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China corteja a Europa ante las crecientes reticencias de Bruselas

La aprobación de una nueva ley de inversión extranjera se percibe como una rama de olivo hacia las críticas de Washington y la UE

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El presidente chino, Xi Jinping, en el Congreso Nacional del pueblo, el 15 de marzo de 2019. Getty Images

El ministro de Exteriores chino, Wang Yi; el primer ministro, Li Keqiang; el presidente, Xi Jinping. La plana mayor del Gobierno en Pekín va a girar sendas visitas a Europa en las próximas tres semanas, para reunirse con las autoridades comunitarias o de alguno de los principales países miembros de la Unión Europea. Con una ley de inversiones extranjeras recién aprobada, y pensada para responder a las preocupaciones de Estados Unidos y la UE, China intenta cortejar a Europa y persuadirla de que es necesaria una colaboración más profunda, pese a que Bruselas haya declarado a Pekín “rival sistémico” y “competidor económico”.

Ante el temor a un deterioro significativo de sus relaciones con EE UU, con el telón de fondo de su menor crecimiento económico y unas perspectivas de “incertidumbre” para este año, como subrayó el propio Li Keqiang en su informe de Gobierno la semana pasada, China quiere buscar apoyos alternativos. Y Europa, su principal socio comercial en los últimos 14 años, resulta un bloque obvio.

Pero Bruselas es hoy en día más sinoescéptica de lo que era hace apenas cinco años. Al temor a que Pekín quiera crear divisiones entre los países miembros con iniciativas como el 16+1 —su minicumbre con los países del centro y este de Europa, se suman ahora las dudas en torno al papel del gigante de la tecnología chino Huawei en las nuevas redes de telecomunicaciones europeas. Más ciertos roces en torno al diseño de la Nueva Ruta de la Seda el ambicioso plan de infraestructuras con el que China quiere conectarse con el resto del mundo, la preocupación en torno a los campos de reeducación en Xinjiang o los lamentos sobre el trato desigual que las empresas europeas reciben en el país asiático.

La nueva ley de inversión extranjera, que entrará en vigor el 1 de enero de 2020, es la principal rama de olivo que ha ofrecido China en respuesta a las quejas de Bruselas y de Washington. Aprobada el pasado viernes al cierre de la sesión legislativa anual, fue tramitada en un puñado de meses, una velocidad de vértigo para los parámetros de Pekín. Esta ley “se ha aprobado, en parte, para calmar los temores” de la UE y EE UU, sostiene el profesor Wang Yiwei, subdirector del Centro de Estudios de la UE en la Universidad Renmin de Pekín. “China ha escuchado la voz de Europa”.

El Gobierno de Xi asegura que esta normativa servirá para “equilibrar el terreno de juego” y no discriminar a las empresas extranjeras, que desde hace años se quejan de violación de la propiedad intelectual, la transferencia obligatoria de tecnología, de que hay sectores enteros de la economía china a los que no pueden acceder y trato discriminatorio en los concursos públicos. La nueva ley elimina el requisito de transferencia de tecnología obligatoria a las empresas de riesgo compartido que deben formar con socios chinos para operar en este país. Una enmienda introducida en el último momento obliga también a los funcionarios chinos a mantener la confidencialidad de los datos comercialmente sensibles.

Li, en su rueda de prensa anual del viernes, anunció otras medidas: reformará su ley de propiedad intelectual e introducirá “mecanismos de castigo” contra quienes la infrinjan. También aseguró que se reducirá la lista “negativa” de sectores cerrados a empresas extranjeras. Sobre las preocupaciones de espionaje que rodean a Huawei, el primer ministro también pidió calma: China, aseguró, “no pide a sus empresas que espíen a otros países. No está autorizado por la ley, ni es el modo en que China se comporta”.

El escepticismo, no obstante, permanece. La Cámara de Comercio Europea en Pekín se lamenta de la vaguedad del lenguaje en la ley recién aprobada, que llevará a una aplicación discrecional de la norma. “Más que cualquier otra cosa, las empresas extranjeras quieren igualdad de trato y de oportunidades”, ha apuntado el presidente de esta institución, Mats Harborn. Katja Drinhausen, de MERICS, precisa en la web de este centro de estudios alemán que "pese a mejoras, esta ley tiene tanto de escaparate como de sustancia, y sigue dejando un espacio significativo para que China ajuste el acceso al mercado en el futuro".

Para subrayar el mensaje de tranquilidad, el trajín de cargos hacia Europa comenzará este lunes, con un viaje del canciller Wang a Bruselas para participar en la novena ronda de diálogo estratégico China-UE; a finales de esta semana Xi emprenderá una gira por Italia y Francia; el 9 de abril, Li estará en la capital europea para la cumbre anual entre su país y la UE.

Temas pendientes

En la cartera de temas pendientes está dar un impulso a la larga negociación de un tratado bilateral de inversiones. Y más allá de la relación comercial, los dos bloques mantienen una excelente colaboración en la lucha contra el cambio climático, en torno al programa nuclear iraní, o en misiones internacionales de paz en África.

“Esperamos que la parte europea pueda percibir el desarrollo de China y la nueva ronda de apertura y reformas de manera objetiva, razonable e imparcial, y ver más oportunidades en el desarrollo de China”, puntualiza el portavoz del Ministerio de Exteriores, Lu Kang.

Aunque el propio Wang, durante la sesión legislativa, vino a subrayar que las ramas de olivo chinas solo llegarán hasta cierto punto, con Bruselas o con Washington. Más allá, Pekín no está dispuesta a renunciar a una política exterior mucho más asertiva “a medida que China se acerca cada vez más al centro del escenario mundial”, subrayaba el ministro de Exteriores.

Al fin y al cabo, recuerda el profesor Wang, dentro de Europa también hay un importante grupo de países que quieren hacer negocios con China. Esos países “no ven a China como una amenaza o un competidor… Han firmado memorandos de entendimiento a favor de la Nueva Ruta de la Seda. Quieren atraer inversión de China”. Según este experto, al final el motivo subyacente de los roces entre Pekín y Bruselas es “el declive del poder competitivo de la UE”.

“Antes, la UE pensaba que China era un país en desarrollo y la industria china era inferior a la europea. Pero ahora China está por delante, especialmente en Inteligencia Artificial o la economía electrónica”, opina el académico. La clave de la colaboración entre la UE y China, por tanto, debe ser según él “mejorar la competitividad respectiva. El resto es secundario”.

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