Fuerzas rebeldes desafían a la junta de Malí con un ataque coordinado en varios puntos del país
El aeropuerto internacional de Bamako, la principal base militar de la capital y las ciudades de Mopti y Kidal han registrado ataques durante la madrugada

Malí se resiste a ser doblegado por el terrorismo yihadista desde hace más de una década, y este sábado sus habitantes han vuelto a demostrar esa resiliencia después de que durante la madrugada varias explosiones de gran magnitud sacudieran la capital, Bamako, y otras ciudades del interior del país debido a una serie de ataques coordinados por parte de grupos armados disidentes. El país africano, bajo el mando de una junta militar liderada por el general Assimi Goïta desde el último golpe de Estado en mayo de 2021, vive una guerra fragmentada en la que el Estado, insurgencias separatistas y grupos yihadistas compiten por el territorio y el poder político en un contexto de debilidad institucional.
El Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas ha confirmado los ataques en un escueto mensaje televisado que no incluye las cifras de muertos. “Varios terroristas han sido neutralizados y sus equipos, destruidos. Las operaciones de rastreo continúan; la situación está bajo control”, se ha limitado a indicar un portavoz del ejército. En episodios similares ocurridos con anterioridad, las cifras han tardado horas o incluso días en confirmarse.
Los principales actores armados que operan en Malí son grupos yihadistas como JNIM, vinculado a Al Qaeda, y el Estado Islámico del Gran Sáhara, que buscan imponer su interpretación del islam y expulsar al Estado y a las fuerzas extranjeras. También operan en el territorio los rebeldes tuareg, como el Frente de Liberación de Azawad (FLA), que reclaman mayor autonomía para el territorio donde están presentes, en el norte. El FLA y el JNIM son los dos grupos responsables de la ofensiva de este sábado, ejecutada con artillería pesada y fuego de armas automáticas. A última hora de la tarde, el JNIM ha asumido la autoría de los atentados tanto en la capital y sus alrededores como en el norte, donde se han aliado con sus “socios” del FLA.
Los escenarios de la violencia han sido cuatro: uno ha sido en Kati, al norte de Bamako, donde se encuentra la principal base militar del país. También en el Aeropuerto Internacional Modibo Keita, que permanece cerrado y está bajo custodia de fuerzas mercenarias rusas. En Kati, además, ha sido alcanzada la sede del presidente Goïta y del ministro de Defensa, Sadio Camara. Igualmente, el JNIM sostiene que ha tomado las ciudades de Kidal (noreste), Mopti (centro) y la mayoría de las posiciones militares en las localidades de Sévaré (centro) y Gao (norte), pero esta información no ha podido ser verificada de manera independiente.
La mayor preocupación de las autoridades es Kidal, una ciudad estratégica en permanente disputa entre el ejército maliense y separatistas tuareg. Aunque ha estado bajo el control de la junta de Goïta, actualmente su dominio no está plenamente consolidado. “Lo de Kidal es humillante para ellos; fue un gran éxito conquistarla en 2023 y necesitan recuperarla”, apunta Ulf Laessing, director del programa del Sahel de la Fundación Konrad Adenauer y reside en la capital maliense.






Explosiones y disparos
El fuego enemigo se ha oído sobre las cinco de la madrugada (las siete en la España peninsular), con dos fuertes explosiones en el aeropuerto y en Kati. El estruendo ha sido tal que ha llegado hasta los distritos más céntricos. “He notado un golpe enorme en los cristales de la habitación”, ha asegurado un cliente de un hotel situado en el barrio ACI 2000, donde se encuentran también numerosas embajadas, a más de 15 kilómetros de donde se han producido los asaltos.
Otros clientes han coincidido. “Han retumbado los cristales y hasta las paredes; ha debido ser muy fuerte”, ha comentado una programadora cultural española que se encuentra en este país como parte del jurado de un certamen de bandas de música, el Vis a Vis, impulsado por Casa África en el marco de otro importante festival de música llamado Hola Bamako, organizado por la Embajada española en Malí, que estos días celebraba su novena edición. El evento ha sido cancelado por razones de seguridad.
Más allá de estos incidentes, la situación en Bamako es de tranquilidad, con gente en la calle y los mercados abiertos. Seydou Camara, fotógrafo maliense que por la mañana ha atravesado la ciudad por trabajo, cuenta que la situación en las calles es tranquila ya desde la mañana. “He salido y he pasado por el gran mercado: está abierto y lleno de gente. La vida continúa como si no hubiera pasado nada. La gente sigue con sus actividades habituales, no se percibe pánico”, ha asegurado.
Durante la tarde, el bullicio típico de las capitales africanas parece intacto. Un recorrido a bordo de uno de los destartalados taxis que inundan la capital permite tomar el pulso a una ciudad que no se detiene: Docenas de motocicletas y otros vehículos atascando las calles, el mercado central con todos sus puestos abiertos, vacas escuálidas en cada esquina, barrios de viviendas familiares llenos de vida, con niños y adultos yendo de acá para allá, aparentemente ajenos a la violencia de solo unas horas antes. “Es una situación poco habitual. No es frecuente que ocurra algo así en Bamako. Aun así, los malienses estamos acostumbrados a resistir; no entramos en pánico fácilmente”, afirma Camara.
