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Una comisión independiente analizará las acusaciones de antisemitismo en el seno del Partido Laborista de Corbyn

La formación rechaza las acusaciones y se muestra dispuesta a cooperar

El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, este miércoles, en la Cámara de los Comunes. Ampliar foto
El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, este miércoles, en la Cámara de los Comunes. AP

La Comisión para la Igualdad y los Derechos Humanos (EHRC, en sus siglas en inglés) ha decidido abrir una investigación preliminar ante las denuncias recibidas de presuntos casos de antisemitismo en el Partido Laborista, según ha anunciado este organismo público e independiente a través de un comunicado: "Tras haber recibido varias denuncias de antisemitismo en el Partido Laborista, creemos que esta formación puede haber discriminado de un modo injusto a un número de personas por motivo de su etnia o de sus creencias religiosas. Nuestra preocupación al respecto es lo suficientemente sólida como para hacer uso de nuestras prerrogativas legales. Hemos iniciado una fase de contacto con el Partido Laborista para darle la oportunidad de responder".

Creada a partir de la Ley de Igualdad de 2006, la EHRC tiene una autonomía de investigación mucho más laxa que las entidades que le precedieron, como la Comisión para la Igualdad Racial o la Comisión para la Igualdad de Oportunidades. Según el artículo 20 de sus estatutos, dispone del poder para iniciar una investigación ante la mera "sospecha" de que se esté produciendo una discriminación ilegal.

El Partido Laborista ha respondido de inmediato con un rechazo contundente de las acusaciones y su disposición a colaborar con el organismo. "Negamos de modo absoluto cualquier sugerencia de que el partido haya actuado de un modo ilegal y cooperaremos por completo con la EHRC. El Partido Laborista se halla plenamente comprometido en el apoyo, defensa y celebración de la comunidad Judía y de sus organizaciones. Las denuncias de antisemitismo recibidas desde abril de 2018 hacen referencia a un 0,1% de nuestros afiliados, pero un solo antisemita en nuestro partido ya sería demasiado. Estamos decididos a hacer frente al antisemitismo y a erradicarlo de nuestra formación", ha dicho un portavoz de la formación.

Los casos reales y documentados de antisemitismo en el seno del laborismo, pero sobre todo el torpe y obstruccionista manejo del asunto por parte del líder de la formación, Jeremy Corbyn, y de sus aliados, han provocado una grave crisis en el principal partido de la oposición. Siete de sus diputados más relevantes, encabezados por Luciana Berger, anunciaron a finales de febrero su abandono del partido para crear The Independent Group, una corriente parlamentaria a la que ya se han unido tres diputados conservadores y que estudia constituirse como partido de centro en los próximos meses. La principal razón de su decisión, junto a la ambigüedad demostrada por Corbyn en todo lo referente al Brexit, fue la falta de respuesta de la dirección laborista, según ellos, a los graves casos de antisemitismo denunciados. Berger, diputada estrella del partido, tuvo que acudir escoltada al congreso de Liverpool, el pasado mes de septiembre, por las amenazas antisemitas que había recibido. Seis personas han sido condenadas ya en firme por delitos de odio contra su persona.

Los aliados del líder laborista se sienten víctimas de un acoso injustificado que tiene mucho que ver, creen, con la vinculación que sus detractores hacen del antisionismo con el antisemitismo. Pero en esta guerra de matices gramaticales, el equipo de Corbyn ha cometido torpezas innecesarias. Su resistencia a aceptar la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional en Memoria del Holocausto, abrazada sin problemas por otras muchas asociaciones como los principales sindicatos del país, fue criticada con dureza por antiguos pesos pesados del laborismo como el ex primer ministro Gordon Brown. Las imágenes de Corbyn depositando una corona de flores en la tumba del presunto cerebro palestino de los atentados de Munich de 1972 (la facción terrorista Septiembre Negro asesinó a varios miembros del equipo olímpico de Israel), o sus comentarios sobre la falta de entendimiento de la comunidad judía de la "ironía británica", no hicieron sino empeorar una situación a la que Corbyn intentó poner remedio con unas enfáticas disculpas en sede parlamentaria. Sus críticos no se las tomaron en serio, ante la falta de reacción de la dirección del partido frente a las numerosas denuncias de antisemitismo, cercanas al millar, que no dejaban de surgir.

Gran parte de la razón por la que esta crisis se ha vuelto ingobernable tiene que ver con el descontento de un amplio número de laboristas con el liderazgo de Corbyn, a quien acusan de haber rescatado para el partido a personajes radicales de los que el Laborismo prescindió en la década de los ochenta y de haber dejado que hablen en su nombre —fundamentalmente en las redes sociales— a grupos extremistas en los que el antisemitismo ha resurgido con fuerza.

En un ambiente de sospechas permanentes, muchos diputados del partido están convencidos de que Corbyn tuvo algo que ver en la lentitud con la que reaccionó la dirección en el caso de Chris Williamson. Este viejo aliado del líder laborista expresó recientemente en una reunión local de la formación que "las disculpas antes las acusaciones de antisemitismo estaban resultando ya excesivas". Tuvo que pasar un día entero antes de que la dirección reaccionara y ordenara su expulsión.

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