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Las incógnitas del éxito y el fracaso

Estos son los posibles escenarios que puede arrojar la negociación entre Reino Unido y la UE tanto si sale adelante como, sobre todo, si se complica

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, junto al canciller austriaco, Sebastian Kurz, el viernes en Bruselas.
El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, junto al canciller austriaco, Sebastian Kurz, el viernes en Bruselas. REUTERS

A 131 días del Brexit —la fecha fijada para la desconexión es el próximo 29 de marzo—, Reino Unido apunta hacia una salida ordenada y pactada de la Unión Europea gracias al acuerdo negociado por el equipo de Michel Barnier con el Gobierno de Theresa May. Pero la cuenta atrás sigue rodeada de incógnitas y riesgos políticos que podrían encaminar el proceso hacia situaciones mucho más enrevesadas e, incluso, hacia un fatal descarrilamiento.

Terciopelo

Como ha asegurado el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, si no ocurre nada extraordinario, se celebrará una cumbre europea el 25 de noviembre, a las 9.30, “para finalizar y formalizar el acuerdo del Brexit”. Esa cumbre sería el pistoletazo de salida para la ratificación del texto en el Parlamento británico y en el Parlamento Europeo. Y si no se producen tropiezos en esa tramitación, Reino Unido se convertirá el próximo 30 de marzo en un país tercero para la UE, pero gracias al periodo de transición pactado nada cambiará hasta el 1 de enero de 2021.

El principal riesgo de este escenario ideal se encuentra en Westminster, donde la primera ministra May deberá contener el motín de sus propias filas.

De la alegría de Alemania a las dudas del Gobierno español

B. DE. M., Bruselas

Alivio y cautela fue la reacción en la mayoría de las capitales europeas tras el anuncio, el pasado miércoles, de un acuerdo sobre el Brexit entre el Gobierno británico y la Comisión Europea. Estas son las posturas de algunos de los socios comunitarios.

El motor alemán, encantado. “Estoy muy feliz de que se haya podido alcanzar un proyecto de acuerdo después de unas negociaciones largas y no siempre fáciles”, se congratuló la canciller alemana, Angela Merkel. Los negociadores británicos habían apostado durante dos años, sin éxito, a que Berlín se desmarcase del equipo negociador europeo a favor de una entente cordial con Londres. Merkel se ha mantenido fiel a la posición europea. Pero la confluencia de intereses se ha producido en la dirección contraria. Los negociadores europeos, liderados por Michel Barnier, han ofrecido a Londres unas condiciones que, en caso de problemas tras el Brexit, garantizan la libre circulación de productos entre el mercado británico y el comunitario. Entre las industrias más beneficiadas por ese arreglo figura la automovilística alemana, cuyos intereses siempre son muy tenidos en cuenta por Berlín.

España, desconfiada. Contra todo pronóstico y para sorpresa de buena parte de Bruselas, el Gobierno de Pedro Sánchez destaca entre los que han recibido el pacto con más desconfianza. Sánchez aseguró el viernes pasado que “el documento es razonable y, como acuerdo razonable, seguro que es objeto de mejoras; y a eso vamos”. Las palabras de Sánchez subrayan que para España la cumbre europea convocada para el 25 de noviembre no debe limitarse a respaldar el texto de Barnier, sino que espera introducir retoques y precisiones. Un objetivo delicado que, según ha advertido Barnier, corre el riesgo de abrir en canal de nuevo toda la negociación.

El recelo de España no se debe, como cabría suponer, al protocolo sobre Gibraltar, incluido en el acuerdo. El malestar se debe a la complejidad del pacto y al riesgo de que siente las bases para un permanente rifirrafe entre la UE y Reino Unido en el que el antiguo socio disponga de importantes armas negociadoras al ser tratado de igual a igual. Ese mismo temor cunde, aunque no de forma tan visible, en Francia, Bélgica, Holanda o Dinamarca.

Irlanda colma su objetivo. “Me complace que se haya llegado a un acuerdo”, tuiteó el primer ministro irlandés, Leo Varakdar, nada más conocerse el pacto. El irlandés celebra que incluya, tal y como exigió Dublín, la garantía de que pase lo que pase tras el Brexit nunca reaparecerán los controles fronterizos entre Irlanda y la vecina provincia británica de Irlanda del Norte.

Interruptus

Si el proceso de ratificación del acuerdo de salida se complicara en uno u otro lado, Londres podría solicitar una prórroga en el plazo para consumar el Brexit, fijado en dos años (según el artículo 50 del Tratado de la UE) a partir de la petición de salida (29 de marzo de 2017). La prolongación tendría que ser aprobada de manera unánime por los 27. Fuentes comunitarias ven factible esa prórroga, pero creen que debería ser lo más breve posible y solo para culminar la ratificación, no para seguir negociando. El límite, según esas fuentes, debería ser la constitución del nuevo Parlamento Europeo, previsto para finales de junio o primeros de julio de 2019, en el que ya no habrá escaños para el Reino Unido.

Marcha atrás

May advirtió el pasado miércoles, durante la presentación del acuerdo, de que existe el riesgo de que no se consume el Brexit. La advertencia, dirigida a los euroescépticos de su país que se resisten a aceptar el acuerdo, ha alentado de nuevo el debate sobre la suspensión del Brexit. El próximo viernes, además, el Tribunal de Justicia europea celebra una vista para dirimir la irreversibilidad o no del artículo 50. Los jueces comunitarios deben responder a una consulta prejudicial cursada por un tribunal de Escocia, región británica firmemente partidaria de seguir en la UE. Los juristas están divididos sobre si la retirada de la petición podría ser unilateral por parte del Gobierno británico o si debería ser aprobada por el resto de la UE.

Amigos para siempre

A partir del 30 de marzo, la UE y Reino Unido deberán negociar un acuerdo sobre su nueva relación, tanto en materia comercial y de inversión como en seguridad o defensa. Las dos partes se han comprometido a intentar cerrar el nuevo acuerdo a mediados de 2020, antes de que expire el periodo de transición. Los más optimistas en la Comisión Europea creen que esa negociación puede ser rápida. Otras fuentes, en cambio, recuerdan que los acuerdos comerciales suelen complicarse y deben ser aprobados luego por unanimidad de los 27.

A trompicones

Por si la negociación del acuerdo comercial se complica, como parece probable, el acuerdo de salida prevé la posibilidad de prolongar el periodo transitorio. El status quo actual se prolongaría así más allá del 31 de diciembre de 2020. Pero Reino Unido tendría que seguir aplicando toda la legislación comunitaria y acatando la jurisprudencia del Tribunal de Justicia sin tener ni voz ni voto en ninguna de las instituciones. Londres ya no tendría que contribuir al presupuesto de la UE, pero se le exigiría una aportación “justa” (a negociar) como compensación por su permanencia de facto en la UE.

Salvaguarda

Si al final del periodo transitorio o de la prórroga no hubiera un acuerdo comercial entre Bruselas y Londres, se pondría en marcha la salvaguarda para evitar la reaparición de una frontera física entre Irlanda e Irlanda del Norte. La fórmula pactada es el establecimiento de una unión aduanera entre Reino Unido y la UE que mantendría sin trabas la circulación de mercancías por un periodo indeterminado. Londres se compromete a mantener durante ese tiempo unos mínimos estándares en medioambiente, mercado laboral o competencia. Pero los probables conflictos que surgieran se resolverían en un comité conjunto entre el Gobierno británico y la Comisión Europea, o a través de un tribunal de arbitraje. La Corte europea solo sería competente para los litigios relacionados con el derecho europeo.

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