La única pista del delicado momento que vive el país es el incremento de la presencia militar: el ejército controla las vías de entrada y salida a la capital y ha cortado numerosas calles, lo que ha provocado atascos y algún incidente menor entre conductores y peatones, según ha experimentado Koné, taxista. “La gente está nerviosa, los soldados están nerviosos... Y eso genera tensiones”, reflexionaba al volante.
Laessing sostiene que el objetivo de los ataques es maximizar el impacto en los medios de comunicación y avergonzar al Gobierno. “Con suerte, la mayoría de los problemas habrán terminado por la tarde”, ha explicado a este periódico. “Pero no hay forma de que tomen el control de Bamako; no habrá contraataque”.
No obstante, Laessing considera que esta ha sido una escalada importante, ya que es la primera vez desde 2012 que hay una verdadera coordinación entre el JNIM y los rebeldes tuareg. “No tienen nada en común, salvo el mismo enemigo”, recuerda. Aunque los objetivos de ambos grupos son distintos —ideológicos en el caso del JNIM y territoriales en el de los tuareg—, no es la primera vez que coinciden tácticamente frente al Estado maliense.
Mohamed Elmaouloud Ramadane, portavoz del Frente de Liberación del Azawad, ha afirmado también en las redes sociales que sus fuerzas han tomado el control de varias posiciones en Kidal y Gao. En ningún caso se ha podido confirmar el número de víctimas, pero ciudadanos de Bamako con parientes en algunas de estas ciudades han asegurado a EL PAÍS que han sido múltiples y que los autores de los atentados eran “extranjeros” (de origen árabe).
La Embajada de Estados Unidos en Malí ha emitido un comunicado pidiendo a sus ciudadanos que eviten los desplazamientos. De hecho, el aeropuerto no reabrirá hasta, previsiblemente, este domingo. Los vuelos que debían aterrizar en la capital han sido desviados a otros lugares y no están despegando los que estaban programados.
En guerra desde 2012
Malí atraviesa una crisis de seguridad desde 2012, cuando los grupos tuareg del norte se rebelaron y las organizaciones yihadistas vinculadas a Al Qaeda, como JNIM, aprovecharon para expandirse por el territorio. La caída de Muamar el Gadafi en Libia en 2011 agravó la inestabilidad regional y propició la expansión de estos grupos, y desde entonces el conflicto se ha extendido hacia el resto del país.
El conflicto también ha adquirido una dimensión internacional en los últimos años marcada por la reconfiguración de alianzas por parte del Gobierno de Goïta. La retirada de tropas de Francia tras casi una década de presencia militar en el Sahel ha dejado paso a una mayor cooperación de la junta maliense con Rusia, incluido el despliegue de contratistas vinculados al Grupo Wagner primero y, desde septiembre de 2025, a Africa Corps, vinculado al Ministerio de Defensa ruso.
Malí también colabora cada vez más estrechamente con Burkina Faso y Níger, ambos países gobernados también por juntas militares, y prevén la creación de una fuerza armada conjunta para luchar contra el yihadismo en el Sahel. Sin embargo, este cambio de alianzas de momento no ha logrado frenar la expansión de los grupos armados.
La Unión Africana (UA) ha condenado “enérgicamente” los ataques en un comunicado firmado por el presidente de la Comisión de este organismo, Mahmoud Ali Youssouf. Este afirma que la UA “sigue con profunda preocupación los ataques” y ha abundado en el compromiso de esta institución con “la promoción de la paz, la seguridad, la buena gobernanza y la estabilidad en Malí“.
El portavoz del ejército ha hecho un llamamiento a la población a mantener la calma y a “hacer uso del sentido común” a tenor de los vídeos no verificados que están circulando en redes sociales y que muestran imágenes de gran brutalidad en las que se distinguen varios cuerpos sin vida de supuestos terroristas. “No reenvíen ningún vídeo o mensaje de propaganda que busque alimentar la inquietud general. En este contexto, es imperativo acudir exclusivamente a fuentes oficiales para obtener información fiable”, ha advertido.
El último atentado a gran escala en Bamako tuvo lugar en septiembre de 2024, cuando el JNIM atacó una escuela de formación de gendarmes cerca del aeropuerto y mató a unas 70 personas. A finales de 2025 perpetraron una ofensiva muy distinta: intentaron bloquear las importaciones de combustible y atacaron los camiones cisterna que intentaban entrar en la capital con intención de asfixiarla. El refuerzo de la escolta militar en el sur y el oeste del país ha evitado hasta ahora que estos insurgentes logren su objetivo.


























































