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Putin evita las demandas de Erdogan y anima al diálogo entre los kurdos y Damasco

El presidente ruso no apoya la idea de Turquía de crear una zona de amortiguación en la frontera sirio-turca, en un área controlada por los kurdos

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha evitado este miércoles apoyar a su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, en su idea de crear una nueva “zona segura” en el noreste de Siria, a lo largo de la frontera con Turquía. Un territorio controlado ahora por las milicias kurdo-sirias YPG, respaldadas por EE UU y que Ankara considera terroristas. En una comparecencia en Moscú junto a Erdogan, el líder ruso, que ha pasado a ser un poderoso árbitro en la región, apostó por el diálogo entre los kurdos y el régimen del sirio Bachar el Asad, al que ha apoyado durante los casi ocho años de conflicto. A cambio, pareció garantizar a Turquía un buen papel en la futura Siria.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan (izquierda) junto a su homólogo ruso, Vladimir Putin, en una rueda de prensa este miércoles en el Kremlin, en Moscú.
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan (izquierda) junto a su homólogo ruso, Vladimir Putin, en una rueda de prensa este miércoles en el Kremlin, en Moscú. AP

Tras denominarse mutuamente “querido amigo”, Putin y Erdogan afirmaron compartir un interés común en luchar contra el terrorismo en Siria. Era la primera reunión de ambos líderes tras el anuncio hace unas semanas del presidente Donald Trump de que retiraría los alrededor de 2.000 soldados que Estados Unidos tiene desplegados en Siria.

Pero el líder ruso no dio a Erdogan la bendición que buscaba para ganar posiciones contra sus enemigos kurdo-sirios. O al menos no inmediatamente. “Apoyamos el establecimiento de un diálogo entre Damasco y los representantes de los kurdos”, dijo Putin. “Estas conversaciones, sin duda, contribuirán a la consolidación de la sociedad siria y la reconciliación nacional. Y beneficiará no solo a Siria, sino a todos los Estados vecinos”, agregó el presidente ruso. A su lado, un Erdogan con semblante serio, trató de matizar que Rusia y Turquía no tenían “ningún desacuerdo” en la creación de una zona de amortiguación en el norte de Siria.

El líder ruso, mientras, insistió en la importancia de zanjar los problemas en la provincia rebelde de Idlib (norte), que Ankara había acordado con Moscú resolver pero que no ha logrado arrebatar del control de los grupos yihadistas, fundamentalmente de la organización que antes era el frente Al Nusra, heredero de la filial de Al Qaeda.

“Desafortunadamente hay muchos problemas en ese área, los estamos viendo”, advirtió el líder ruso de pie junto a Erdogan en una de las salas del Kremlin. Fue un varapalo para el dirigente turco. Turquía y Rusia habían firmado en septiembre la creación de una zona de amortiguación en ese territorio, si Ankara —muy interesada en mantener allí su influencia y también en evitar un nuevo éxodo migratorio desde allí hacia sus fronteras— despejaba esa zona de terroristas. Pero en las últimas semanas el Ejército turco ha sufrido unos cuantos reveses.

Salida de Washington

Putin y Erdogan han estado en bandos opuestos en el conflicto sirio. Moscú, como Teherán, ha dado su apoyo al régimen del presidente sirio Bachar el Asad durante el conflicto. Ankara ha respaldado a las fuerzas que han tratado de derribarlo. Pero Turquía, Rusia e Irán se han unido para negociar un acuerdo de paz para Siria, motivados fundamentalmente por el deseo de socavar la influencia de EE UU en la región. También por hacerse con un buen pedazo del pastel en el diseño de Siria después de la guerra. Y más ahora que Washington parece haber salido del mapa. Un punto que Rusia todavía duda. “Si [la retirada de EE UU] se hace efectiva, tendrá un efecto positivo y ayudará a estabilizar una región tumultuosa”, dijo Putin.

Rusia ha ido ganando influencia en Oriente Próximo desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Y ahora, pese a que la decisión de Estados Unidos de retirar sus tropas aún debe materializarse, ha reafirmado su papel como árbitro en la región, en la que ha recuperado el papel de potencia indispensable que había perdido tras la caída de la Unión Soviética.

Queda aparcada por el momento la idea planteada por Ankara de crear lo que llamó una “zona segura”. Una franja de unos 32 kilómetros junto a su frontera, en el noreste de Siria. Turquía afirma que la intención de este tapón es alejar a las milicias kurdo sirias del YPG de su territorio. Pero el objetivo también es desalojarles de ese área de influencia y pasar a controlar un jugoso terreno al este del río Éufrates. Pero ayer quedó claro que Moscú preferiría que, como todo el país, pasase a manos del régimen de Damasco. El temor de Erdogan ahora es que en ese diálogo que Moscú ha apostado por promover, las milicias kurdo-sirias del YPG lleguen a un acuerdo con el régimen de El Asad y Ankara pierda su baza.

Rusia, ‘árbitro’ de la región

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha anunciado una reunión entre Ankara, Teherán y Moscú, en la capital rusa, para discutir el futuro de Siria tras el conflicto. Aunque no dio detalles de cuándo se celebraría. El líder ruso ha tomado buena parte de las riendas del proceso diplomático ante el alejamiento cada vez mayor de la Administración Trump. Putin afirmó que Francia, Alemania y Reino Unido han bloqueado la propuesta de crear un comité constitucional para Siria, patrocinado por la ONU.

Ostentando ese papel de vigía autoimpuesto, Rusia exigió a Israel —a través de la portavoz del Ministerio de Exteriores, María Zajárova— que ponga fin a sus “ataques arbitrarios” contra Siria, en respuesta a los últimos bombardeos del Ejército israelí contra objetivos en el país árabe.

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