas forenses han despejado esas brumas con las primeras pruebas empíricas. El periodista Furber escribe igual que Q. Luego es Q, por más que él lo niegue.

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Los lingüistas siempre han contado con recursos para analizar la sintaxis, el vocabulario y el estilo de un texto en comparación con otro. Recordemos Pigmalión, la obra teatral de Bernard Shaw, o su adaptación al cine My Fair Lady, donde el profesor Henry Higgins puede deducir de qué barrio de Londres viene un personaje, o si estuvo en la India en la década anterior, con solo oírle hablar y para pasmo de los transeúntes. La lingüística actual utiliza las últimas técnicas de aprendizaje automático (machine learning), una serie de algoritmos que aprenden de la experiencia, para identificar patrones muy sutiles en la escritura de un individuo, tan sutiles que ni el profesor Higgins podría captarlos con la sola ayuda de su prodigioso cerebro. Uno de los nuevos estudios es de la start-up suiza OrphAnalytics, y el otro de los lingüistas computacionales franceses Florian Cafiero y Jean-Baptiste Camps. La fiabilidad de sus técnicas supera el 90%, y a veces llega al 99%.

Tus genes definen tu cara, y tu forma de escribir delata tu identidad. El anonimato empieza a ser un mito.

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