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Paraguay conmemora sin actos oficiales 30 años del fin de la dictadura

El presidente Mario Abdo, hijo del secretario privado de Alfredo Stroessner, opta por el silencio

Paraguay
Los dictadores Alfredo Stroessner (izquierda) de Paraguay y Augusto Pinochet de Chile, en 1974. Reuters

Asunción se llena este fin de semana de actividades culturales para refrescar la memoria a 30 años del principio del fin del régimen que torturó, asesinó y exilió a miles de paraguayos. Febrero comienza con presentaciones de libros que narran con detalle las consecuencias de la dictadura. Una marcha bajo el lema “Memoria, juicio y castigo” recorrerá este sábado el centro de la capital. Habrá además actuaciones teatrales, conciertos, exposiciones fotográficas y medios de comunicación recordando historias de los luchadores contra el régimen de Alfredo Stroessner Matiauda, el militar que estableció la dictadura más larga de América del Sur (1954-1989). Una agenda cargada para conmemorar el 2 de febrero los treinta años del comienzo de la era democrática, tras un aislamiento casi total de tres generaciones en un territorio tan grande como Francia o España pero con una décima parte de población. El Gobierno, en cambio, no participará de las celebraciones.

El terror de aquellos días se analiza y denuncia hoy desde las organizaciones civiles pero sin apoyo estatal alguno. El Gobierno de Mario Abdo Benítez, hijo de Mario Abdo, eterno secretario privado de Stroessner, no ha promovido actividades ni ha hecho gestos para recordar. Esta misma semana, el mandatario, rodeado de periodistas, cámaras y micrófonos, esquivó una pregunta sobre el significado histórico que atribuye al 2 y 3 de febrero de 1989, cuando el consuegro de Stroessner, el general Andrés Rodríguez, se sublevó y encarceló al todopoderoso. “Es el aniversario de Ciudad del Este. Vamos a estar por ahí”, dijo, y luego estalló en una carcajada. Más tarde, en redes sociales, el Presidente escribió, sin referencia alguna a la dictadura estronista: "Mi postura sobre el respeto a los valores democráticos es muy clara y la mostramos con hechos. Seguimos trabajando en el fortalecimiento de las instituciones, en la independencia de los poderes del Estado. Un compromiso asumido hasta fuera de nuestras fronteras".

Acudir a Ciudad del Este, la segunda ciudad del país, justo el día en que se conmemora el golpe que tumbó al dictador no es casual. La ciudad ahora famosa por el contrabando y el narcotráfico se llamó Puerto Presidente Stroessner desde su fundación y hasta la caída del régimen. El actual mandatario, un exempresario con contratos con el Estado, es miembro del Partido Colorado, el mismo con el que gobernó el caudillo hasta su exilio, y el mismo que ha seguido en el poder hasta ahora con la única excepción del Gobierno del exobispo Fernando Lugo, entre 2008 y 2012.

El día de la elección que Abdo Benítez ganó el año pasado también fue aprovechado para una cita simbólica. El aún candidato visitó el cementerio de la Recoleta en Asunción, donde está el mausoleo de su padre, pegado al que construyeron para Stroessner, que lo hubiera ocupado si no hubiera sido enviado al exilio. El mismo Abdo Benítez acudió al entierro de Stroessner en Brasilia, donde falleció en 2006.

Este sábado, historiadores, escritores y activistas opositores al Partido Colorado recordarán a las 19.862 personas detenidas arbitrariamente por la dictadura, a las 18.772 torturadas, a las 336 que aún están desaparecidas y a las más de 3.470 que fueron obligadas a exiliarse. En ese listado está uno de los más insignes escritores paraguayos, Augusto Roa Bastos, premio Miguel de Cervantes en, precisamente, 1989.

Lo cierto es que en Paraguay no existieron leyes de amnistía o de punto final porque “el Estado, a través de los siguientes gobiernos, no hizo justicia con los crímenes de la dictadura estronista o avanzó muy poco”, dijo el secretario ejecutivo de la Coordinadora de Derechos Humanos de Paraguay (Codehupy), Oscar Ayala Amarilla. “Actualmente, Paraguay incumple condenas internacionales en materia de derechos humanos relacionadas a otros casos ocurridos durante el estronismo, pero también otros que han pasado ya durante los siguientes gobiernos de la transición democrática. Estas condenas responsabilizaron al Estado paraguayo por delitos de detención arbitraria, tortura y tratos crueles, desaparición forzada, ejecución extrajudicial y falta de investigación adecuada en la justicia local. Al no existir una cultura estatal que investigue exhaustivamente y condene estos crímenes, muchas de las mismas prácticas, como la tortura y tratos crueles, siguen registrándose”, agregó Ayala.

Memoria viva en la calle

A Guillermina Kannonikoff la detuvo y torturó la policía estando embarazada de siete meses. Dio a luz en prisión, donde también se enteró del asesinato de su esposo Mario Schaerer Prono. Era 1976 y todavía faltaban 13 años para la caída de Stroessner. “No es para hacer bromas, duele, yo tuve pérdidas que ni con toda la indemnización se recupera. Se pasó de la raya. Toda una sociedad hasta hoy está arrastrando lo que dejó la dictadura”, comentó en radio La Unión.

La memoria de la dictadura estronista está viva, no solo en sus víctimas. Todavía hoy, al caminar frente a una de las comisarías de la policía nacional del centro de Asunción, se puede leer en un cartel la leyenda “Prohibido detenerse en esta cuadra”.

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