Dermatología

Por qué hay que proteger la piel de nuestros hijos del sol este año más que los anteriores

Tras un invierno de parques cerrados y mascarillas, el sol de los próximos meses puede resultar algo más peligroso de lo habitual para los niños

Es conveniente usar crema de protección cada día y en todo del rostro, incluso la parte cubierta por la mascarilla.
Es conveniente usar crema de protección cada día y en todo del rostro, incluso la parte cubierta por la mascarilla.Unsplash

Avanzado como está el mes de abril, el sol va siendo cada vez más peligroso para la piel. Especialmente para la de los niños. Más aún este año en que han pasado más tiempo en casa y menos en los parques, cerrados en muchas ciudades a causa de la pandemia causada por el virus SARS-CoV-2. Si tenías dudas respecto a si su piel podría notar la diferencia respecto a años anteriores, la respuesta es sí. Es lo que Magdalena de Troya, dermatóloga miembro de la Fundación Piel Sana de la Asociación Española de Dermatología y Venereología (AEDV) denomina “piel confinada”, que se caracteriza por ser “más vulnerable a las radiaciones UV, ya que no ha activado los mecanismos naturales de defensa que se despiertan con la exposición solar” y que consisten en engrosamiento de la epidermis y producción de melanina. Ante esta perspectiva, las posibilidades de que se sufran quemaduras solares aumenta. Por lo que la doctora recomienda ser más cautos aún que en temporadas anteriores.

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Para más inri, el uso de mascarillas no ayuda. Para empezar, tal y como asegura Aurora Garre, directora médica de ISDIN, especialistas en fotoprotección infantil, no protegen de los rayos del sol: “Ninguna de las mascarillas actualmente en el mercado han sido testadas ni fabricadas con la finalidad de evitar la penetración de la radiación solar. Dependiendo del tipo de tejido, dejará pasar más o menos cantidad de radiación solar, pero no evitan que penetre”. Para seguir, no protegen, pero sí ocultan, por lo que esa zona, según de Troya, va a ser la más “sensible y susceptible de quemarse” cuando la retiremos en la playa o la piscina. Tanto es así que es probable que nuestro pequeño ya tenga la marca de la mascarilla en su cara, de los ratos que pasa en el patio o haciendo alguna práctica deportiva al aire libre.

Por eso, tal y como indica la experta de ISDN, es conveniente usar crema de protección cada día y en todo del rostro, incluso la parte cubierta por la mascarilla: “La nariz, la frente y los mofletes son las zonas con mayor riesgo de sufrir quemaduras debido a la anatomía de la cara y a nuestra forma de exposición al sol. Con las mascarillas solo hemos conseguido evitar que la nariz se queme más. El daño solar ya se está acumulando específicamente en esas zonas sin mascarilla”.

Ante esta perspectiva, estamos condenados a tener cuidado extra con las pieles de nuestros hijos en las próximas semanas y hasta pasado el verano: “Los rayos del sol son más peligrosos para la piel entre el mes de abril a septiembre”, afirma la dermatóloga de la AEDV. Y la mejor manera de hacerlo es evitando la exposición en determinadas situaciones: “La protección más eficaz es evitar una exposición en horarios de riesgo, garantizarles sombra y vestirles con prendas amplias. Las cremas solares, son una medida complementaria y no deben sustituir a las recomendaciones anteriores”, a las que se puede añadir gorras, sombreros de ala ancha y gafas de sol.

Puesto que la crema solar es un complemento esencial, es importante saber cuál elegir. Y sí, los niños necesitan usar productos específicos infantiles. Los motivos nos los dice Aurora Garre: “La fotoprotección infantil presenta una formulación diferente debido a varias consideraciones. Por un lado, la menor capacidad de defensas innata frente a las quemaduras. Además, se suelen formular sin perfumes o empleando aquellos libres de alérgenos. Tienen un mayor poder de permanencia sobre la piel, dado que los juegos y actividades infantiles comportan mucho movimiento e interacción con el entorno. Son resistentes o muy resistentes al agua, ya que una parte importante del tiempo que los niños dedican a las actividades de playa y piscina es dentro del agua. Tienen buena extensibilidad y dejan poco residuo sobre la piel, lo que ayuda a una correcta y uniforme distribución de los filtros solares”.

Y además, “la concentración máxima de los filtros solares puede ser diferente. Los filtros físicos adquieren una mayor preponderancia en estos fotoprotectores sobre todo en bebés menores de 3 años”. Por otro lado, se les suelen añadir ingredientes hidratantes que eviten la pérdida de agua transepidérmica y la deshidratación de las capas superficiales de la piel, al tiempo que minimizan el riesgo de eritema. Y algo más: “El formato debe adaptarse a la edad de la población pediátrica a la que va dirigida para evitar o minimizar el riesgo de un uso indebido o una ingestión accidental”, concluye Garre.

Si no queremos tener el baño repleto de diferentes cremas una para cada edad de los convivientes, es posible emplear la misma por parte de adultos y niños de todas las edades. “No hay ningún problema en que un adulto emplee crema infantil, pero no al revés”, confirma la directora médica de ISDN. La dermatóloga de AEDV apostilla que, empleando una infantil, “sin duda, estaremos más seguros bajo los rayos del sol. Pero posiblemente no nos satisfaga ni la textura ni el efecto que van a dejar en nuestra piel”. Ciertamente suelen ser algo más pastosas, con la intención de que cubran más.

Por otro lado, la dermatóloga de la Fundación Piel Sana confirma que la piel no solo debe protegerse los meses de más radiación. “El daño solar es acumulativo a lo largo de toda la vida, por lo que conviene adquirir buenos hábitos de protección solar desde la infancia y aplicarlos a lo largo de todo el año”. Eso sin olvidar que el sol es necesario para la síntesis de vitamina D y que no hemos de privar a los niños de una exposición moderada. “Tampoco debemos limitarles por este motivo su actividad física al aire libre, habida cuenta de los beneficios que la práctica deportiva tiene para la salud y el desarrollo de los menores”. Se trata de protegerse del sol, no de esconderse de él.

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