La guerra del gas se agrava con los cortes de Gazprom en Europa del Este

Ucrania acusa a Rusia de incumplir el suministro de gas pactado con Europa a través de su territorio y Moldavia denuncia que Gazprom le exige el pago de una deuda antigua

Estación de compresión de gas natural de Mallnow, en Brandenburgo, cerca de la frontera entre Alemania y Polonia.
Estación de compresión de gas natural de Mallnow, en Brandenburgo, cerca de la frontera entre Alemania y Polonia.picture alliance (dpa/picture alliance via Getty I)

La guerra del gas entre el Kremlin y Europa se amplía en varios frentes, mientras las bombas siguen destruyendo Ucrania en el día 79 de la ofensiva rusa. Por un lado, Kiev acusa a Moscú de haber forzado una reducción en el tránsito del combustible hacia el bloque comunitario a través de su territorio. Por otro, el monopolio estatal Gazprom ha sellado las válvulas del gasoducto que alimentaba a Alemania a través de Polonia. El Yamal-Europa y el Nord Stream 2, dos grandes proyectos de la época en la que Rusia era la reserva gasista de Europa, son ahora un elemento más del paisaje. Y en paralelo, el Kremlin niega que vaya a cortar el suministro a Finlandia por entrar en la OTAN mientras envía un ultimátum a Moldavia, también dependiente del gas ruso, para que pague las deudas que le perdonó cuando tenía un Gobierno prorruso.

La Unión Europea planea reducir en dos tercios su importación de gas ruso para finales de año, pero el Kremlin ha comenzado a poner trabas a una transición que no será suave. El Operador del Sistema de Transmisión de Gas de Ucrania (GTSOU, por sus siglas oficiales en inglés) denuncia que Gazprom no quiere suministrar por su territorio los volúmenes de gas contratados con Europa. El gasoducto Soyuz se alimenta a través de varias conexiones, pero dos son clave: la estación de Sojranivka, por la que pasaba casi un tercio del gas y que Ucrania cerró el miércoles “por causas de fuerza mayor”; y la de Sudya, a la cual podría redireccionarse todo el combustible, según Kiev.

“La capacidad técnica de Sudya es de 244 millones de metros cúbicos de gas al día, más que suficiente para seguir suministrando los volúmenes contratados”, asegura GTSOU. Por esa estación pasaban hasta ahora alrededor de dos tercios del gas que transita cada día por Ucrania. Según los datos de Gazprom, esta suministró por ahí 50,6 y 61,9 millones de metros cúbicos diarios el jueves y este viernes, respectivamente. Es decir, apenas una cuarta parte de la capacidad teórica total de Sudya.

Estas cifras no son desdeñables. Según la Agencia Internacional de la Energía, la Unión Europea importó 380 millones de metros cúbicos de gas ruso al día a través de gasoductos. Es decir, el 45% del total en 2021.

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“Nuestros medidores registraron tomas de gas no autorizadas en la canalización del gasoducto Soyuz por los territorios ocupados”, explican a EL PAÍS fuentes de GTSOU. Es por ello que el operador, “incapaz de mantener los volúmenes de tránsito pactados”, reclamó a Gazprom que desviase el gas a las estaciones controladas por Kiev. Un día después de que Kiev cerrase el tránsito por Sojranivka, la propia Gazprom dejó de bombear gas allí.

El portavoz de Gazprom, Serguéi Kupriánov, declaró anteriormente que es “técnicamente imposible” transferir esa cuota de gas a Sudya, que aún sigue bajo control ucranio. Sin embargo, GTSOU denuncia que sin alterar una sola coma del contrato actual, esa vía tiene contratada una capacidad máxima de hasta 150 millones de metros cúbicos al día, “por lo que se está malgastando un espacio ya reservado para el suministro a Europa”.

Asimismo, los volúmenes de tránsito actuales palidecen en comparación con la capacidad que se proyectó al construirse el gasoducto antes de la ruptura de las relaciones entre Ucrania y Rusia. Moscú y Kiev firmaron en 2019 un nuevo contrato de cinco años por el que Gazprom reducía notablemente su bombeo a través de aquel país. Aun así, en 2020 pasaron por Sudya 120 millones de metros cúbicos diarios, más del doble que estos últimos días.

Por otra parte, GTSOU cuenta con un precedente a su favor aquel año. En octubre de 2020 se transfirió el tránsito de Sojranivka a Sudya por unas obras de reparación. Esta segunda estación asumió un volumen de 165 millones de metros cúbicos de gas, casi el triple que las cifras manejadas ahora.

