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China expulsa a tres periodistas de ‘The Wall Street Journal’ en represalia por una columna de titular racista

El anuncio llega horas después de que la Administración Trump impusiera medidas restrictivas contra los medios estatales chinos en EE UU

The Wall Street Journal
Un hombre con una máscara camina frente a los retratos del presidente chino Xi Jinping y el difunto presidente Mao Zedong, el pasado 10 de febrero en Shanghái. REUTERS

Pekín ha anunciado este miércoles la expulsión de tres periodistas del diario económico estadounidense The Wall Street Journal como represalia por la publicación en ese medio de una tribuna con un titular que había considerado racista. La declaración del ministerio de Asuntos Exteriores chino, en la rueda de prensa diaria de su portavoz, llega un día después de que Estados Unidos impusiera medidas restrictivas a las corresponsalías de los medios estatales chinos en su suelo, al considerarlos un brazo de la propaganda oficial de su país. Washington condenó la decisión, argumentando que la reacción correcta es "presentar argumentos contrarios, no restringir el discurso".

La columna se titulaba China is the Real Sick Man of Asia (“China es el verdadero enfermo de Asia”, una denominación que en ese país evoca los abusos extranjeros del siglo XIX). Está firmada por el profesor Walter Russell Mead, del Bard College en Estados Unidos, y había suscitado ya una queja rotunda de las autoridades chinas, que consideraban que la tribuna “ensucia los esfuerzos del Gobierno y el pueblo chino en la lucha contra la epidemia” de Covid-19 en el país. El 8 de febrero, el profesor Mead, envió un mensaje "sin ninguna razón en particular" a sus seguidores chinos en Twitter: "En los periódicos estadounidenses, los articulistas generalmente NO escriben ni aprueban los titulares. Con el escritor del artículo discuta sobre el contenido, pero con los editores sobre los titulares".

Pekín exigía una disculpa oficial y represalias contra los responsables de que el artículo se hubiera publicado, algo que, asegura, no ha ocurrido. “El pueblo chino no da la bienvenida a los medios que utilizan lenguaje racial discriminatorio y que con malicia difaman y atacan a China. Por tanto, se ha decidido que, con fecha de hoy, se revocarán las credenciales de prensa a tres periodistas del Wall Street Journal”, ha declarado el portavoz de Exteriores, Geng Shuang, en una rueda de prensa por Internet. El sistema chino implica que, al no tener credencial de prensa, el permiso de residencia de un periodista se anula de inmediato, lo que equivale a una expulsión.

Los tres periodistas, que no han participado en el proceso de escritura o publicación del artículo criticado —los departamentos de noticias y opinión funcionan por separado— son el número dos de la corresponsalía, Joshua Chin, de nacionalidad estadounidense; el reportero australiano Philip Wen y la reportera estadounidense Chao Deng, según ha publicado el propio diario.

El editor de The Wall Street Journal y consejero delegado de la compañía Dow Jones, William Lewis, afirmó este miércoles en el periódico estadounidense que se sienten "profundamente decepcionados" por la decisión que tomó Pekín y le pidió al ministerio de Relaciones Exteriores de China que la reconsiderara. "Nuestras páginas de opinión publican regularmente artículos con opiniones con las que las personas no están de acuerdo, o están de acuerdo, y no era nuestra intención ofender con el titular del artículo", sostuvo Lewis. "Sin embargo, esta [publicación] claramente ha provocado malestar y preocupación entre el pueblo chino, lo que lamentamos". El secretario de Estado Mike Pompeo condenó en una declaración la expulsión de los reporteros y dijo que los países "responsables y maduros" cuentan con una prensa libre que informa hechos y expresa opiniones.

Es la primera vez en más de 30 años que China expulsa de golpe a varios periodistas de un medio. Los tres reporteros tendrán ahora cinco días para abandonar el país. China ha expulsado a varios periodistas extranjeros en los últimos ocho años en represalia por sus coberturas, aunque hasta ahora nunca había reconocido que fueran deportaciones. 

Dado que los corresponsales deben renovar su credencial de prensa y permiso de residencia cada año, simplemente no se emitían las nuevas tarjetas, lo que forzaba al corresponsal a abandonar el país. Entre los castigados de este modo en los últimos años se encuentra la excorresponsal de la revista francesa L’Obs, Ursula Gauthier, por una columna muy crítica sobre el trato a los uigures en Xinjiang, o el corresponsal del WSJ, Chun Han Wong, por un reportaje sobre las actividades financieras de un familiar del presidente chino, Xi Jinping. Cuando se publicó el artículo coescrito por Wong, el ministerio de Relaciones Exteriores chino le llamó la atención al WSJ, advirtiéndole sobre posibles "consecuencias no especificadas", según el propio diario.

En un comunicado, el Club de Corresponsales Extranjeros en China (FCCC) ha expresado su “profunda preocupación y firme condena” sobre la cancelación de los visados de los tres periodistas. “La medida tomada contra los corresponsales del WSJ es un intento evidente y extremo de las autoridades chinas de intimidar a los medios extranjeros al tomar represalias contra sus corresponsales en China”, ha agregado.

“Los corresponsales miembros del FCCC y sus colegas en China sufren con cada vez mayor frecuencia acoso, vigilancia e intimidación por parte de las autoridades. La expulsión de los tres periodistas del WSJ es solo la última, y más alarmante, medida que han adoptado las autoridades”, finaliza el comunicado.

El anuncio del ministerio chino llega horas después de que la Administración del presidente estadounidense Donald Trump indicara este martes que empezará a tratar a cinco compañías periodísticas estatales chinas que mantienen corresponsalías en EE UU como embajadas extranjeras. Entre las compañías se encuentran la agencia oficial de noticias Xinhua, China Global Television Network, conocida como CGTN, y China Daily Distribution Corp, a las que se les obligará a registrar sus propiedades y a sus empleados ante el Departamento de Estado. La medida incluye aportar los nombres, edades y direcciones, información que le será entregada a otras agencias gubernamentales estadounidenses, como las unidades de inteligencia.

En una sesión informativa con periodistas, dos altos funcionarios estadounidenses del Departamento de Estado que hablaron con la condición del anonimato indicaron que la decisión se tomó debido al control cada vez mayor del Gobierno chino sobre sus medios. Desde su llegada al poder hace siete años, Xi ha sido cada vez más proclive a utilizarlos para difundir propaganda favorable a Pekín, según han asegurado: “Estos [periodistas] son, en realidad, brazos del aparato de propaganda del Partido Comunista de China”. También aclararon que la decisión no está vinculada a ningún hecho reciente en las relaciones chino-estadounidenses y que la estaban considerando desde hace tiempo.

"Somos dolorosamente conscientes del duro entorno en el que los periodistas estadounidenses y otros reporteros extranjeros trabajan en China", afirmó uno de los funcionarios estadounidenses, y agregó: "La libertad de prensa está bajo un severo asedio en la República Popular de China". En su rueda de prensa, Geng, el portavoz de Exteriores chino, respondió a esas acusaciones: “Estados Unidos presume de su libertad de prensa. Sin embargo, restringe sin motivo las operaciones normales de los medios chinos en su territorio. Esto es injustificado e inaceptable”. El portavoz también advirtió de que se reservan “el derecho de adoptar medidas de represalia”.

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