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Nuevo bombardeo saudí en Yemen a pesar del llamamiento de EE UU al cese de la guerra

La coalición árabe aún no ha respondido a la propuesta de Washington para reanudar las conversaciones bajo los auspicios de la ONU

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Un yemení junto a los escombros tras un ataque este viernes en Saná (Yemen). EFE

Arabia Saudí ha bombardeado este viernes una base de los rebeldes Huthi de Yemen en el aeropuerto de Saná. De acuerdo con el comunicado militar, el objetivo era destruir lanzaderas de misiles que los insurgentes disparan contra territorio saudí, y no ha afectado a los aviones de la ONU que utilizan ese aeródromo. Sin embargo, apenas dos días después de que EE UU pidiera el fin de la guerra en Yemen, el ataque suscita dudas sobre la voluntad de una salida negociada por parte de la coalición árabe que dirige Riad. Parece difícil que esta ceda, a menos que haya una fuerte presión internacional.

“Esta operación incluye el bombardeo de lanzaderas y almacenes de los misiles, bases de drones, talleres de fabricación y ensamblaje de bombas, sus lugares de apoyo en la base aérea de Al Dailami, en Saná”, afirma el portavoz de la coalición, el general Turki al Malki. Según Al Masirah TV, un canal bajo control Huthi, una treintena de ataques aéreos ha alcanzado la base y los alrededores de la capital en menos de una hora.

Al Dailami comparte las pistas con el aeropuerto internacional de Saná, cerrado al tráfico aéreo comercial, pero que la ONU utiliza para el transporte de ayuda humanitaria y la entrada y salida de su propio personal. Ambos han venido siendo objeto de ataques aéreos desde que en marzo de 2015 Arabia Saudí y sus aliados, entre los que destaca Emiratos Árabes Unidos, decidieran intervenir militarmente en apoyo del presidente Abdrabbo Mansur Hadi, a quien los Huthi arrebataron el poder dos meses antes.

“No tengo ninguna información de que nuestras operaciones hayan resultado afectadas”, declara por teléfono el responsable de transporte aéreo de la ONU, confirmando lo adelantado por el general Al Malki. Aun así, el ataque pone de relieve la falta de entusiasmo ante el llamamiento de EE UU para acabar con una guerra que ha destruido el país más pobre del mundo árabe y dejado a la mitad de sus 27 millones de habitantes al borde de la hambruna.

“Hasta ahora solo hay cháchara sobre [negociar], más que algo que se parezca a un plan concreto de paz o alto el fuego”, explica a EL PAÍS Adam Baron, experto en Yemen del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. En su opinión, hasta que llegue ese momento “las partes en conflicto van a seguir intentando ganar terreno para aumentar su fuerza negociadora”.

Si bien el Gobierno de Hadi afirma estar dispuesto a buscar una solución política, la coalición ha guardado silencio. De hecho, poco después de que el secretario de Defensa norteamericano, Jim Mattis, dijera estar convencido de que “Arabia Saudí y Emiratos Árabes están listos” para ello, anunciaron el envío de 10.000 soldados al frente de Hodeida, el único gran puerto en manos de los Huthi y que las fuerzas pro-Hadi se preparan para asaltar desde el pasado junio. Tras conocerse el bombardeo de este viernes, también se ha informado de nuevos enfrentamientos en esa ciudad portuaria, vía de entrada del 70% de los alimentos y otros productos básicos.

“Me pregunto si EE UU está solo cubriéndose las espaldas ante las críticas”, plantea una fuente diplomática europea en la región. Aunque admite que el tono ha cambiado ante las legislativas norteamericanas del próximo martes y tras el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, recuerda que en contra del relato oficial, las conversaciones que la ONU quiso organizar en Ginebra no fracasaron por la inasistencia de los Huthi, sino porque Arabia Saudí no autorizó la salida de su avión con 50 heridos de guerra que Omán se había comprometido a tratar.

Ese compromiso humanitario (contemplado en la Convención de Ginebra) había sido adquirido por el nuevo enviado especial de la ONU, el británico Martin Griffiths, para incentivar la participación de los rebeldes. Ahora, Griffiths ha pedido ayuda a la UE para financiar el vuelo que saque a esos heridos, mientras busca un país dispuesto a acogerlos y garantizar que no los entregará a Arabia Saudí. Sin ese paso no será posible la nueva cita que EE UU pretende que la ONU organice en Suecia.

“Es una precondición de los Huthi, que se sintieron engañados en septiembre, y si no se tienen listos los preparativos para mediados de noviembre, difícilmente podrá cumplirse el calendario sugerido por EE UU de sentarse a hablar antes de que acabe el mes”, señala la fuente.

El recelo entre las partes no ayuda. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, dos países árabes de mayoría suní que aspiran a liderar la región, vieron la toma del poder por los Huthi en 2014 como fruto del expansionismo de su rival Irán, autoerigido en faro de los chiíes (la otra gran rama del islam) y que desde entonces ha hecho buenas las acusaciones de que ayudaba a los rebeldes. Numerosos analistas se muestran convencidos de que mientras EE UU siga centrando su política regional en el aislamiento a Teherán, fomentará esa enemistad.

No obstante, después de tres años y medio de guerra sin lograr su objetivo existe un amplio consenso en que, a pesar de su superioridad militar, la coalición está lejos de ganar el conflicto. De ahí que algunos observadores hayan querido ver en la vulnerabilidad saudí tras el caso Khashoggi una posibilidad para la Casa Blanca de acabar con la guerra de Yemen y las presiones que desde hace meses le genera en el Congreso.

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