El renovado All Star de la NBA recupera la competitividad y corona al equipo del MVP Anthony Edwards: Estados Unidos se impone al Mundo
El formato de varios ‘partidillos’ de las estrellas con involuntario guiño geopolítico resulta convincente después de varios años de esfuerzo nulo en la cita


Cuando la NBA diseñó el nuevo formato del partido de las estrellas, cuatro partidillos de 12 minutos para decidir a los ganadores del All Star, jamás pensó que lograría reavivar de esta guisa la llama de la competitividad en la gran fiesta del baloncesto estadounidense. Algo del involuntario guiño geopolítico con su Estados Unidos contra el Mundo como titular del evento, acuñado antes del inicio de los desvaríos de Donald Trump desde la Casa Blanca, pareció calar entre los grandes protagonistas. Los anfitriones, que contaban con dos grupos, se impusieron al único equipo de talentos internacionales en la liga, y la victoria fue para el equipo Estrellas, comandado por el irreverente Anthony Edwards, escolta de 24 años de los Minnesota Timberwolves y por primera vez MVP del… ¿partido de las estrellas?
La gran final fue quizás el peor de los cuatro encuentros de 12 minutos disputados a lo largo de la velada. Un parcial de 12-1 para empezar lo selló para los jóvenes y orgullosos estadounidenses, que superaron finalmente por 47-21 a los veteranos del equipo Barras, cargados de títulos y oros olímpicos de la mano de LeBron James, Kevin Durant y Stephen Curry, que no pudo participar en la acción por culpa de una lesión. Edwards, en sus tres partidos del día, acumuló 32 puntos, nueve rebotes y tres asistencias. Pudo además desplegar su chulesca y jordanesca actitud dentro y fuera de la pista: “Cuando me defienden los mejores, siempre quiero machacarles”.
ANT: 2026 @Kia ALL-STAR MVP!
— NBA (@NBA) February 16, 2026
He receives the Kobe Bryant Trophy 🏆 pic.twitter.com/eHypNna1DN
El grupo vencedor empezó ganando al equipo Mundo en el primer encuentro (37-35), que llegó a la prórroga al mejor de cinco gracias a un triple del propio Edwards, autor de 13 tantos en su primer bocado de la noche. El jugador de los Wolves fastidió la fiesta del francés Victor Wembanyama, que se esforzó para marcar el tono con 14 puntos, seis rebotes y tres tapones en 10 minutos y se fue enfadado por la derrota al túnel de vestuarios. Imágenes inéditas en la última década de All Stars.
El chaval de los San Antonio Spurs, aunque perdió sus dos mini-partidos, logró su cometido sin la guinda de la victoria: el partido de las estrellas volvió a lucir como en el pasado y los astros compitieron sin reparo alguno. “Si uno comparte su energía, los demás sienten la responsabilidad de devolverte la suya”, había dicho el galo de 22 años. “Hay que reconocérselo. Y no voy a mentir. Hemos seguido la intensidad de Wemby, él ha venido a jugar y el resto le hemos seguido y nos hemos puesto a la altura para ganar”, resumía Edwards, muy satisfecho por llevarse el trofeo de MVP a casa.
El segundo choque de la noche, también entre los estadounidenses, fue para el equipo Barras liderado por LeBron (42-40). Tampoco decepcionó. El veterano alero de los Lakers pareció tomárselo muy en serio y hasta se jugó el físico a sus 41 años con un intento de mate en el que recibió falta. Hubo robos de balón, esprints para un lado y otro de la pista, acciones enterradas en las criticadas pachangas de los años anteriores. Edwards (11 tantos) volvió a brillar para los chavales, pero fue De’Aaron Fox con las leyendas experimentadas quien decidió ese primer careo con un triple sobre la bocina.
El tercer partido, clave para decidir a los finalistas del nuevo formato, demostró que el experimento caló hondo. De nuevo Wembanyama se empeñó en darlo todo sobre la pista, picando incluso a un veterano como Kevin Durant, 16 partidos de las estrellas a sus espaldas. Fue Kawhi Leonard, estrella de los anfitriones Clippers, quien se lució con una racha de 13 puntos consecutivos y 31 totales en 12 minutos para darle la vuelta a la tortilla y terminar de fastidiar al francés con la victoria del equipo Barras por 48-45. El desgaste de correr de verdad y defender en serio quedó de sobras demostrado en la falta de gasolina para el grupo más veterano de la cita.
En el invento del 75 aniversario del All Star no faltaron los toques patrióticos. La organización puso un vídeo del añorado Kobe Bryant hablando sobre la importancia de vestir la camiseta de Estados Unidos cuando todo el planeta mira. Alguno tomó nota desde el Intuit Dome de Inglewood, el flamante pabellón de Los Angeles Clippers, este domingo lleno a rebosar después de un sábado menos lucido. “Mucha gente estaba preocupada por el All Star y el esfuerzo que ponen los jugadores, pero hoy lo hemos visto en la pista. Cuando pones a un equipo internacional contra uno americano, hay algo que les hace competir a todos, y se nota que los más jóvenes quieren dejar su huella”, comentó el expresidente Barack Obama, que disfrutó de la velada a pie de pista.
Aunque en el pasado tuvieron algún enfrentamiento sonado, la NBA tuvo un guiño durante la ceremonia de los himnos con Trump y su America 250, la festividad que el presidente ha organizado con cierta grandilocuencia para celebrar el 250 aniversario del país este 2026. Mientras este domingo fue un digno paso en la dirección correcta para revivir un evento que llevaba años de capa caída, Adam Silver y la competición deberán ahora ponerse a pensar sobre el poco lustre de la jornada previa.
Los concursos del sábado en Los Ángeles volvieron a ser un fracaso notable: participantes desconocidos en el concurso de mates, otrora la joya de la corona, y un ganador, Keshad Johnson, que destacó más por sus bailes de celebración que por los vuelos acrobáticos. Este alero de 24 años, fondo de banquillo en los Miami Heat, apenas acumula 250 minutos de competición en sus dos temporadas en la NBA, un auténtico desconocido para la afición en todo el mundo. Tampoco el concurso de triples, ganado por tercera vez por el lesionado Damian Lillard –se visitó de corto para el ‘show’ y sin embargo no jugará ni un partido este curso para su equipo–, ni el de tiros por grupos resultaron convincentes por los 200 dólares que costaba la entrada más económica, un precio que dejó asientos vacíos en las gradas.
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