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El socialista Timmermans se pone en cabeza para lograr presidir la Comisión Europea

Los líderes europeos se reúnen este domingo para decidir los altos cargos de la UE

El vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, en 2018 en Bruselas.
El vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, en 2018 en Bruselas. AFP

Manfred Weber y Frans Timmermans han vuelto. Los llamados candidatos principales (o spitzenkandidat) a la presidencia de la Comisión Europea, descartados en la cumbre europea de la semana pasada, vuelven a estar en la mesa de negociación, aunque con suerte desigual para cada uno de ellos. Tras los contactos de las últimas horas, el socialista Timmermans se ha puesto en cabeza para hacerse con el preciado puesto.

Los conservadores siguen apoyando a su aspirante, el alemán Manfred Weber, pero están dispuestos a sacrificarlo con tal de salvar el sistema de elección (conocido por el término alemán spitzenkandidat) estrenado en 2014, que reserva a los partidos la designación de sus propios aspirantes antes de las elecciones al Parlamento Europeo. El presidente francés, Emmanuel Macron, sigue considerando inaceptable ese sistema pero no ha rechazado abiertamente la posibilidad de Timmermans, hasta ahora vicepresidente de la Comisión y exministro de Exteriores de Holanda (2012-2014), y la ha supeditado al veredicto de la cumbre del domingo.

La carambola a favor de los socialistas llega impulsada desde Berlín por la canciller alemana, Angela Merkel, resignada a aceptar un sistema de spitzenkandidat que tampoco le agrada pero que cuenta con importantes apoyos dentro de su partido (CDU/CSU) y entre la opinión pública alemana. La salvación del modelo pasaría por renunciar a la presidencia de la Comisión, a la que aspiraba Weber como representante de la fuerza más votada en las elecciones al Parlamento Europeo del pasado mes de mayo, y cederla a los socialistas, segundo partido más votado.

El nuevo reparto de papeles entre conservadores y socialistas, si se confirma, podría dejar a España sin el cargo de Alto Representante de Política Exterior, que parecía reservado para Josep Borrell. En todo caso, pase lo que pase en la cumbre de este domingo, parece claro que los partidarios de enterrar el llamado proceso de los spitzenkandidat han fracasado y el Parlamento Europeo vuelve a salirse con la suya frente al impulso contrario de líderes como Macron.

“En cualquier caso, los dos candidatos principales [Weber y Timmermans] son parte de la solución”, ha sentenciado la canciller alemana, Angela Merkel, en la rueda de prensa posterior a la cumbre del G-20 en Osaka. La ciudad japonesa ha sido el escenario de los regateos de última hora entre los principales líderes europeos que asistían a la cumbre, entre ellos, el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez.

Las palabras de Merkel apuntan a una posible entente entre conservadores y socialistas para salvar el proceso de los spitzenkandidat, estrenado en 2014 con el nombramiento del candidato del Partido Popular Europeo, Jean-Claude Juncker, con el apoyo de los socialistas. El trato obligaría al PPE a devolver el favor y votar esta vez a favor del candidato socialista a pesar de que los conservadores se han alzado de nuevo con la victoria en las elecciones al Parlamento Europeo del pasado mes de mayo.

Sánchez, que negocia en nombre de los socialistas, parece respaldar la fórmula. “Lo más importante”, señaló el español desde Osaka, es “un cambio político en la Comisión Europea”. Los populares presiden el organismo desde 2004 y los socialistas, segunda fuerza más votada en mayo, reclaman el cargo para visualizar una alternancia que parecía olvidada a nivel europeo.

El trueque podría dejar en manos conservadoras o liberales el puesto de Alto Representante, ocupado desde su creación en 2009 por dos políticas socialistas, la británica Catherine Ashton (2009-2014) y la italiana Federica Mogherini (en la actualidad). Borrell se perfilaba como el heredero de una cartera que apunta, incluso, a una ampliación de sus competencias con la incorporación de la política comercial y la de ayuda al desarrollo.

Pero Sánchez parece dispuesto a sacrificar el cargo con vistas a un acuerdo global. Una vez lograda la presidencia para los socialistas, señaló el presidente del Gobierno, “trabajaremos por tener una de las mejores carteras” en la Comisión. El propio Borrell, con experiencia en casi todos los terrenos, podría aspirar a cualquier otro cargo ejecutivo.

Pero si la presidencia recala finalmente en Timmermans, varón de 58 años, el Gobierno español, según fuentes diplomáticas, podría buscar el contraste con una candidata femenina y que visualice el relevo generacional. En ese caso, se abren posibilidades, entre otras, para la ministra de Economía, Nadia Calviño, con opciones a una potente vicepresidencia económica, o la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, favorita para la vicepresidencia de sostenibilidad que se podría crear.

Pero los contactos de Osaka no han resuelto aún las diferencias entre los Gobiernos europeos. El acuerdo definitivo sobre la presidencia de la Comisión necesita la aprobación en la cumbre de este domingo por mayoría cualificada reforzada de los 28 Estados miembros de la UE. Es decir, Timmermans, si se confirma su nombre, necesitaría el apoyo de al menos 21 socios que representen como mínimo el 65% de la población europea.

El socialista levanta serios rechazos en los países de Europa central y del Este, dado que, como vicepresidente de la actual Comisión, ha sido el azote de las derivas autoritarias de varios Gobiernos. Polonia y Hungría, previsiblemente, podrían votar en contra. República Checa y Eslovaquia, dados sus lazos con Varsovia y Budapest, podrían solidarizarse. Y Rumania y Bulgaria, también en el punto de mira de la Comisión, tampoco son entusiastas de Timmermans.

Aun así, esos países no cuentan con minoría de bloqueo suficiente. Ni siquiera si logran el apoyo de Italia, donde el Gobierno de 5 Estrellas y Liga podría intentar sabotear la candidatura de Timmermans. Solo el apoyo de Francia, con el voto en contra o con la abstención, podría bloquear la designación de Timmermans.

Otros cuatro puestos en juego

La designación del candidato a presidir la Comisión Europea es la primera pieza de una cúpula comunitaria pendiente de renovación. Si se desbloquea, el resto se colocarán tomando en cuenta los equilibrios políticos, geográficos y de género. El Partido Popular Europeo podría hacerse con la presidencia del Parlamento Europeo, como premio de consolación a su candidato para la Comisión, Manfred Weber, o a la presidencia del Consejo Europeo, para la que cuentan con varios candidatos. Los liberales también apuntan al Consejo (con los primeros ministros de Bélgica y Holanda), a la jefatura de la diplomacia comunitaria, con Margrethe Vestager como candidata, o a la presidencia del Parlamento para su antiguo líder Guy Verhofstadt. Y no se descarta una recompensa a los Verdes, cuya líder Ska Keller podría hacerse con la presidencia del Parlamento en la segunda mitad de la legislatura.

Pero el nombramiento más importante del reparto, ajeno en teoría al regateo de los partidos, es la presidencia del Banco Central Europeo. El alemán Jens Weidmann figura en la carrera y la previsible caída de Weber para la Comisión Europea podría favorecerle. Francia también aspira al cargo, aunque ya lo ocupó con Jean-Claude Trichet (2003-2011). Y Finlandia ha colocado en la recta final a dos antiguos comisarios europeos, Olli Rehn y Erkki Liikanen.

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