La campaña de Lula promete que el tema ambiental será central en su política exterior

Los exministros Celso Amorim y Marina Silva exhiben las credenciales del expresidente en la defensa de la Amazonía, en contraste con Bolsonaro

Lula da Silva junto a la exministra Marina Silva, en el centro, y la senadora Simone Tebet, en un mitin cerca de Belo Horizonte.
Lula da Silva junto a la exministra Marina Silva, en el centro, y la senadora Simone Tebet, en un mitin cerca de Belo Horizonte.DOUGLAS MAGNO (AFP)

Luiz Inácio Lula da Silva exhibe su compromiso con el medio ambiente como bandera electoral. Favorito en las encuestas de cara a la segunda vuelta que disputará este domingo con el presidente Jair Bolsonaro, la campaña del líder de izquierdas ha reforzado el mensaje de que los asuntos ambientales serán neurálgicos en la política exterior en caso de que gane los comicios en el país con mayor biodiversidad del mundo, y el propio candidato ha divulgado una carta en la que defiende que “Brasil tiene todo para ser una gran potencia ambiental”.

Esa agenda verde va a ser un “elemento central en la política exterior, porque de la cuestión climática depende la supervivencia del planeta”, ha destacado el excanciller Celso Amorim, el gran articulador de la diplomacia brasileña en los dos mandatos de Lula y estrecho asesor en su nueva campaña. “Lo que está en juego en Brasil es en parte una cuestión de supervivencia del planeta, estamos luchando a favor de valores civilizadores contra un egoísmo desenfrenado”, ha insistido este jueves, en referencia a la deforestación galopante en la era Bolsonaro, en un encuentro con corresponsales en São Paulo. Lo acompañaron otros dos exministros de Lula, la ecologista Marina Silva y Aloizio Mercadante, coordinador del programa de Gobierno del candidato del Partido de los Trabajadores (PT).

Si gana en las urnas, Lula tendrá “cero tolerancia” con la deforestación, impulsará metas climáticas más ambiciosas y reforzará la cooperación internacional para proteger la Amazonia, subrayó Marina Silva, que se ha volcado en apoyar al expresidente tras dar por superados años de desencuentros. La política ambiental brasileña será “transversal”, ha prometido la fundadora del partido Red Sustentabilidad, que integra el comité de campaña, pero no ha entrado en detalles sobre cómo serán alcanzadas esas metas. Tampoco ha aclarado cuál será su papel en un eventual gobierno, o si aceptaría volver a ocupar la cartera de Medioambiente.

Silva criticó por enésima ocasión el desmantelamiento de las políticas ambientales por parte del Gobierno de Bolsonaro en un país muy vulnerable a los cambios climáticos. Acusó al mandatario de haber convertido a Brasil en un “paria ambiental” por el descontrol de la deforestación en los últimos años y el asesinato récord de ambientalistas e indígenas protectores de la selva. En el 2021, Brasil fue responsable del 40% de la selva virgen destruida en todo el mundo, recordó. La exministra afirmó que Brasil es una potencia agrícola, y aseguró que trabajarán para que siga siendo un sector próspero, pero añadió que el país debe transitar hacia una agricultura de bajo carbono.

La destrucción de la capa vegetal en la Amazonia supone una seria amenaza para el futuro de Brasil y del mundo, y se ha acelerado notablemente desde que Bolsonaro llegó al poder, con las cifras de deforestación más altas de los últimos 15 años. El presidente de ultraderecha, entre otras, ha cumplido su promesa de no demarcar ni un solo centímetro más de reservas ecológicas o tierras indígenas.

Marina Silva, en cambio, encarna la conservación de la Amazonia. Se hizo famosa como ministra de Medioambiente de Lula cuando lograron reducir la deforestación, y en tres ocasiones buscó sin éxito la presidencia. Su inusual biografía es inspiradora. Nació en el Estado amazónico de Acre —fronterizo con Bolivia y Perú—, fue analfabeta hasta los 16 años y después consiguió ir a la universidad y llegar al Gobierno. Fue también una de las fundadoras del PT, pero se distanció de Lula en medio de roces entre su visión ecologista y el modelo más desarrollista que representaba en su momento Dilma Rousseff.

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La ecologista —a la que Amorim calificó de “símbolo mundial” en un intercambio de elogios— consiguió un escaño de diputada en el Congreso en las elecciones del 2 de octubre, y ha dicho que la amenaza que representa Bolsonaro la llevó a sellar su postergada reconciliación política con Lula, que en la primera vuelta se quedó con el 48% de los votos, frente al 43% del actual mandatario. En un segundo turno muy reñido, su apoyo también puede atraer algunos respaldos entre los electores evangélicos, mayoritariamente favorables a Bolsonaro, pues es miembro de la Asamblea de Dios, la mayor Iglesia evangélica del país.

“Vamos a construir un Brasil sostenible”, se propone Lula en una carta al “Brasil del mañana” divulgada este mismo jueves por su campaña, en la que esboza algunos de sus planes. Para que el país sea una potencia ambiental, sostiene, necesita aprovechar la creatividad de la bioeconomía. “Nuestro compromiso estratégico es buscar cero deforestación en la Amazonia y cero emisión de gases de efecto invernadero en la matriz eléctrica”, sostiene. “En lugar de ser líderes mundiales en deforestación, queremos ser campeones mundiales en la lucha contra la crisis climática y el desarrollo socio-ambiental”.

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Sobre la firma

Santiago Torrado

Corresponsal de EL PAÍS en Colombia, donde cubre temas de política, posconflicto y la migración venezolana en la región. Periodista de la Universidad Javeriana y becario del Programa Balboa, ha trabajado con AP y AFP. Ha cubierto eventos y elecciones sobre el terreno en México, Brasil, Venezuela, Ecuador y Haití, así como el Mundial de Fútbol 2014.

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