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Salir del desastre

El presidente Sánchez ha captado una oportunidad para devolver el conflicto catalán a la política y el aspirante Casado pretende convertirla en su gran oportunidad para conquistar el poder

El líder popular, Pablo Casado, interpela al Gobierno, durante una nueva sesión de control al Gobierno, el pasado miércoles en el Congreso de los Diputados.
El líder popular, Pablo Casado, interpela al Gobierno, durante una nueva sesión de control al Gobierno, el pasado miércoles en el Congreso de los Diputados.Emilio Naranjo / EFE

Dicen que el arte de la política está en captar las oportunidades. ¿Para qué? Para resolver un problema o para conquistar el poder. Generalmente, gana el que sabe combinar los dos planos. Por eso, es reconocido, aunque no siempre premiado, el que es capaz de arriesgar intentando abrir vías para la resolución de un conflicto. El presidente Sánchez ha captado una oportunidad para devolver poco a poco el conflicto catalán a la política. Y el aspirante Casado pretende convertirla en su gran oportunidad para conquistar el poder, sin reparar en gastos.

Aunque de sus palabras sólo se ha retenido que ahora mismo no daría el indulto, Felipe González ha dicho también “que se había de haber hecho política antes de llegar a los jueces” y que “esta politización de la justicia es un desastre”. Salir de este desastre es precisamente lo que quiere intentar Pedro Sánchez, mientras Casado sigue, erre que erre, imitando el camino que siguió Rajoy para consumarlo. Fue el expresidente quien lanzó la campaña contra el Estatut para debilitar a Rodríguez Zapatero y quien tuvo cinco años, de 2012 a 2017, para encarrilar el conflicto políticamente, optó por la desidia y acabó subrogándolo a la justicia.

Los tópicos condicionan la mirada y no es fácil entender desde fuera lo que pasa en Cataluña. Varios comentaristas se sorprenden de que las encuestas digan que más del 60 % de los catalanes están por el indulto. Y entre ellos muchos votantes socialistas. Por esa razón, el PSC ha capitalizado el hundimiento de Ciudadanos. Y la derecha se ha hecho casi residual. La sociedad catalana vive un momento peculiar: el apoyo al independentismo se mantiene y le permite seguir ganando elecciones y colocarse en el 52% el 14-F (a pesar de haber perdido más de 600.000 votos respecto a las anteriores elecciones), pero a su vez la fatiga acumulada, por la combinación entre la resaca de octubre de 2017 y la pandemia, pesa. Y gran parte de la ciudadanía, incluyendo amplios sectores del independentismo, quiere entrar en una fase nueva basada en el reconocimiento mutuo, la negociación y los acuerdos. Que las instituciones funcionen y que vuelva la ambición a la vida económica y social. Lo cual abre fisuras en el seno del independentismo, donde Esquerra y una parte de JuntsxCat apuestan por un efectivo gobierno de las cosas. Mientras, otros sectores siguen soñando con el embate, aunque se le haya dado una prórroga de dos años. Esta es la coyuntura que Sánchez quiere aprovechar.

Evidentemente si hubiera acuerdo en la estrategia con el primer partido de la oposición sería más fácil. Pero Casado sólo mira al poder sin querer ver que su posición da gasolina al unilateralismo y pone en evidencia su exaltación de la unidad de España. Muy precaria debe ser esta si para reafirmarla hay que convertir en enemigo y fuente de la exaltación patriótica a una parte de ella.


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