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Lo que más necesita el mundo árabe es libertad de expresión

Poco antes de desaparecer en el Consulado saudí en Estambul, el periodista escribió este texto para el diario ‘The Washington Post’, con el que colaboraba

Nota de la editora de opinión de The Washington Post Karen Attiah:

Esta columna me la envió el traductor y ayudante de Jamal Khashoggi el día después de que se informara de la desaparición de Jamal en Estambul. The Post pospuso su publicación porque teníamos la esperanza de que Jamal volviera y pudiéramos editarla él y yo juntos. Ahora tengo que aceptarlo: eso no va a pasar. Este es el último artículo suyo que editaré para The Post. Esta columna capta a la perfección su dedicación y su pasión por la libertad en el mundo árabe. Una libertad por la que aparentemente ha dado su vida. Estaré eternamente agradecida de que eligiera The Post como su hogar periodístico definitivo hace un año y nos diera la oportunidad de trabajar juntos.

Jamal Khashoggi, durante una conferencia de prensa en Manama, la capital de Bahréin, en 2014. En vídeo, declaraciones de la editora de Opinión de 'The Washington Post' el pasado 10 de octubre.

No hace mucho estaba en Internet echando un vistazo al informe de 2018 Libertad en el mundo publicado por Freedom House y caí en la cuenta de algo muy grave. En el mundo árabe solo hay un país que haya sido clasificado como “libre”. Esa nación es Túnez. Jordania, Marruecos y Kuwait ocupan la segunda posición, con la clasificación de “parcialmente libres”. El resto de países del mundo árabe aparecen clasificados como “no libres”.

Como consecuencia, los árabes que viven en estos países están desinformados o mal informados. Son incapaces de abordar adecuadamente, menos aún discutir en público, asuntos que afectan a la región y a su vida diaria. El relato gubernamental domina la opinión pública y, aunque muchos no lo crean, la mayor parte de la población es víctima de ese falso relato. Por desgracia, la situación difícilmente cambiará.

El mundo árabe se llenó de esperanza durante la primavera de 2011. Periodistas, académicos y la población estaban llenos de ilusión por una sociedad árabe libre en sus respectivos países. Esperaban emanciparse de la hegemonía de sus Gobiernos y de la constante censura e intervención en la información. Las expectativas se rompieron pronto; esas sociedades volvieron a su antiguo statu quo o se enfrentaron a condiciones incluso más duras que antes.

Mi querido amigo el prominente escritor saudí Saleh al-Shehi escribió una de las columnas más famosas jamás publicadas por la prensa saudí. Desafortunadamente, hoy cumple una condena de cinco años de prisión por supuestos comentarios contra el establishment saudí. El Gobierno egipcio se incautó de toda la tirada del periódico Al-Masry Al-Youm, sin provocar ninguna protesta ni reacción de sus colegas. Estas acciones ya no conllevan el rechazo de la comunidad internacional. Como mucho, desencadenan una condena rápidamente seguida del silencio.

Como consecuencia de ello, a los Gobiernos árabes se les ha dado carta blanca para seguir silenciando a los medios de comunicación a un ritmo cada vez más rápido. Hubo una época en la que los periodistas pensaban que Internet liberaría la información de la censura y el control que se ejercía sobre los medios impresos. Pero estos Gobiernos, cuya propia existencia depende del control de la información, han bloqueado agresivamente Internet y también han detenido a periodistas locales y presionado a los anunciantes para reducir los ingresos de determinadas publicaciones.

Todavía quedan algunos oasis que siguen encarnando el espíritu de la Primavera Árabe. El Gobierno de Qatar sigue apoyando la cobertura de noticias internacionales, al contrario que sus vecinos, que se esfuerzan por mantener el control de la información para defender el “antiguo orden árabe”. Incluso en Túnez y en Kuwait, donde se considera que la prensa es al menos "parcialmente libre", los medios de comunicación se centran en temas locales, pero no en temas que afectan al conjunto del mundo árabe, y son reacios a proporcionar una plataforma para los periodistas de Arabia Saudí, Egipto y Yemen. Incluso Líbano, la joya de la corona del mundo árabe en lo que se refiere a la libertad de prensa, ha caído víctima de la polarización y de la influencia del proiraní Hezbolá.

El mundo árabe se enfrenta a su propia versión del telón de acero, impuesta no por actores externos, sino por fuerzas internas que luchan por el poder. Durante la Guerra Fría, Radio Free Europe, que se convirtió con el paso de los años en una institución fundamental, desempeñó un importante papel a la hora de alentar y mantener las esperanzas de libertad. Los árabes necesitan algo parecido. En 1967, The New York Times y The Post adquirieron conjuntamente el periódico The International Herald Tribune, que se convirtió en una plataforma para voces de todo el mundo.

Mi periódico, The Washington Post, ha tomado la iniciativa de traducir muchos de mis artículos y publicarlos en árabe. Le estoy agradecido por ello. Los árabes tienen que leer en su propio idioma para poder entender y hablar de los distintos aspectos y complicaciones de la democracia en EE UU y en Occidente. Si un egipcio lee un artículo que revela el coste real de un proyecto de construcción en Washington, podría entender mejor las consecuencias de proyectos parecidos en su comunidad.

El mundo árabe necesita una versión moderna de los antiguos medios de comunicación transnacionales para que los ciudadanos se puedan informar sobre acontecimientos mundiales. Y lo que es más importante, tenemos que proporcionar una plataforma a las voces árabes. Sufrimos pobreza, una mala gestión y una educación deficiente. Mediante la creación de un foro internacional independiente, protegido de la influencia de Gobiernos nacionalistas que difunden el odio a través de la propaganda, la gente normal y corriente del mundo árabe podría abordar los problemas estructurales a los que se enfrentan sus sociedades.

En este enlace puede leer la columna en inglés en The Washington Post

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