Editorial
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Alerta en la educación infantil

Es necesario un esfuerzo público para revertir la caída en la matriculación

Varios niños con mascarilla en una clase de educación infantil de un colegio de Santiago de Compostela.
Varios niños con mascarilla en una clase de educación infantil de un colegio de Santiago de Compostela.Óscar Corral

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El último informe estadístico del Ministerio de Educación pone de manifiesto el descalabro que ha sufrido el primer ciclo de educación infantil. La etapa que abarca a los niños de cero a tres años ha perdido este curso más de 70.000 alumnos como consecuencia de la pandemia. La bajada de la natalidad ha influido. Pero si en septiembre la previsión del Ministerio de Educación era que el ciclo perdiera 4.419 alumnos (un 0,9%), el descenso ha sido finalmente de 79.333 (el 16,9%), según el informe de avance, cuyos datos todavía no son definitivos. Las causas de la caída residen, según los miembros de la comunidad educativa y los expertos, en el miedo de los padres a que sus hijos contrajeran el virus y a las consecuencias económicas de la pandemia. El hecho de que muchos progenitores hayan perdido el empleo ha sido un factor determinante. Por un lado, porque en tales circunstancias muchos han preferido ocuparse personalmente de sus hijos. Y por otro, porque les ha resultado más difícil sufragar una etapa educativa que en muchos casos sigue siendo de pago. Los centros infantiles privados han perdido un 19,8% de alumnado, mientras que el descenso en los de titularidad pública ha sido del 14,2%. La tasa de escolarización de la etapa ha retrocedido por primera vez desde principios de los años noventa, cuando empezó a registrarse, pasando del 41,1% al 36%.

La matrícula también se ha reducido, en menor grado, en el segundo ciclo de infantil, al que asisten los niños de tres a seis años. Si se compara con la previsión oficial de septiembre, el exceso de caída se eleva a 24.000 alumnos. En esta etapa la asistencia no es obligatoria, pero las Administraciones están obligadas a garantizar una oferta universal gratuita, por lo que el descenso parece responder exclusivamente al miedo de los padres a la infección de sus hijos. La tasa de escolarización ha descendido aquí del 97,2% al 96%, la más baja desde el año 2000.

La caída de la matriculación debe ser motivo de alarma. Existen desde hace tiempo evidencias de que ir a la escuela en los primeros años de vida es una de las formas más eficaces y eficientes de compensar desigualdades socioeconómicas de partida. El aumento de años de escolarización temprana se traduce en mejores resultados a lo largo de la vida académica, un efecto que resulta mayor cuanto menor es el nivel socioeconómico de la familia a la que pertenece el niño. Algo particularmente importante en un país como España, que no destaca por sus resultados en las pruebas de evaluación internacionales ni por el éxito de su sistema educativo a la hora de corregir la desigualdad de origen de los alumnos.

Cerca de 100.000 niños que en circunstancias normales habrían ido a la escuela infantil no lo han hecho este curso. Y una parte de ellos se perderá previsiblemente también el próximo, a la vista de la situación sanitaria y económica. El Gobierno tenía previsto crear 65.000 nuevas plazas públicas entre este año y 2023. El nuevo escenario debería llevarle, en la medida de lo posible, a reforzar su programa y a acelerar la creación de puestos gratuitos, así como a seguir incidiendo en que las escuelas han demostrado ser espacios seguros.

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