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El jefe de gabinete de Starmer anuncia su dimisión por el escándalo de Epstein

Morgan McSweeney reconoce que fue un error recomendar como embajador británico en Estados Unidos al exministro Peter Mandelson, salpicado por sus vínculos con el millonario pederasta

El primer ministro británico, Keir Starmer, ha aceptado la dimisión de su mano derecha, máximo asesor y estratega electoral para reconducir su cada vez más difícil continuidad en el Número 10 de Downing Street. Su jefe de gabinete, Morgan McSweeney, ha cedido este domingo a la creciente presión que demandaba su salida como principal promotor del nombramiento como embajador ante Estados Unidos del veterano político laborista Peter Mandelson, cuya estrecha relación con el pederasta Jeffrey Epstein ha generado la crisis política más grave en los 19 meses que Starmer lleva en el poder.

Apenas días después de que el primer ministro declarase que tenía, “por supuesto, confianza” en McSweeney, el asesor a quien el dirigente calificaba como “parte esencial” de su equipo ha admitido en su comunicado de renuncia que designar a Mandelson fue un “error” por el que asume “plena responsabilidad”. Su marcha del Gobierno supone una amputación que aspira a detener la sangría que atenaza la supervivencia política de Starmer. Aunque fue el mandatario quien, en última instancia, tomó la decisión de nombrar a Mandelson, McSweeney estaba considerado el autor intelectual de una arriesgada decisión que había sido cuestionada incluso por altos cargos del Ejecutivo, entre ellos, la por entonces viceprimera ministra, Angela Rayner, y su sucesor en el cargo y titular de Justicia, David Lammy.

“El príncipe de las tinieblas”

En teoría, la maniobra pretendía maximizar ante el segundo mandato de Donald Trump las capacidades de un político conocido popularmente en el Reino Unido como “El príncipe de las tinieblas” (‘The prince of darkness’), por su habilidad para moverse en los círculos de poder y sus maquinaciones en la sombra. Además, McSweeney, de 48 años de edad, era visto como uno de los protegidos de Mandelson, quien en septiembre, tras siete meses en el cargo, fue cesado como consecuencia de nuevas revelaciones sobre el alcance de su relación con Epstein.

La última hornada de documentos difundidos por el Departamento de Justicia de Estados Unidos ha reabierto de nuevo la polémica, al ampliar las alegaciones en torno al veterano político laborista, quien ha podido facilitar a Epstein información confidencial del Gobierno británico entre 2009 y 2010, cuando era titular de Negocios y número dos oficioso del Ejecutivo de Gordon Brown. Esta semana, Mandelson anunciaba que dejaba su puesto vitalicio en la Cámara de los Lores y la Policía Metropolitana ha abierto una investigación que ha llevado ya a Scotland Yard a ejecutar registros en dos propiedades pertenecientes al exembajador.

Starmer, por su parte, ha pedido perdón a las víctimas de la red de explotación sexual de Epstein por haber creído las “mentiras” de Peter Mandelson sobre el verdadero alcance de su relación con el magnate que se había suicidado en una prisión de Nueva York en 2019. Adicionalmente, el Gobierno publicará parte del proceso de reclutamiento como embajador, aunque el contenido dependerá de la investigación policial en curso y de la protección de información confidencial, relacionada con la seguridad nacional.

La gran incógnita

La gran incógnita ahora es si el sacrificio de McSweeney bastará para sofocar el descontento, o si la marcha de su valedor fundamental deja a Starmer más debilitado todavía. Como jefe de gabinete, un puesto clave en el organigrama institucional británico, McSweeney era una de las figuras más poderosas del Gobierno: puente entre el primer ministro y el resto de la jerarquía oficial, cerebro tras las políticas estratégicas tanto públicas como de partido y crucialmente, en su caso, gurú electoral del laborismo. Su planificación táctica de la campaña laborista fue primordial para el éxito del partido en las últimas generales, cuando obtuvo la segunda mayor victoria de su historia, cuatro años después de que Starmer asumiese el liderazgo en unas primarias en las que McSweeney había sido su jefe de campaña.

Considerado un extraordinario estratega, su influencia sobre el primer ministro abarcaba prácticamente todos los campos, desde la comunicación pública hasta la línea ideológica, que bajo el auspicio de McSweeney experimentó giros que enfurecieron al sector más izquierdista, como el endurecimiento de la retórica en materia de migración. Su ascenso al puesto clave de jefe de gabinete en octubre de 2024, de hecho, había provocado ya roces, ya que se le acusaba de ser el instigador de la dimisión de su predecesora, Sue Gray, la alta funcionaria del Estado que había investigado en su día las fiestas ilegales en Downing Street durante el mandato de Boris Johnson.

Su salida se produce en un momento especialmente delicado para Starmer, no solo por su hundida popularidad entre la ciudadanía y el abierto cuestionamiento entre sus propios diputados, sino porque coincide con la antesala de citas con las urnas potencialmente letales. La más cercana, el 26 de febrero, son las elecciones parciales por la circunscripción de Gorton y Denton, al norte de Inglaterra, que podría abrir la caja de los truenos si pierde el laborismo; sobre todo porque Starmer y la cúpula de la formación habían vetado como candidato a Andy Burnham, el popular alcalde de Mánchester tipificado como gran alternativa en caso de caer Starmer.

Pero la verdadera prueba de fuego serán los comicios parciales locales que se celebran el 7 de mayo en Inglaterra, junto a las elecciones a los Parlamentos de Escocia y Gales. El Laborismo tendrá que afrontar las urnas sin la escrupulosa planificación de McSweeney, a quien se atribuye un profundo conocimiento de la tendencia dominante en los graneros tradicionales de la formación y los números que el partido necesitaba movilizar entre las bases. Desde hace meses, además, los sondeos vaticinan para el laborismo una debacle que amenaza con dejar al primer ministro en una posición insostenible y sin el hombre que hasta ahora había ejercido como cortafuegos.

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