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Conspiración, obstrucción y manipulación de un testigo: los nuevos cargos por los que se investiga a Trump

La notificación al expresidente de la investigación sobre su posible implicación en el ataque al Capitolio anuncia una tercera imputación y pone a prueba el sistema judicial

El expresidente de EE UU Donald Trump saluda tras una reunión con voluntarios en Cedar Rapids (Iowa), el 18 de julio. Foto: CHARLIE NEIBERGALL (AP) | Vídeo: EPV
Iker Seisdedos

Trump fue el martes fiel a su manual de instrucciones para el manejo de sus líos con la justicia. Lo empleó cuando lo imputaron por primera vez, por el caso del presunto pago en negro a la actriz porno Stormy Daniels para acallar una relación extramatrimonial entre ambos, y lo volvió a usar cuando lo acusaron de 37 cargos por su gestión de los papeles de Mar-a-Lago. Primero lanza un mensaje-bomba desestabilizador a través de su red social, Truth, que enardece a los suyos, dispara las donaciones a su campaña y desfigura los contornos del proceso legal en marcha. Y entonces se dedica a desacreditar las acusaciones ―que, si se materializa esta tercera imputación, serían por delitos como conspiración para el fraude, obstrucción o manipulación de un testigo― a partir de mentiras, verdades defectuosas e insultos al fiscal especial encargado del caso, Jack Smith, nombrado por la Administración de Joe Biden.

La casualidad quiso que esto último pudiera hacerlo esta vez en horario de máxima audiencia, ese mismo día por la noche, en uno de los programas estrella de Fox News, el de Sean Hannity, donde tenía programado un encuentro con simpatizantes. Tras asistir a ese espectáculo sin filtros, quedó claro cómo se titula el manual de instrucciones de Trump: Cómo controlar la narrativa.

El origen de todo estuvo en esta ocasión en la recepción de una carta el domingo por la noche, mientras estaba “en familia”, en la que, según Trump, se le informó de que está siendo objeto de una investigación federal sobre los acontecimientos que condujeron al asalto al Capitolio en Washington, el 6 de enero de 2021. En el mensaje, en el que no aportaba pruebas, había espacio para presumir de la ventaja que tiene sobre el resto de candidatos a la designación republicana, para llamar “desquiciado” a Smith, que también está tras la investigación por los documentos confidenciales de Mar-a-Lago, para denunciar “un breve plazo de cuatro días” para reportarse “ante el gran jurado” o para concluir que esa carta solo puede significar que está al borde de su tercera detención e imputación.

Lo que no decía era sobre qué delitos estaría basada esa imputación. Esos detalles los aportaron varios medios estadounidenses al final de la jornada. Citaban fuentes cercanas a la investigación y hablaban de cargos como privación de derechos, obstrucción de un procedimiento oficial (la certificación del triunfo de Biden, el 6 de enero de 2021), conspiración para cometer un delito o para defraudar a Estados Unidos y manipulación de un testigo.

Los hechos en los que se basan esas acusaciones incluyen la difusión en los meses que fueron de noviembre de 2020 a enero de 2021 de bulos sobre un supuesto fraude electoral, presiones a funcionarios de varios Estados en disputa para que alteraran los resultados legítimos, intentos de lograr que el entonces vicepresidente, Mike Pence, no certificara el triunfo de Biden y maniobras para manipular, usando la figura de electores falsos, el escrutinio. Pero, sobre todo, está la instigación a una turba de sus seguidores, a los que había convocado a un mitin en Washington, a la toma del Capitolio el 6 de enero, el día más sombrío de la historia reciente de la democracia en Estados Unidos. Algunos de esos cargos, especialmente el de obstrucción de un procedimiento oficial, se han empleado en muchos de los juicios abiertos en un tribunal federal de Washington contra más de un millar de participantes en el ataque al Capitolio.

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Smith no se ha pronunciado de momento sobre el asunto.

La democracia, a prueba

Más allá de la lista de los delitos, esta tercera imputación ―que, de llegar, sería un nuevo hito en la historia de los exinquilinos de la Casa Blanca― aumentará la presión sobre el sistema judicial y sobre la misma democracia estadounidense. Como las dos anteriores, amenaza con interferir en una campaña en la que Trump es el favorito, con mucha distancia sobre el resto, para ser el candidato republicano en las presidenciales de 2024. Como tal, se presenta de nuevo como una “víctima de una caza de brujas” para neutralizar al gran contrincante del actual presidente, Joe Biden, que buscará la reválida. Así que llueve sobre mojado, pero al mismo tiempo esta vez será distinto: de los tres, es de lejos el caso más grave.

Si los al menos dos grandes jurados de Washington que han tomado la declaración a decenas de testigos deciden seguir adelante con la imputación, será la primera vez que se acuse a un expresidente de emplear las instituciones en su beneficio para alterar unos resultados electorales, los de noviembre de 2020, que Trump sigue diciendo, pese a la falta de pruebas, que fueron un fraude urdido para sacarlo de la Casa Blanca.

La investigación ha podido partir de la labor desarrollada por los nueve miembros del comité bipartidista del Congreso que durante 18 meses investigó el asalto al Capitolio. Terminaron sus trabajos justo antes de la Navidad pasada. Las 814 páginas de su informe final concluyeron que “un solo hombre”, Trump, capitaneó “un plan de varias partes para revocar las elecciones presidenciales de 2020″ y recomendaba prohibirle que se presentara de nuevo a cualquier cargo público. También, de forma unánime, que fuera acusado de cuatro delitos: incitación a una insurrección, conspiración para emitir un falso testimonio y para defraudar a Estados Unidos y obstrucción de un procedimiento oficial del Congreso. Aquellos cargos y los que ahora se ciernen sobre él se parecen bastante.

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Sobre la firma

Iker Seisdedos
Es corresponsal de EL PAÍS en Washington. Licenciado en Derecho Económico por la Universidad de Deusto y máster de Periodismo UAM / EL PAÍS, trabaja en el diario desde 2004, casi siempre vinculado al área cultural. Tras su paso por las secciones El Viajero, Tentaciones y El País Semanal, ha sido redactor jefe de Domingo, Ideas, Cultura y Babelia.

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