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Paternidad
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Los bebés son grandes estudiantes de Física (aunque no lo sepan)

Las criaturas viven en un mundo muy pequeño, de unos metros de radio, pero enorme en su contenido: ahí dentro están las leyes de la naturaleza que a la humanidad le ha costado miles de años entender

Un bebé juega en su cuna.
Un bebé juega en su cuna.Guido Mieth (Getty Images)
Sergio C. Fanjul

Candela (nueve meses) es una gran estudiante de Física. Le gusta tirar las cosas al suelo y mirar cómo caen, cuánto tardan en hacerlo, en qué dirección. Le gusta tocar objetos con diferentes texturas. Le gusta tratar de ponerse a cuatro patas y estimar su propio peso. Está muy atenta a los diferentes colores, a las vibraciones de la luz al pasar a través de las hojas de los árboles (ese efecto que los japoneses llaman komorebi), a los movimientos que hace el agua antes de caer por el desagüe o cuando ella golpea alegremente su superficie, generando olas y gotas que saltan en todas direcciones. El mundo le debe parecer un lugar muy extraño, porque lo es, pero es que los adultos ya nos hemos acostumbrado. Se descojona, la tía.

Candela vive en un mundo muy pequeño, de unos metros de radio, pero enorme en su contenido: ahí dentro están las leyes de la naturaleza que a la humanidad le ha costado miles de años entender, y que todavía no entiende del todo. Su cerebro va haciendo suyas las leyes de Newton de la Mecánica, los principios de la Termodinámica, las complicadas ecuaciones diferenciales de la Dinámica de Fluidos, aunque no les ponga nombre. Simplemente las entiende.

Llamamos, despreocupadamente, jugar a lo que hace Candela, pero el juego de los bebés no es comparable al juego de la chavala que juega al fútbol, al del señor que juega al póquer, al del gamer que juega al Grand Theft Auto V, al losing game que decía Amy Winehouse que es el amor. El juego de los niños se parece más a un laboratorio y, más que por diversión o por dinero, se juega para adquirir conocimiento de primera mano sobre el mundo.

Hace tiempo (tampoco tanto) que Candela descubrió que la vida no era una película que tenía que limitarse a presenciar, sino un juego con el que podía interactuar, así que replicó el comportamiento de los primeros seres humanos que empezaron a manipular objetos y crear herramientas, el de los primeros magos que trataron de influir en el mundo natural, el de los primeros científicos que trataron de comprender el funcionamiento de las cosas. Candela emite hipótesis y experimenta para confirmarlas. Está haciendo cosas históricas a su propia escala.

Lo que aprende ahora es lo que dentro de un tiempo considerará intuitivo. Que las cosas se caen hacia abajo, que el cielo es azul, que al frenar sientes la inercia. Luego en el colegio le volverán a enseñar la Física otra vez, pero poniéndole nombres y matemáticas, como recuperando un conocimiento atávico enterrado en su cerebro, una especie de anamnesis platónica. Las cosas que no aprenda ahora son las que no considerará intuitivas sino extrañas, como que un electrón esté en varios lugares a la vez. Por eso hay que tener mucho cuidado con lo que le enseñamos a las guajinas, pero no solo en la Física, sino en todos los aspectos: son el sentido común del futuro.

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Sobre la firma

Sergio C. Fanjul
Sergio C. Fanjul (Oviedo, 1980) es licenciado en Astrofísica y Máster en Periodismo. Tiene varios libros publicados y premios como el Paco Rabal de Periodismo Cultural o el Pablo García Baena de Poesía. Es profesor de escritura, guionista de TV, radiofonista en Poesía o Barbarie y performer poético. Desde 2009 firma columnas y artículos en El País.

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