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Muere Joel Filártiga, el médico paraguayo que enfrentó a Stroessner

Su vida y lucha para lograr justicia por el asesinato de su hijo en manos de la dictadura fue imortalizada en la cinta 'Un hombre en guerra', protagonizada por Anthony Hopkins

El artista y activista Joel Filártiga, durante un homenaje en el Congreso paraguayo en noviembre de 2018.
El artista y activista Joel Filártiga, durante un homenaje en el Congreso paraguayo en noviembre de 2018. EFE

El médico y pintor paraguayo Joel Filártiga (Ybytymí, Paraguarí, 1932) falleció en Asunción el pasado viernes de frío y húmedo invierno austral a los 86 años. Filártiga es conocido por su lucha y la de su familia en busca de justicia por el secuestro, tortura y asesinato de su hijo de 17 años perpetrado por la dictadura de Alfredo Stroessner, la más duradera de América del Sur. Su historia fue inmortalizada en una película protagonizada por Anthony Hopkins y Norma Aleandro.

Siempre con su larga y canosa barba, Filártiga se movía hace tiempo en silla de ruedas y llevaba varias semanas hospitalizado por causas que la familia no ha divulgado. Sus amistades, medios de comunicación, compañeros de lucha e intelectuales de todo Paraguay le despidieron el sábado en su sepelio y con emotivos mensajes en las redes sociales. En noviembre del año pasado fue homenajeado por el Senado paraguayo por "su inquebrantable lucha por la salud, la libertad y la justicia".

La película de 1991 Un hombre en guerra (La guerra de un solo hombre, en España) muestra a Anthony Hopkins, recién laureado con un Oscar por El Silencio de los Corderos, encarnando al “Doctor Filártiga” en 1976, como siempre fue conocido el médico don Joel en este país sudamericano, en que cualquier abogado se hace llamar doctor.

Filártiga vivía con su familia entre Asunción, la capital paraguaya, e Ybycuí, un pueblito retirado a unos 120 kilómetros al sur. Allí abrió una clínica para atender a personas sin recursos que financiaba con la venta de sus cuadros en Estados Unidos, donde había estudiado.

El doctor era muy molesto para un régimen de inspiración (y refugio) nazi y fascista con el poder centralizado en el general Stroessner, con el Ejército, todo el Estado, y el Partido Colorado a su servicio desde 1954 y hasta 1989.

Filártiga, de una familia cercana al dictador, se atrevía en aquellos tiempos a recibir en su clínica a los torturados por la policía y a los más empobrecidos, que carecían de cualquier asistencia médica pública. En sus viajes a Estados Unidos, para traer modernos equipamientos médicos inexistentes en Paraguay, también denunciaba públicamente las violaciones a los derechos humanos por parte del Estado y el uso masivo de agroquímicos sobre los campesinos, lo que seguía haciendo hasta hoy.

En represalia a su honestidad y altruismo y para implicarle como “comunista”, el entonces inspector de la policía Américo Norberto Peña Irala secuestró con otros cinco hombres y torturó hasta la muerte, el 29 de marzo de aquel año, a su hijo de 17 años, Joelito Hugo Filártiga.

“A Joelito le practicaron descargas eléctricas en sus genitales, le desgarraron las uñas, le destrozaron las muñecas, le dejaron el cuerpo totalmente magullado y hasta le pusieron un alambre en el pene. Le perforaron el mediastino”, contó este viernes Dolly Filártiga, hermana de Joelito, en una entrevista en radio Monumental.

Los torturadores y asesinos uniformados despertaron esa madrugada a Dolly, que tenía 20 años en aquel momento, y la sacaron de su casa para mostrarle el cadáver de su hermano. En seguida pudo ver los golpes y cortes que tenía por todo el cuerpo. Junto a su padre fotografiaron las heridas, documentaron y denunciaron los hechos. Pero el régimen se encargó de encubrir la historia y difamar a la familia Filártiga. Incluso intentó encarcelar a Dolly y a su madre.

Victoria judicial sin precedentes en EE UU

Agotados los corruptos recursos judiciales nacionales de entonces, y sabiendo que el principal responsable, Américo Peña, se había escapado a Nueva York, Dolly y Joel viajaron a Estados Unidos en 1978. Dolly pidió asilo político, y denunció a Peña ante las autoridades aprovechando que él estaba en situación irregular. Cuando lo llevaban a la corte para deportarlo, Dolly lo denunció por la tortura y asesinato de su hermano, pidiendo en compensación una indemnización de unos 10 millones de dólares.

En 1980, un juzgado neoyorquino le dio la razón a la familia Filártiga y sentó un precedente judicial en Estados Unidos y para la legislación universal: cortes estadounidenses castigaban a un ciudadano no estadounidense por un crimen de torturas cometido fuera de Estados Unidos, pero que violaba el derecho internacional que el país norteamericano suscribe, y ordenaban a otro Estado a indemnizar a las víctimas.

“En EE UU me persiguieron mucho cuando se enteraron de que buscábamos Justicia. Yo tuve que mudarme 29 veces en cuatro años. Atentaron varias veces contra mi vida, tengo muchas cicatrices en la cara. Me mandaron 52 pyragüe (delatores, en guaraní) y algunos malos periodistas, pero tenía que sobrevivir”, contó Dolly.

Consiguieron justicia pero no reparación, pues todavía no han recibido la indemnización. Los Filártiga continuaron investigando los crímenes de la dictadura y fueron determinantes en la formación de la Comisión de Verdad y Justicia que documentó con más de dos mil testimonios entre 2004 y 2008 las violaciones de derechos humanos como detenciones ilegales, torturas, ejecuciones extrajudiciales, desapariciones, exilios forzados y otras sufridas, según sus cálculos, por el 80 por ciento de la población paraguaya durante la dictadura.

“La muerte del doctor Filártiga es una gran perdida. Los más jóvenes tenemos la obligación ética de seguir luchando”, dice a EL PAÍS Rogelio Goiburú, director de Memoria Histórica y Reparación del Ministerio de Justicia de Paraguay, una institución que sobrevive a varios gobiernos, pero sin recursos económicos, ni humanos ni materiales: Apenas una lúgubre y pequeñísima oficina sirve para albergar el trabajo de este equipo en Asunción.

“Joelito era un estudiante brillante, un pujante luchador progresista ya entonces”, recuerda Goiburú. “Y el doctor Filártiga siempre luchó contra la corrupción, los agrotóxicos, la soja. Y por tanto contra Stroessner, que entregó el país a los yankis y a los brasileros”, agregó el también médico y buscador de justicia y de memoria por un familiar desaparecido en la dictadura: su propio padre.

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