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Carta a mi hijo con discapacidad: la importancia del cariño

Me gustaría poder encontrar la fórmula para poder ofrecer afecto a granel, no solo para los niños que atiende tu psiquiatra, sino para todo el mundo, estoy convencido de que nos iría mucho mejor

'Alvarete' tiene 12 años y padece el síndrome de los genes contiguos.
'Alvarete' tiene 12 años y padece el síndrome de los genes contiguos.

Querido Alvarete:

El otro día hablando con tu psiquiatra, un tío estupendo, acerca de cómo podíamos ayudar desde la fundación a un colectivo de niños a los que él atiende, le planteábamos varias opciones, todas ellas implicaban conseguir un desembolso importante de dinero para poder comprarles temas materiales de diferente índole que creíamos que podían serles útiles. Nos daba mucha pena pensar en las carencias materiales que podían tener o, en caso de poseer dicho material, no ser de suficiente calidad; cosas que otros niños de esas mismas edades tienen varias de cada una y no les dan la suficiente importancia. El bueno del doctor nos dijo que todo eso estaba muy bien, pero que no entendíamos nada, que lo que realmente necesitaban esos niños era cariño.

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Sus palabras fueron como un jarro de agua fría por varios motivos: primero, porque cómo podíamos habernos olvidado de la necesidad más importante que tiene todo ser humano en esta vida, el sentirse querido, y segundo, porque siendo algo tan sencillo y que todo el mundo puede ofrecer, puesto que dar cariño no cuesta dinero, es la tarea más complicada de conseguir.

Le he dado muchas vueltas en la cabeza a esta conversación, indudablemente las fundaciones tenemos que conseguir recursos económicos, muchos, para poder ayudar y facilitar la vida de las personas a las que atendemos, pero deberíamos preguntarnos si realmente estamos siendo capaces de darles cariño y hacer que no se sientan solas. El objetivo no puede ser solamente facilitarles la vida, tiene que ser cambiársela, y eso es imposible si no se sienten queridas.

Las fundaciones deberían ser como padres para las personas a las que atienden. Un buen padre hace que te sientas querido incluso en la distancia y te da la tranquilidad de que, en caso de tener un problema, puedes acudir a él. Esta sensación de tranquilidad y cariño continúa mientras que los padres viven, incluso cuando ya son mayores y dependen ellos más de nosotros que viceversa.

Es cuando menos curioso lo que nos cuesta ser cariñosos con los demás, tendemos a cerrarnos en nuestro propio caparazón. Nos da miedo salir y mostrarnos tal y como somos, ya que confundimos nuestra humanidad con debilidad. Y digo que es curioso porque a todos nos gusta que la gente sea cariñosa con nosotros, pero, sin embargo, nos cuesta muchísimo ser cariñosos con los demás.

Tú, en cambio, no tienes este problema, te muestras tal y como eres, si ves a alguien llorando lo abrazas, si estás contento lo exteriorizas pegando saltos y haciendo ruidos de alegría. Para la sociedad eres un “loco” por actuar sin tapujos, pero quizás es la sociedad la que está “loca” por retener sus sentimientos.

¿Realmente nos costaría tanto “perder” un ratito cada día por los demás? Una llamada, un café, un WhatsApp… a las personas que tenemos cerca y que por diversas circunstancias lo están pasando mal... Esto no debería ser tan difícil de hacer. Conseguiríamos un poderoso objetivo, que estas personas se sientan queridas y te aseguro, por experiencia propia, que cuando alguien se sabe querido, se siente invencible, es como tomar dos chupitos de la poción de Panoramix.

Cuando te pusiste malo por primera vez algunos de mis amigos desaparecieron, principalmente por mi culpa, ya que me encerré en mí mismo, pero, sin embargo, otros nunca dejaron de estar allí haciendo lo único que podían hacer: escucharme y darme ánimos animosos. Estoy convencido de que gran parte de las fuerzas que sacamos tu madre y yo cada día para seguir adelante y convivir con tu enfermedad es gracias a esa poción mágica, en forma de cariño, que nos regala tanta gente que nos quiere.

Me gustaría poder encontrar la fórmula para poder ofrecer cariño a granel, no solo para los niños que atiende tu psiquiatra, sino para todo el mundo, estoy convencido de que nos iría mucho mejor. En este sentido, un gran hombre me dijo una vez que nos hemos de centrar primero en dar cariño a nuestro círculo más cercano y después ir ampliándolo poco a poco. Si todos hiciéramos esto, siguiendo la teoría de los seis grados de separación, los círculos no tardarían en interconectarse y lo habríamos conseguido.

*Álvaro Villanueva es el padre de Álvaro y es fundador de Fundación Luchadores Ava (@alvaro_villanu)

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