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Los rebeldes ‘tories’ miden fuerzas para lanzar el ataque final a May

Stephen Barclay será el nuevo ministro para el Brexit y estará centrado en asegurar los votos en el Parlamento para sacar adelante el acuerdo con la UE

Theresa May, en Downing Street este viernes.

El sector euroescéptico del Partido Conservador presiona a los diputados afines para que envíen al jefe del grupo parlamentario sus “cartas de confianza”. Quieren activar así una moción para cuestionar el liderazgo de la primera ministra a causa del borrador de acuerdo sobre el Brexit con Bruselas. Necesitan 48 firmas. Oficialmente, cuentan con poco más de 20. Theresa May ha pasado al ataque con un nuevo reparto de tareas en su equipo. Ella negociará los últimos flecos con la UE y venderá su plan a la opinión pública. Un político anónimo y leal, Stephen Barclay, será el nuevo ministro para el Brexit, con el propósito único de asegurar los votos en el Parlamento.

May ya no pierde el tiempo en debatir con el ala dura de su partido. Sabe que su única posibilidad de sobrevivir, y con ella su acuerdo del Brexit, es ganarse a la opinión pública. Este viernes hizo una apuesta arriesgada. Intervino en el programa de radio de Nick Ferrari de la LBC. Esta emisora, con más dos millones de oyentes, es la pesadilla de la BBC, por su éxito creciente y su capacidad de acceder a una audiencia más joven que la de la radio pública. Su fórmula es simple: micrófonos abiertos para recibir llamadas de oyentes y un tono descaradamente sesgado en todo lo que aborda.

La primera ministra aguantó un chaparrón de críticas, pero también pudo transmitir tranquilidad a los que mostraban su preocupación por el futuro de los servicios públicos o temían perder la calidad de su retiro bajo el sol de España. “Gracias por todo lo que usted ha hecho por su país”, le decía un ciudadano. Otro le pedía “respetuosamente” que se retirara “sin dudar en ningún momento de que sus intenciones habían sido honorables”. May comienza a acumular entre el electorado conservador la simpatía y solidaridad de quienes saben que no es la culpable del caos actual, que solo ha intentado la mejor jugada con las cartas que le fueron dadas.

Ganarse a la ciudadanía y asumir personalmente los flecos finales de las negociaciones con Bruselas. Esa es la estrategia de la primera ministra. Por eso ha sustituido al dimisionario Dominic Raab, hasta ahora ministro para el Brexit pero a la vez joven promesa de los euroescépticos, por un político anónimo y con un historial de fidelidad partidista, Stephen Barclay, para que se concentre en asegurar los votos necesarios en el Parlamento para sacar adelante el acuerdo.

El sector de diputados liderado por el ultracatólico Jacob Rees-Mogg decidió finalmente llevar su batalla a campo abierto. El diputado anunció este viernes que había enviado ya la “carta de confianza” al jefe del grupo parlamentario, Graham Brady, y otros diputados de este sector, como el exministro de Cultura John Wittingdale, hicieron lo propio. Aseguran contar ya con las 48 cartas necesarias (de entre los 315 representantes conservadores) para poner en marcha la moción interna contra May. Públicamente, sin embargo, solo se han dado a conocer poco más de 20. El único que conoce la cifra real es Brady, y no está por el momento dispuesto a hacerla pública.

Desenlace incierto

El ala dura del partido se muestra convencida de que su motín contra la primera ministra concluirá con éxito, pero en las últimas horas se ha dado cuenta de que no es tan fácil desestabilizar a un partido en el poder. Michael Gove, el histórico político conservador escocés y notable euroescéptico en el seno del Gobierno, ha adoptado una postura pública a favor de May. “Es absolutamente vital que nos concentremos en lograr un buen acuerdo futuro con la UE, y lograr un buen resultado en todas aquellas áreas que afectan a la ciudadanía británica”, dijo Gove para justificar que no abandona el barco.

Junto a él, otros cinco ministros que las quinielas señalaban como próximos dimisionarios han usado el mismo argumento: mejor dentro que fuera para influir en el resultado final de las negociaciones. Traducido: fuera del Gobierno hace mucho frío y la rebelión está aún lejos de tener un final cierto.

Los diputados conservadores partidarios en su día de permanecer en la UE ven en la posible votación de moción contra May una oportunidad de dar una lección a los euroescépticos y poner fin a sus maniobras desestabilizadoras. “Es casi una cuestión de honor deshacerse del Grupo de Investigaciones Europeas [la organización euroescéptica liderada por Rees-Mogg] y sus miembros de extrema derecha, que llevan años arruinando el futuro de este partido”, dijo Nicholas Soames, un notable diputado conservador, nieto de Winston Churchill y con una carrera parlamentaria de más de 30 años.

Los estatutos internos del Partido Conservador establecen que, perdida la moción, el líder debe renunciar a su cargo. Pero si supera el desafío, debe pasar al menos un año hasta que se pueda presentar otra.

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