El gas, un arma de presión

La guerra del gas tiene muchos campos de batalla. El Kremlin se ha apresurado este viernes a desmentir que vaya a cortar el suministro a Finlandia después de que su primera ministra y su presidente apoyasen la adhesión del país nórdico a la OTAN. “Gazprom suministra gas a varios clientes de Europa, incluidos los países miembros de la OTAN”, ha recordado el portavoz de Vladímir Putin, Dmitri Peskov, a raíz de una publicación en el medio finlandés Iltalehti el jueves en la que varios diputados advertían de que su nación importa un 89% de gas de Rusia y podrían quedarse desabastecidos “mañana”.

Otro frente son las presiones que sufre Moldavia desde su giro hacia la Unión Europea. La presidenta del país del este, Maia Sandu, denunció el miércoles que el Kremlin exija que Chisináu pague sus intereses de demora ahora y no cuando había dirigentes en la órbita del Kremlin. “Estas deudas se acumulan desde 1994. No exigieron su compensación durante todo este tiempo, y ahora nos lo piden a nosotros, y en un momento en el que los precios del combustible han subido tanto. Es evidente el enfoque político”, lamentó Sandu.

Rusia y Moldavia acordaron en octubre de 2021 que se extendería el suministro de gas a aquel país cinco años más a cambio de que devolviese su deuda. Gazprom presionó entonces con cortes de suministro temporales, y Chisináu accedió a hacer una auditoría de sus obligaciones antes del 1 de mayo. Sin embargo, no ha logrado hacerla a tiempo y ha pedido posponerla. El Gobierno moldavo alega que debido al conflicto de Ucrania y las sanciones sobre Gazprom ha sido difícil encontrar empresas que hagan el trabajo. La gasista estatal rusa estima que el principal de la deuda es de 417 millones de euros, aunque con intereses la eleva a 683 millones.

El portavoz del presidente ruso también abordó esta cuestión. “Aquí no hay un trasfondo político. Si se entregan bienes, deben pagarse. Puede haber alguna facilidad razonable, pero la deuda no puede crecer constantemente, esto no encaja en ningún concepto económico”, advirtió Peskov, aunque Moldavia sí ha pagado sus facturas actuales, entre ellas la del gas suministrado en abril.

Otros cortes a Europa

La Comisión Europea ha instado a los países miembros a reducir enormemente sus compras de gas y petróleo de Rusia, mientras que el Kremlin ha respondido a las sanciones con la creación de un mecanismo que obliga a los importadores a abrirse una cuenta en la filial bancaria de Gazprom para que sus pagos en euros o dólares sean cambiados por rublos en la Bolsa de Moscú.

Los países europeos se han mostrado reticentes a ello y exigen que se mantengan sus contratos al pie de la letra. Mientras, en Rusia se fomenta la confusión al asegurarse que algunas empresas ya han accedido a unirse a este sistema. Es el caso, por ejemplo, de la italiana Eni, que lo negó posteriormente. “La moneda pactada es el euro y seguiremos recibiendo las facturas en euros. No hemos abierto una cuenta en rublos”, dijo su director financiero, Francesco Gattei, a la agencia Bloomberg a finales de abril.

Polonia y Bulgaria han sido los primeros países a los que Moscú ha cortado el gas por no pagar al negarse a aceptar ese mecanismo. A ello se suma que Gazprom canceló desde el jueves su suministro por el gasoducto Yamal-Europa, el cual cruza Polonia antes de llegar a su destino final, Alemania. La gasista acató de inmediato las instrucciones del Kremlin, que ha sancionado a varias empresas europeas como respuesta a las medidas punitivas que Occidente ha impuesto a la economía rusa por su ataque a Ucrania.

Entre las 31 empresas sancionadas por Rusia figuran varias compañías en las que participaba Gazprom para la gestión de gasoductos y depósitos de gas en Europa. Tras ser apartada de ellas, como fue el caso de la polaca EuRoPol Gaz, Moscú decidió que por sus infraestructuras no pasara una molécula más de gas.

Mientras, Europa también lanza ultimátums a Moscú. “Si Gazprom no llena nuestro mayor depósito, se lo quitaremos y lo entregaremos a otros proveedores”, subrayó el canciller austriaco, Karl Nehammer, el jueves en una entrevista concedida al diario Kronen Zeitung. Alemania, por su parte, nacionalizó la filial germana de Gazprom en abril. Tras muchos años en los que Berlín defendió que el gasoducto Nord Stream 2 era un puente para la paz con Rusia, su portavoz de Economía, Annika Einhorn, afirmó el jueves que el proyecto, terminado en enero, “está definitivamente muerto”.

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