Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Las potencias urgen una salida política en Siria y el retorno de los refugiados

Los líderes de Rusia, Turquía, Francia y Alemania se reúnen para impulsar una salida política

En una cumbre inédita, los presidentes de Turquía, Rusia y Francia y la canciller alemana se concertaron el sábado en Estambul para impulsar una salida negociada después de siete años y medio de guerra en Siria. Tras refrendar el alto el fuego que Recep Tayyip Erdogan y Vladímir Putin sellaron hace un mes en la provincia rebelde de Idlib, Emmanuel Macron y Angela Merkel apoyaron también la vía de la transición política que prevé Naciones Unidas para el país árabe. En ausencia de Estados Unidos y de otras potencias regionales, como Irán y Arabia Saudí, la cumbre consensuó que el plan de reforma constitucional auspiciado por la ONU debe ser la hoja de ruta para la posguerra en Siria. El régimen del presidente Bachar el Asad, crecido tras sus victoriosas campañas contra la insurgencia, acaba de dar un portazo a la propuesta del negociador de Naciones Unidas, Staffan de Mistura, un veterano diplomático que se dispone a tirar la toalla al término de nueve rondas de conversaciones sin resultados.

guerra siria
Angela Merkel, Vladímir Putin, Recep Tayyip Erdogan y Emmanuel Macron, este sábado en Estambul. EFE

El mediador preveía que se formara la comisión el mes que viene en Ginebra, con presencia de delegados del régimen, de la oposición y de representantes de la sociedad civil designados por Naciones Unidas. Pero el ministro de Exteriores sirio, Walid Mualen, rechazó de plano la idea el pasado miércoles durante una visita de De Mistura a Damasco: “La Constitución es una cuestión de soberanía, solo los sirios pueden decidir sobre ella sin intervención extranjera”. “Nos enfrentamos a un serio desafío”, admitió el viernes el mediador ante el Consejo de Seguridad.

Los cuatro mandatarios reunidos en un antiguo palacete otomano de la ribera asiática de Estambul exigieron en la declaración final de la cumbre que la comisión constitucional celebre su primera sesión en Ginebra “antes de fin de año”. Sin la revisión de la ley fundamental, no parece viable la celebración de elecciones en un proceso de transición política.

Erdogan, Putin, Merkel y Macron también destacaron que sin una negociación entre el Gobierno y la oposición no se darán las bases para el retorno de los cerca de seis millones de refugiados sirios que han huido del conflicto. Por ahora, los cuatro dirigentes exigen “el acceso rápido y sin restricciones de la ayuda humanitaria” a la población

Las potencias urgen una salida política en Siria y el retorno de los refugiados

La excusa nacionalista del jefe de la diplomacia siria para rechazar el plan de la ONU choca con la creciente internacionalización de la contienda siria, que se libra desde hace años a escala de guerra mundial. Las fuerzas rusas salvaron al régimen de la derrota con su intervención directa a partir de septiembre de 2015, apoyados por la carne de cañón de las milicias chiíes: los Guardianes de la Revolución iraníes, los combatientes libaneses de Hezbolá y escuadrones iraquíes y afganos. Turquía, Arabia Saudí y las monarquías del Golfo han sostenido la rebelión con ingentes envíos de armamento y fondos. Las milicias kurdas de las Unidades de Protección del Pueblo reciben amplio respaldo de la aviación y de fuerzas especiales de Estados Unidos. El Estado Islámico se ha nutrido, en fin, de brigadas internacionales de yihadistas procedentes de países musulmanes y europeos.

Rusia tomó las riendas del proceso diplomático en Siria ante la creciente política de alejamiento del conflicto adoptada por la Administración del presidente Donald Trump. De la mano de Irán y Turquía, el Kremlin ha promovido en las sucesivas conferencias de Astaná acuerdos de alto el fuego en zonas de distensión. Esta estrategia ha permitido al régimen de Damasco concentrarse en un solo frente para poder derrotar a los grupos rebeldes en sus feudos uno tras otro.

El reducto insurgente de la provincia noroccidental de Idlib es el último bastión de entidad de la insurrección que estalló en marzo de 2011 contra El Asad. Tres millones de civiles —la mitad desplazados desde otras provincias rebeldes— y unos 90.000 rebeldes —una tercera parte yihadistas de la poderosa milicia Hayat Tharir al Sham (HTS, vinculada a Al Qaeda)— se hallan cercados en Idlib desde el pasado verano, cuando el Ejército gubernamental se disponía a desencadenar una ofensiva militar final a gran escala.

La fragilidad de la tregua sellada el 17 de septiembre por Ankara y Moscú planeó ayer sobre la cumbre de Estambul. Los plazos han vencido y  los milicianos de HTS no aceptaron retirarse el pasado día 15 de la zona desmilitarizada de entre 15 y 20 kilómetros de anchura establecida en torno a Idlib. El resto de las fuerzas rebeldes han replegado ya sus armas pesadas, de acuerdo con las estipulaciones del alto el fuego. Los yihadistas controlan más de la mitad del territorio y parecen estar dispuestos a vender cara su piel ante un cese de hostilidades que no les deja escapatoria.

Siete civiles, entre ellos tres niños, murieron el viernes en bombardeos de la aviación de Damasco sobre la provincia rebelde, según informó el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos. El riesgo de una nueva escalada bélica ha sido la principal amenaza constatada en la cumbre de Turquía. Más de 800.000 civiles pueden huir, según las previsiones de la ONU, si el régimen lanza la ofensiva final en un éxodo hacia Turquía con imprevisibles repercusiones para Europa.

 

 

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Más información