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La marcha forzada de Sessions pone en serias dudas la investigación de la trama rusa

Matthew Whitaker, de 49 años, era hasta ahora el jefe de gabinete de Sessions y acusó a Mueller de ir “demasiado lejos” en las pesquisas a Trump

Matthew Whitaker, en un evento el pasado agosto
Matthew Whitaker, en un evento el pasado agosto REUTERS

Desde el miércoles, el encargado de supervisar la investigación a la presunta conexión rusa de Donald Trump es Matthew Whitaker que, emulando el lenguaje presidencial, sostiene que el republicano está sufriendo una “caza de brujas” y que a quien debería investigarse es a su antigua rival electoral, la demócrata Hillary Clinton. Whitaker era el jefe de gabinete del fiscal general Jeff Sessions hasta que Trump lo designó como su sustituto interino tras forzar su dimisión.

El perfil claramente partidista de la nueva autoridad judicial del Gobierno y sus críticas a Robert Mueller, el fiscal especial de la trama rusa al que ahora controlará, han avivado muchos temores en la izquierda estadounidense. Destacados demócratas han pedido a Whitaker que se inhiba de su papel de árbitro de las pesquisas de Mueller, pero todo apunta a que no tiene previsto hacerlo. Trump, muy furioso por no poder controlar al Departamento de Justicia, ha colocado ahora al frente a un aliado leal.

Whitaker, de 49 años, era jefe de gabinete de Sessions desde septiembre de 2017. Entonces era una figura completamente desconocida para el fiscal general. Fue clave en su nombramiento la buena impresión causada en la Casa Blanca y en Trump por sus apariciones en televisión como comentarista conservador, donde criticaba a Mueller, y su labor al frente de FACT, una organización judicial que ha hecho acusaciones de irregularidades éticas o legales a políticos demócratas, incluida Hillary Clinton. De 2004 a 2009, fue fiscal federal en Iowa nombrado por el republicano George W. Bush y en 2014 trató sin éxito de ser candidato republicano a senador por Iowa. Tras ese fracaso, colaboró con una compañía de patentes en Miami que fue acusada de fraude.

Poco más de un año después de su entrada al Departamento de Justicia, Whitaker ha conseguido hacerse, gracias al aval de Trump, con el puesto de su anterior jefe hasta que el presidente nomine a un candidato que debe aprobar el Senado, donde los republicanos aumentaron su mayoría en las elecciones legislativas del martes. Es un movimiento clave en el rompecabezas detrás de la investigación a la injerencia de Moscú en las presidenciales de 2016, que tenía como objetivo ayudar a Trump a ser presidente.

Inicialmente, era el FBI el que examinaba si el equipo del republicano pudo coordinarse con la intromisión rusa y si, como mandatario, este trató de obstruirla. El FBI depende del Departamento de Justicia y era Sessions quien supervisaba las pesquisas. Sin embargo, en marzo de 2017, decidió inhibirse de ese papel al aflorar que ocultó, en su proceso de aprobación en el Senado, que se había reunido con el entonces embajador ruso en EE UU. Asumió ese papel el número dos de Sessions, Rod Rosenstein. En mayo de ese año, Trump despidió a James Comey como director del FBI y entonces Rosenstein decidió que, para evitar cualquier atisbo de sospecha partidista, la investigación debía recaer en un fiscal especial. Nombró a Mueller, un respeto exdirector del FBI.

Lo hizo de espaldas a la Casa Blanca. Trump entró en cólera y desde entonces se ha embarcado en una ofensiva feroz contra Mueller, Sessions y Rosenstein, quien ha blindado al fiscal especial. Pero, al nombrar a Whitaker al frente del Departamento de Justicia, es este el que pasa a supervisar a Mueller: desde su presupuesto a su ámbito de investigación o incluso presuntamente si podría emitir órdenes judiciales contra Trump.

Los miembros demócratas del comité judicial de la Cámara de Representantes pidieron este jueves la celebración de comparecencias de emergencia sobre la salida de Sessions e impulsar una ley para blindar la labor del fiscal de la trama rusa. En las legislativas del martes, los demócratas se hicieron con el control de la Cámara, lo que les permite lanzar investigaciones, pero no se hará efectivo hasta enero.

En paralelo, el jefe de la bancada demócrata del Senado, Chuck Schumer, pidió a Whitaker que se recuse de su papel de supervisor de Mueller dados sus “comentarios previos” contra el fiscal especial. En cambio, los republicanos apenas abordaron la salida forzada de Sessions y quienes lo hicieron la minimizaron.

“La investigación de Mueller a Trump está yendo demasiado lejos”. Este es el elocuente título de un artículo que escribió Whitaker en la cadena CNN en agosto de 2017, un mes antes de ser designado jefe de gabinete de Sessions. Calcando los argumentos de Trump, aseguraba que el fiscal llevaba a cabo una “caza de brujas” contra el presidente si, como así ha sido, indagaba en sus finanzas personales. Y también arremetía implícitamente contra Rosenstein, ahora su nuevo número dos en el Departamento de Justicia. “No se necesita a un abogado o a un antiguo fiscal federal como yo para concluir que investigar las finanzas de Donald Trump o de su familia se sitúa completamente fuera del ámbito de su campaña de 2016 y las alegaciones de que la campaña se coordinó con el Gobierno ruso”, señaló.

No fue su único guiño a Trump. A finales de agosto de 2017, en un artículo en el digital The Hill, Whitaker pidió al Departamento de Justicia abrir una investigación sobre una presunta reunión del equipo de Clinton con personal de la Embajada ucrania en Washington para abordar información relacionada con Trump y Rusia.

Whitaker se hacía eco de un mensaje en Twitter del presidente en el que criticaba a Sessions por no investigarlo. Aseguraba que era una petición “correcta” de Trump y, emulando sus ataques a la prensa, criticaba que esa información no hubiera recibido la misma atención que el encuentro, antes de los comicios de 2016, entre Donald Trump Jr., el hijo del mandatario, y una abogada rusa vinculada al Kremlin y que le había ofrecido información comprometedora sobre Clinton.

Ya en marzo de 2016, Whitaker había pedido al Gobierno de Barack Obama lanzar una investigación especial sobre el servidor privado de Clinton. El FBI examinó ese asunto, que dominó la campaña electoral de 2016, y no halló nada delictivo.

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