LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

“No atender la demanda de los pueblos amazónicos ahora significa mandarlos a la muerte”

La antropóloga peruana Luisa Elvira Belaunde analiza la situación de las comunidades de la Amazonia, que piden alimentos, medicinas y herramientas para sobrevivir durante la cuarentena

La antropóloga Luisa Elvira Belaunde.
La antropóloga Luisa Elvira Belaunde.Cortesía

En Perú, el primer diagnóstico de la covid-19 se registró el 6 de marzo y hasta después de cinco semanas el Gobierno preparó un plan para que los pueblos indígenas afrontaran la pandemia. La primera propuesta del Ejecutivo, el pasado viernes, fue entregar un subsidio individual, pero las organizaciones amazónicas lo han rechazado por los riesgos que implica y han solicitado víveres y control de embarcaciones. En entrevista, la antropóloga peruana Luisa Elvira Belaunde Olchewski, que investiga desde hace décadas a los pueblos amazónicos de Perú y Brasil, da algunas indicaciones para evitar una hecatombe en esa población, que representa unas 300.000 personas solo en Perú. Belaunde se ha especializado en los aspectos culturales de los procesos de interconexión de los indígenas de la Amazonia con la sociedad nacional. Hoy es profesora en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Perú y lo fue en la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), un centro heredero del legado de Claude Lévi-Strauss.

Pregunta. ¿La población en la Amazonia padece algunas enfermedades que la exponen a una mayor vulnerabilidad si se contagian?

Respuesta. La monetización de la economía amazónica ha traído cambios en la alimentación y, por tanto, nuevas condiciones de salud. La monetización se debe a actividades extractivas destructivas del bosque, como la extracción de madera o de hidrocarburos, que destruyen los árboles, el hábitat de animales, y la pesca.

P. ¿Destruyen también la posibilidad de consumir proteínas?

R. Sí, también destruyen la posibilidad de hacer chacras [trabajar la tierra] por polución, por destrucción y por bulla. Como aquellas actividades generan dinero, las personas ya no tienen acceso a los recursos del bosque y del río, pero sí a comerciantes, entonces, consumen arroz, fideos, atún enlatado, menestras y gaseosas. El dinero genera nuevos deseos, especialmente en los niños, como las gaseosas y caramelos que generan diabetes en los adultos y caries. Además, causa el desprecio por las formas particulares de alimentación, como el masato, una especie de cerveza elaborada con yuca, un protector de la flora intestinal.

P. ¿Esos productos permiten una alimentación balanceada?

R. La población se vuelve dependiente de alimentos no adecuados porque tienen alto azúcar, son refinados y fomentan los parásitos. El masato permitía combatir los parásitos. Con el dinero, viene el acceso a alcohol barato como aguardiente o cervezas. Esas nuevas condiciones traen diabetes, anemia generalizada, presión alta por el uso excesivo de sal y alimentos refinados, son consecuencia de la monetización de la economía.

R. ¿Las comunidades se han aislado para protegerse del virus y se desabastecieron?

R El problema del suministro de alimentos vegetales es que no hay tierras cultivadas porque estaban viviendo de trabajos legales o ilegales o arrendaban sus tierras. Por ejemplo, el pueblo matsiguenga no tiene yuca, [la etnia vive cerca del gran yacimiento de gas de Camisea]. Hay muchos lugares donde no hay qué comer por el abandono de tierras. Por una presión enorme de las actividades legales e ilegales, en los últimos cinco años, la autosuficiencia alimentaria de los pueblos indígenas ha sido quebrada deliberadamente.

P. Quien piensa que quien está en la selva tiene todo para comer, está equivocado.

R. Ya no hay animales ni peces. En pocos lugares quedan animales, la bulla los espanta. Hoy en la Amazonia es muy raro que no haya alguna actividad extractiva legal o ilegal, entonces es fuerte el problema de falta de proteína. La semana pasada ha habido un derrame de petróleo en el río Napo, entonces no hay peces.

P. El sistema al que entraron está casi paralizado.

R. Por eso la demanda de víveres e implementos es tan urgente para que puedan autoaislarse en la cuarentena. No me sorprendería que dentro de un mes o dos volvieran a hacer chacra, pero en este momento, no atender su demanda es mandarlos a la muerte porque van a ir a buscarlos a la ciudad.

P. ¿A qué implementos se refieren?

R. Necesitan cartuchos para cacería, anzuelos de diferente tamaño, hilo nylon, fósforos, baterías y gasolina para la radiocomunicación, esa radio antigua de “¿me copia, me copia?”. Muchos aún tienen móvil con crédito, pero ¿cómo van a poner recargas si deben mantenerse aislados? Para cazar y pescar de noche ahora usan la linterna y necesitan baterías, quizá en un tiempo volverán a pescar sin luz.

P. También piden mayor control de las embarcaciones.

R. Lo ideal es tener todo controlado, ríos y ciertas carreteras interiores. La Central Ashaninka del Río Ene ha reportado tránsito fuerte en una carretera escondida que va de la selva de Junín a Cusco y nadie supervisa. Se debe controlar a los comerciantes y también el paso de sustancias ilícitas. Pero algo más importante: hasta ahora no hay un protocolo estatal sobre cómo entregaría la ayuda a las comunidades indígenas. Las empresas de hidrocarburos tienen la logística para llegar a todas partes; camiones y helicópteros. La propuesta es que la entrega de víveres no sea individual ni por familia, sino por comunidad: de ese modo se evita el contacto y las colas.

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