EE UU, preocupado ante el avance de China en Latinoamérica

Washington presiona a la nueva presidenta de Honduras, Xiomara Castro, para que mantenga las relaciones con Taiwán, tras la ruptura del régimen de Daniel Ortega con la Isla y el acercamiento de otros países latinoamericanos a Pekín

El presidente de China, Xi Jinping, junto a su homólgo argentino, Alberto Fernández, durante un encuentro oficial en Pekín el 6 de febrero.
El presidente de China, Xi Jinping, junto a su homólgo argentino, Alberto Fernández, durante un encuentro oficial en Pekín el 6 de febrero.Liu Weibing (AP)

La embajadora nominada por el Gobierno de Joe Biden para representar a su país en Honduras, Laura Dogu, llegará a Tegucigalpa con una misión que Washington considera estratégica: convencer a la presidente Xiomara Castro de que mantenga sus relaciones con Taiwán, la isla que China considera rebelde y cuya diplomacia ha estado centrada en repartir millones de dólares a los países centroamericanos a cambio de que reconozcan su soberanía. A pesar de ese apoyo, Centroamérica cada vez más vuelve a ver a China y Taiwán pierde poco a poco sus aliados en la región. El último en romper relaciones con la isla ha sido el régimen de Daniel Ortega, que incluso embargó la sede diplomática taiwanesa en Managua. Ortega, desesperado por hallar apoyos tras el aislamiento impuesto por la comunidad internacional, incluso ha enviado a sus hijos a China como emisarios, con la esperanza de obtener un nuevo salvavidas que le permita mantener su régimen autoritario.

La abrupta ruptura de Ortega tomó por sorpresa al Gobierno taiwanés, que se había convertido en el principal aliado del régimen, en una relación muy criticada en Nicaragua: mientras la comunidad internacional aislaba a Ortega, Taiwán mantuvo su financiamiento en Managua a pesar de la brutal represión contra multitudinarias manifestaciones que exigían un cambio de timón, el asesinato de centenares de manifestantes, el encarcelamiento de opositores, el cierre de medios de comunicación y las denuncias sucesivas de violaciones a los derechos humanos.

La sede diplomática taiwanesa, interesada en mantener el reconocimiento de Managua, mantuvo un elocuente silencio frente a estas atrocidades. Taiwán financiaba 27 proyectos en áreas de producción de alimentos, cultivos de frutales y cría de cerdos de calidad superior, por valor de entre 30 millones y 50 millones de dólares, según datos del Gobierno nicaragüense. “Lamentamos que el Gobierno del presidente Ortega haya hecho caso omiso de los muchos años de amistad entre los pueblos de Taiwán y de Nicaragua”, expresó el ministerio de Exteriores taiwanés. “Como miembro de la comunidad internacional, Taiwán tiene el derecho a intercambios y al desarrollo de relaciones diplomáticas con otros países”, agregó. Washington fue el primer país en criticar la decisión de Ortega y aseguró que Taiwán da “beneficios económicos y de seguridad significativos a los ciudadanos de aquellos países” con los que mantiene lazos diplomáticos.

La ruptura fue violenta y humillante, a tal punto que Ortega ordenó la confiscación de la sede diplomática de Taiwán en Managua, que la Isla había vendido de forma simbólica a la Iglesia católica nicaragüense. “Taiwán emprenderá los procedimientos legales internacionales apropiados para proteger su propiedad diplomática y garantizar que Nicaragua rinda cuentas por su acto, ilícito desde el punto de vista del derecho internacional”, informó el Ministerio de Relaciones Exteriores en un comunicado. Para Taipei, la confiscación de su embajada “forma parte de la intención explícita y agresiva de China de anexionarse Taiwán, lo que contraviene gravemente las normas internacionales y daña la paz y la estabilidad regionales.

Aunque las relaciones con una potencia como China pueden traer beneficios económicos a Nicaragua (se trata de un mercado inmenso de 1.400 millones de personas y con una industria que exporta productos a un menor costo), Tiziano Breda, analista para Centroamérica del International Crisis Group, estima que también puede tener ventajas políticas para un régimen autoritario como el de Ortega. “China ofrece una oportunidad de respaldo en foros multilaterales como el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, o la misma ONU. También puede hacer contrapeso a la crítica internacional sobre ciertas cuestiones internas de parte de Estados Unidos o Europa”, explica Breda, en referencia a las exigencias de Washington y Bruselas de liberar a los presos políticos, denunciar los abusos a los derechos humanos y exigir elecciones libres y transparentes en Nicaragua. “Cuando se intentó llevar a Nicaragua ante el Consejo de Seguridad de la ONU, China y Rusia se opusieron, vetaron un proyecto de resolución”, recuerda Breda. “Creo que al final de cuentas lo que busca Daniel Ortega es insertar a Nicaragua en esta contienda geopolítica entre estas tres potencias [EE UU, China y Rusia] e incomodar a Estados Unidos”, advierte el analista.

A Taiwán le ayuda cada vez menos su diplomacia del dólar y el derroche de millones entre sus aliados, principalmente latinoamericanos. Nicaragua es el octavo país que abandona a Taiwán por China en cinco años, después de Burkina Faso, República Dominicana, Sao Tomé y Príncipe, Panamá, El Salvador, las islas Salomón y Kiribati. Ello deja al Gobierno de Taipei con solo catorce países con los que mantiene relaciones diplomáticas formales, concentrados principalmente en América Latina y el Caribe, informa Macarena Vidal Liy. A inicios de febrero, el presidente de Argentina, Alberto Fernández, inició una gira de cinco días por Rusia y China para atraer inversiones. China aspira a invertir miles de millones de dólares en el país sudamericano, en proyectos que incluyen desde represas en la Patagonia a una central nuclear en la provincia de Buenos Aires.

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Este avance de China en la región mantiene preocupada a la Administración del presidente estadounidense Joe Biden, quien ha encargado a la embajada Laura Dogu, designada como su representante en Tegucigalpa, una estrategia de contención para evitar que el Gobierno de Xiomara Castro rompa relaciones con Taiwán, una decisión que la mandataria había contemplado durante su campaña, aunque tras su toma de posesión aseguró que mantendrá los lazos con la isla.

Durante su audiencia de confirmación ante el Senado, en Washington, el 9 de febrero, Dogu aseguró que trabajará para “fomentar” la relación de Honduras con Taiwán. “Si soy confirmada, dejaré en claro la importancia de la relación Honduras-Taiwán y haré todo lo posible para mejorar las asociaciones de Honduras con otras democracias”, dijo la diplomática. Para Washington el tema es tan importante que hasta algunos senadores han hecho un llamado a Castro para que no se deje convencer por las promesas de Pekín. El republicano Marco Rubio, férreo crítico de gobiernos de izquierda en la región, catalogó a la isla como “un modelo” y exigió a Dogu “usar su amplia experiencia diplomática previa, incluidos en lugares muy difíciles como Nicaragua”, para que Honduras se mantenga como aliada de Taiwán.

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Carlos Salinas Maldonado

Redactor de la edición América del diario EL PAÍS. Durante once años se encargó de la cobertura de Nicaragua, desde Managua. Ahora, en la redacción de Ciudad de México, cubre la actualidad de Centroamérica y temas de educación y medio ambiente.

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