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“EE UU puso en inmenso riesgo la estabilidad regional al cortar los fondos para los refugiados palestinos”

El responsable de la UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, Pierre Krähenbühl, visita España para agradecer al Gobierno su respuesta y pedir que se mantenga

Pierre Krähenbühl, este lunes en Madrid antes de la entrevista.
Pierre Krähenbühl, este lunes en Madrid antes de la entrevista.

Hace un año, Estados Unidos, entonces principal donante a la UNRWA, anunció que en 2018 solo aportaría a esta agencia de la ONU —creada hace casi 70 años para auxiliar a los refugiados palestinos— 60 millones de dólares (56 millones de euros), frente a los 364 millones de 2017. Donald Trump había preparado el terreno poco antes, al quejarse por Twitter de no recibir "agradecimiento ni respeto" por su contribución económica a los palestinos.

La organización, que provee servicios (educación y sanidad, entre otros) a unos 5,4 millones de refugiados palestinos en Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este, Siria, Líbano y Jordania, se vio de repente ante el mayor recorte de su historia. Lanzó una campaña global, con el lema La dignidad no tiene precio; pidió al resto de países que adelantasen sus contribuciones para no dejar salarios pendientes; y se lanzó a la búsqueda de nuevos países donantes. Al acabar 2018, había logrado tapar por completo el agujero presupuestario de 446 millones de dólares que arrastraba, en su mayoría por la decisión de la Casa Blanca.

"El recorte suponía una crisis casi existencial, pero la movilización fue impresionante. Logramos proteger el 98% de nuestros servicios", repasa su máximo responsable, Pierre Krähenbühl, en una entrevista este lunes en Madrid, donde se encuentra para agradecer a España su respuesta y pedir que mantenga su contribución en 2019. El Gobierno de Pedro Sánchez elevó en septiembre su aportación de uno a dos millones y, dos meses después, anunció otra extraordinaria de 10 millones, procedentes de un remanente asignado a operaciones de mantenimiento de paz. La ayuda llevaba congelada en el millón de euros desde el inicio de la crisis, muy lejos de los 20 millones que llegó a alcanzar en la época de José Luis Rodríguez Zapatero.

Krähenbühl (Ginebra, 52 años) mide sus palabras. Incluso cuando lamenta la "politización de la financiación" que supuso el cierre estadounidense del grifo, "claramente contraria a todos los principios humanitarios". "Fue una decisión política de presión sobre la Autoridad Palestina que produjo un riesgo inmenso a la estabilidad regional. Visité Washington un mes antes de la decisión sobre Jerusalén [su declaración por EE UU como capital de Israel] y dos antes de recortar los fondos, e incluso a alto nivel expresaron el apoyo a nuestro trabajo. Pasaron dos meses y todo cambió. Por eso lo interpreto claramente como algo que no tiene que ver con las decisiones de la organización, sino con las tensiones entre EE UU y el liderazgo palestino alrededor de la decisión sobre Jerusalén. Como la reacción palestina fue muy fuerte, por ejemplo en la Asamblea General, EE UU decidió cortar todos los fondos a los palestinos y eso incluyó, por primera vez, los humanitarios", argumenta.

Cuarenta Estados e instituciones incrementaron entonces sus contribuciones a la organización. La mitad del aumento procedió de cuatro países: Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Arabia Saudí y Kuwait. “Cuando uno pierde 300 millones de dólares se tiene que buscar el dinero sobre todo entre los Estados miembros de la Asamblea General, que nos dieron el mandato y, por tanto, tienen una responsabilidad. Con los países del Golfo, que venían cooperando con UNRWA de manera mucho más estratégica en los últimos años, tuvimos una oportunidad de decirles ‘venga, ahora es necesario dar un paso mucho más grande’. Y ellos respondieron".

