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La amenaza de Trump de cerrar la frontera desata el pánico entre los empresarios de San Diego y Tijuana

"El presidente no tiene ni idea de lo que está diciendo”, advierten los comerciantes que viven del intercambio con México

Coches parados en la frontera de Tijuana, tras cerrarse durante unas horas el domingo 25 de noviembre.
Coches parados en la frontera de Tijuana, tras cerrarse durante unas horas el domingo 25 de noviembre. Getty Images
San Ysidro (California)

La última vez que se paró durante unas horas el tráfico en el paso fronterizo entre San Diego y Tijuana fue el 11 de septiembre de 2001. Hizo falta un ataque terrorista masivo, el cierre de todo el espacio aéreo de Estados Unidos y el sellado de las fronteras para que se tomara la decisión de interrumpir el flujo de vehículos y personas entre California y México. No había vuelto a suceder hasta el pasado domingo, cuando el Gobierno de Donald Trump cerró el paso fronterizo durante cinco horas porque unos cientos de inmigrantes desarrapados trataron de llegar hasta la valla pidiendo refugio en el país. La sobreactuación de EE UU desató el pánico. Pero no en los inmigrantes, que siguen allí, sino en toda la economía de la frontera.

Sucedió además en el peor día posible. El fin de semana de Acción de Gracias es cuando empieza la temporada fuerte de compras en el lado estadounidense de la frontera, la ciudad de San Ysidro. El gigantesco Outlet de las Américas, una zona comercial pegada a la valla fronteriza, tuvo que cerrar y sus tiendas fueron desalojadas en medio de la avalancha de fuerzas de seguridad que acudieron a la frontera y el gas lacrimógeno que lanzaron contra los inmigrantes.

“Es justo el fin de semana que empiezan las compras navideñas”, se lamenta Jason Wells, presidente de la Cámara de Comercio de San Ysidro. “Tengo 650 comercios asociados y ese día cerraron el 75%. El 93% de nuestros clientes es de México”. Un tercio de toda la facturación del año en esta zona comercial se hace entre el 20 de noviembre y el 6 de enero. Wells calcula que solo ese día los comerciantes de San Ysidro perdieron 5,3 millones de dólares por la decisión del Gobierno de Trump de cerrar unas horas la frontera con Tijuana.

Un grupo de inmigrantes trata de llegar a la valla de EE UU, en Tijuana el 25 de noviembre.
Un grupo de inmigrantes trata de llegar a la valla de EE UU, en Tijuana el 25 de noviembre. AFP

El cierre resonó en todo el sur de California. Los telediarios de Los Ángeles mostraban las imágenes de los inmigrantes corriendo hacia la valla con titulares como: “Caos en la frontera”. El daño de imagen es grave, advierte Wells. Porque además, los 5.000 inmigrantes de la caravana de centroamericanos siguen allí, y podrían ser más próximamente. La sensación de que esto puede volver a pasar está paralizando el trasiego diario en la frontera. Alrededor de 70.000 vehículos y 20.000 peatones cruzan cada día hacia el norte por el paso de Tijuana, considerada la frontera terrestre más transitada del mundo. Hace años que las dos ciudades presionan a sus respectivos Gobiernos para que ese trasiego sea lo más rápido y fluido posible.

“A veces, por las mañanas, después de dejar a los niños en el colegio mi esposa y yo pasamos a Tijuana a desayunar”, cuenta Sunil Gakhresa, un inmigrante indio que regenta Sunny Perfumes, una tienda de mayoreo de perfumes en San Ysidro, justo al lado de la valla. “Ya no lo hacemos. Si pasara algo, ¿quién recoge a los niños del colegio?”. Miles de pequeñas decisiones como estas están haciendo bajar el negocio dramáticamente en la zona, asegura este empresario. Ese día, hizo el 30% del negocio que esperaba hacer. Sunny Perfumes tiene un almacén “lleno a reventar” de género para Navidades que ahora no sabe si va a vender.

“Mire cómo está la calle, mire qué poca gente en la tienda. Yo tenía un negocio durante la recesión, sé lo que son tiempos flojos. Pero esto es extraordinario. Espero que lo arreglen. Si esta tensión sigue 10 días más, se acabó la Navidad para nosotros”, dice Gakhresa. Cada minuto que esa frontera está cerrada, alguien no llega al trabajo, un niño no va a la escuela, un pedido no se entrega. “En cinco horas de cierre ya nos estábamos cagando. ¿Se imagina cinco días?”, pregunta Sunil Gakhresa. Asegura que la bajada de negocio se nota desde que está la caravana migrante en Tijuana. “No me quiero meter en política, pero México sabía que venían y sabía que no hay sitio en Tijuana para albergarlos. Ahora le han regalado el argumento a Trump, que puede decir: ¿Veis? Os lo dije”.

Sunil Gakhresa, frente a su tienda Sunny Perfumes, en San Ysidro.
Sunil Gakhresa, frente a su tienda Sunny Perfumes, en San Ysidro.

Todo el mundo en la frontera coincide en que la situación requiere calma y tiempo para que vuelva la confianza y el flujo se recupere. El alcalde de San Diego, el republicano Kevin Faulconer, tuiteó el mismo día del incidente: “Nuestro modo de vida depende de una frontera segura que funcione” y pidió cooperación a todas las partes. Faulconer suele decir que San Diego y Tijuana no son dos ciudades, sino una sola región. El presidente de Estados Unidos lanzó un tuit en el que hizo exactamente lo contrario de lo que reclamaba esta región. “Cerraremos la frontera de forma permanente si es necesario”, dijo.

“Ese comentario demuestra que no entiende nada”, sentencia Paola Ávila, empresaria y vicepresidenta de la Cámara de Comercio de San Diego. “Eso no es una opción. Sería un desastre”. Ávila cree que la solución, una vez que los inmigrantes ya están en Tijuana, es acelerar lo más posible el proceso de solicitud de asilo, justamente lo contrario de lo que está haciendo Trump. “En vez de mandar a 5.000 militares a la frontera, debería mandar a funcionarios para procesar las solicitudes. Están viendo 80 o 100 casos al día y así pueden tardar seis meses en verlos a todos”. La posibilidad de que se eternice la situación de inestabilidad, y sobre todo la imagen de caos en Tijuana, es la mayor preocupación de los empresarios estadounidenses.

Frank Carrillo es el presidente de SIMNSA, un hospital integral en Tijuana a 300 metros de la frontera que atiende a 2.000 pacientes diarios, el 80% de ellos estadounidenses. Estos días está dando servicios sanitarios gratuitos a los inmigrantes de la caravana. “Trump no tiene la menor idea de lo que está hablando” cuando amenaza con cerrar la frontera, dice Carrillo. “San Ysidro desaparecería”. Asegura que el más mínimo problema en la frontera afecta a los negocios. “El impacto es inmediato porque los dos lados estamos casados”.

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