Crisis del coronavirus

La pandemia frena el ascenso de Biden en la campaña para las presidenciales de EE UU

El exvicepresidente y su adversario Bernie Sanders apelan a sus seguidores vía ‘streaming’ y cada vez son más los Estados que aplazan sus primarias para junio

El precandidato demócrata Joe Biden en una comparecencia en Wilmington, Delaware.
El precandidato demócrata Joe Biden en una comparecencia en Wilmington, Delaware.TRACIE VAN AUKEN / EL PAÍS

El coronavirus ha revolcado los planes de todo el planeta. Los de Joe Biden, también. El favorito para la nominación demócrata, resguardado en su casa para cumplir con las recomendaciones de aislamiento de las autoridades, se enfrenta a un escenario cada vez más complejo de cara a las elecciones de noviembre. Donald Trump, que se refiere a sí mismo como “un presidente de guerra”, controla el ciclo informativo con extensas ruedas de prensa y goza de una popularidad que acaba de alcanzar su máximo desde que llegó a la Casa Blanca. El nuevo tablero del juego está pasando factura al exvicepresidente, a juzgar por los últimos sondeos. En febrero le sacaba siete puntos de ventaja a Trump y, ahora, según la misma encuesta de ABC y The Washington Post, están prácticamente empatados (47%-49%). Mientras tanto, en las casas de apuestas creen que el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, uno de los políticos más aplaudidos durante esta crisis, ya supera a Bernie Sanders como el candidato con más opciones de ganar la nominación.

Mientras, la campaña demócrata ha quedado eclipsada por los acontecimientos. Un reportero preguntó a mediados de marzo a Sanders sobre el estado de su campaña, luego de que este acumulara varias derrotas seguidas frente a Biden. “Estoy lidiando con una maldita crisis mundial”, le respondió el senador por Vermont, en relación con la pandemia. Los estragos que está causando el brote tiene congelada la campaña del Partido Demócrata. El equipo del veterano socialista afirmó el martes pasado que si se celebra un debate en abril, tiene previsto participar, despejando las dudas sobre un posible abandono de la carrera. Sin embargo, el Comité Nacional Demócrata (DNC, por sus siglas en inglés) no ha establecido un socio mediático, un lugar, ni una fecha, información que suele entregarse con un mes de antelación.

La DNC prometió 12 debates al arrancar la carrera demócrata, en la que los candidatos superaron la veintena. Ahora que por primera vez hay solo dos aspirantes en liza, el debate que falta está en el aire. El último, celebrado el 15 de marzo, se trasladó de Arizona a Washington DC para que los equipos de Biden y Sanders no tuvieran que trasladarse en circunstancias en las que se pide evitar los viajes. La entonces candidata Tulsi Gabbard no cumplió con los requisitos para estar en el plató, por lo que fue el primer cara a cara entre los líderes de la nominación. Sanders llegó herido a ese encuentro tras acumular derrotas en Estados claves del Supermartes. Desde entonces, la tendencia de los votantes ha continuado favoreciendo a Biden en la mayoría de los territorios.

El hecho de que Sanders quiera participar en la posible próxima cita descoloca a cualquiera que espera su retirada, como varios estrategas del partido, dadas las escasas opciones de remontada esperando su retirada. El exvicepresidente le saca una ventaja de más de 300 delegados y las encuestas apuntan a que la diferencia solo se irá ensanchando a medida que voten los Estados restantes. Biden no entra al barro sobre cuándo debería despejarle el camino su compañero de carrera. “Es su decisión”, sostuvo hace unos días.

Los esfuerzos del exvicepresidente se han centrado en transmitir un discurso presidencial sobre cómo se debería estar manejando la crisis del coronavirus, haciendo hincapié en su experiencia y en sus desacuerdos con el manejo de Trump. Pero la nueva realidad de la campaña, básicamente solo a través de Internet, sumada a que no tiene ahora mismo un cargo público, ha rebajado su perfil y el momentum –el impulso- que consiguió tras el triunfo de varios Estados relevantes se apaga. Para contrarrestar esto, ha construido un estudio de televisión en su casa de Wilmington, Delaware. Desde ahí concede entrevistas y le habla en directo a sus seguidores. Pero el escenario sigue siendo adverso. La semana pasada, por ejemplo, las cadenas de televisión transmitieron la comparecencia del gobernador Cuomo, en vez de su mensaje.

En otro intento de ganar presencia en la descomunal crisis económica y social, la campaña de Biden lanzó una potente campaña publicitaria en torno a la respuesta de Trump al coronavirus. El republicano ha alcanzado su nivel máximo de popularidad, con un 49% de aprobación, según la encuesta de Gallup publicada el pasado miércoles. El repunte se debió principalmente a un aumento en el apoyo de los demócratas (+13) e independientes (+8). El estudio también revelaba que el 60% respalda la respuesta del mandatario ante esta crisis.

La presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, criticó el domingo la reacción de Trump a la pandemia, afirmando que “su negación al comienzo fue mortal” y que mientras él “toca el violín, la gente está muriendo”. “Ella es una cachorra enferma... lo que dijo es terrible”, afirmó este lunes por la mañana el presidente en el programa Fox & Friends. “Los números de mis encuestas son los más altos que han tenido gracias a ella”, agregó.

Sanders, por su parte, ha aprovechado su papel de senador para discutir con expertos vía streaming las propuestas que se deberían aprobar en el Congreso para paliar la crisis. Esto fue antes de que el Senado aprobara por unanimidad el mayor paquete de rescate de la historia de Estados Unidos: dos billones de dólares. La Cámara alta ahora está en receso hasta el 20 de abril, lo que puede jugarle a favor o en contra del candidato, que ya no tiene la tribuna obligada de Washington. Su equipo de campaña de recaudación de fondos instó a sus seguidores a través de un correo electrónico a que repartan sus donaciones entre cinco organizaciones dedicadas a ayudar a los afectados por la crisis.

El coronavirus no ha trastocado solo la campaña, sino también el calendario electoral. Al menos siete Estados han aplazado sus primarias para el 2 de junio, convirtiendo la fecha en la segunda con mayor cantidad de delegados en juego después del Supermartes. Por ahora, 10 Estados y el Distrito de Columbia tienen previsto acudir a las urnas ese día. Cuomo afirmó este sábado que Nueva York podría trasladar sus primarias del 28 de abril al 23 de junio. The New York Times apunta que después de la fecha original ya debería haber un rotundo ganador en la contienda demócrata. Sin embargo, si se cambian a junio y no hay una baja, el ganador —previsiblemente Joe Biden— no tendrá demasiado tiempo para hacer campaña como candidato oficial por el partido, ni contará con victorias contundentes en el camino que atraigan la atención de los medios. Otra variable difusa en su propia crisis.

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