Tras años de ruegos a los donantes para que arrimasen el hombro y cumpliesen sus promesas, ¿qué sucedió para obtener 446 millones de dólares en 12 meses y que todos, según Krähenbühl, se hayan hecho efectivos? "Muchos actores interpretaron la presión a la UNRWA como un ataque al sistema multilateral", responde el comisionado general, que se reunió este lunes, entre otros, con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; el ministro de Exteriores, Josep Borrell; y la portavoz del Ejecutivo, Isabel Celáa, y dará este martes una conferencia en la sede madrileña de Casa Árabe.

Este año, la Administración Trump no aportará siquiera los 60 millones de dólares de 2018. El presupuesto global será el mismo: unos 1.200 millones de dólares. "No nos podemos permitir aumentarlo" tras un año de "lucha diaria" en el seno de una organización que provee servicios casi estatales, señala. El peor momento fue el despido de parte del personal en Gaza, donde el 70% de la población es refugiada. "Es una catástrofe, porque allí no hay alternativa y un salario protege a múltiples familias. [La decisión] produjo protestas y perdimos el control de parte de nuestras oficinas en Gaza durante tres semanas, lo que da indicios de lo que habría sucedido si hubiésemos tenido que interrumpir, por ejemplo, los proyectos de educación".

Ausencia de perspectivas

Tras 25 años de trabajo —principalmente en el Comité Internacional de la Cruz Roja— sobre zonas de conflicto en El Salvador, Perú, Afganistán o Bosnia, Krähenbühl advierte contra la perpetuación del enfrentamiento de Oriente Próximo —de la que responsabiliza tanto a las partes como a la comunidad internacional— y pone los ejemplos de Colombia o Irlanda del Norte para subrayar que "la paz siempre parece imposible hasta que se intenta realmente". "Muchas veces, en las capitales me dicen que se ha intentado todo [para resolver el conflicto palestino-israelí]. Es una forma de rendición a nivel político que me parece una gran lástima".

De hecho, tras siete décadas de incremento sostenido en el número de refugiados (los descendientes de los 700.000 originales heredan el estatus) y cinco de ocupación israelí de Palestina, a Krähenbühl le preocupa "la ausencia casi total de perspectivas, tanto políticas como personales", que percibe entre los refugiados. "Esa falta de horizonte es dramática porque la mayoría tiene menos de 25 años. Nacieron después de los Acuerdos de Oslo [de 1993]. Es una generación a la que sus propios líderes, pero también la comunidad internacional, les dijeron que habría una solución. Imagino que dirán ‘se logró más en los veinte años previos a Oslo, con otras formas, que ahora con 25 años de negociaciones'. Nadie en la UNRWA espera que estemos otros 10, 20, 30 o 40 años en operaciones. Ese no puede ser el horizonte para los refugiados".

La espinosa relación con Israel

Naftali Bennett, el pasado noviembre en Jerusalén.
Naftali Bennett, el pasado noviembre en Jerusalén. AP

Cuando Trump anunció el recorte de fondos, pocos ocultaron su alegría en el derechista Gobierno israelí, que tiene a la UNRWA desde hace años en el punto de mira al considerar que perpetúa el problema de los refugiados. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, aplaudió a Trump por "empezar a resolver el problema" y pidió el fin de la agencia. Su titular de Educación, el ultraderechista Naftali Bennett, fue más allá al acusar a la UNRWA de "apoyar el terrorismo", mientras que el Ministerio de Exteriores la calificó en un comunicado de "instrumento ilegítimo dirigido a la destrucción del Estado de Israel".

"No niego que tenemos mucha presión y que hay declaraciones públicas que son muy difíciles", admite Krähenbühl antes de apresurarse a destacar sus "relaciones regulares" con la diplomacia y el Ejército de Israel y las "percepciones mixtas" que existen en el país sobre el papel de la agencia. “No hay ningún contexto más polarizado que este, y cuando uno tiene un mandato de servir y apoyar a una comunidad dentro de este conflicto, es evidente que todo lo uno hace, dice, no hace o no dice, es observado cada día”, concluye.

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