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El impacto económico de suprimir el cambio de hora será mínimo

Varios estudios señalan que el ahorro energético aportado por el horario de verano es marginal

Sede del Banco de España en Madrid, el viernes. En vídeo, declaraciones de Delia Gutiérrez, promotora en change.org de la firma para poner fin al cambio horario.

Dos veces al año, desde hace cuatro décadas, los ciudadanos europeos adelantan y atrasan una hora las agujas de sus relojes todos a la vez. Una práctica obligatoria desde 1981, que tiene sus orígenes a principios del siglo pasado, y justificada en gran medida por razones económicas: el ahorro energético brindado por la mayor disponibilidad de luz natural durante el verano permitiría reducir el gasto en iluminación y así traer beneficio a las arcas públicas y al bolsillo de los privados. Los tiempos, sin embargo, han cambiado, y cada vez hay más dudas sobre si este doble jet lag forzoso sea de verdad una necesidad o tan solo una costumbre difícil de abandonar.

El horario de verano, que se impuso de manera definitiva en muchos países europeos en respuesta a la primera crisis del petróleo de 1973, no sigue pareciendo una medida tan necesaria como entonces. La misma Comisión Europea reconocía en el texto con el cual anunciaba la consulta pública sobre el cambio horario —cuyo resultado revelaban hace dos días que una gran mayoría de los participantes quiere mantener el horario invariable durante todo el año— que, en general, los ahorros energéticos propiciados por esta práctica son “marginales”.

Hace más de 10 años, la institución comunitaria ya había llegado a la conclusión de que el ahorro brindado por el cambio horario durante la temporada veraniega era “relativamente pequeño”. En un informe posterior publicado en 2014 sobre la aplicación del horario de verano, la Comisión recordaba que la literatura especializada publicada hasta entonces no llegaba a una conclusión unívoca: algunos estudios sugerían que la reducción del gasto energético podría rondar el 0,5% del consumo nacional total, otros estimaban que el impacto era nulo.

Francisco Valverde, analista independiente del mercado eléctrico, no duda en decir que los europeos seguimos cambiando la hora por “inercia”. Mantiene que la explicación de eventuales ahorros energéticos conseguidos durante el verano tiene que buscarse más bien en cuestiones meteorológicas o de calendario. “Creo que [el cambio de hora] pudo tener sentido en el pasado, y más hacia el norte de Europa. Hace 40 o 50 años todo se iluminaba con bombillas; con las nuevas tecnologías, más eficientes, el gasto es mucho inferior”, señala.

También la UE reconoce que el potencial ahorro en el consumo eléctrico podría haberse visto neutralizado por la introducción de lámparas inteligentes, y compensado por otro lado con aumentos en el uso de la calefacción o del aire acondicionado. En el informe de 2014, la Comisión recuerda que varios países de la UE sugirieron en una encuesta que el horario de verano propiciaba una ligera disminución del consumo energético, sobre todo por el menor uso de iluminación, aunque no era posible cuantificarlo. Por otro lado, algunos Estados alegaron que a causa de las temperaturas más elevadas y de la ampliación de las horas de luz en el periodo estival, el consumo podría aumentar por el uso de otro aparatos, como el aire acondicionado.

“El cambio de hora es algo muy artificial”, comenta Valverde, quien considera que quedarse en el horario de verano o invierno no tendría consecuencias de cara al ahorro energético. “El problema surgiría si algunos países se quedaran con el cambio horario y otros no, porque fastidiaría las transacciones y otras operaciones comerciales”, comenta. También Bruselas ha alertado de que una eventual falta de coordinación entre los Estados miembros causaría perjuicios al mercado comunitario, ya que se incrementarían los costes del comercio transfronterizo y habría problemas relativos al transporte, la comunicación y los viajes, además de mermar la productividad en el sector de bienes y servicios. 

Varios países, como Rusia o Argentina, han optado por suprimir el cambio horario después de haberlo adoptado; otros, como Venezuela, nunca tuvieron horario de verano. “No seríamos los primeros en quitarlo; hay países que los quitaron y otros que nunca lo tuvieron y creo que tiene sentido si la gente no quiere cambiar de hora dos veces al año”, insiste Valverde.

El Parlamento Europeo ya se había pronunciado en distintas ocasiones sobre el cambio horario, la última vez el pasado febrero. Entonces la mayoría de los eurodiputados apoyó una moción para estudiar los efectos de los cambios de hora y eventualmente revisar la directiva que regula esta práctica, después de que Finlandia pidiera su modificación alegando que el ahorro de energía era tan escaso que no compensaba los eventuales problemas de sueño y salud que pudieran sufrir los ciudadanos. 

Según un análisis elaborado por la International Association for Energy Economics, el ahorro medio en energía eléctrica que se logra con el horario de verano sería tan solo del 0,34%, pero el estudio alega que los resultados varían en función de la metodología utilizada. La latitud es uno de los factores que más influyen: los países más alejados del ecuador tendrían mayores beneficios en términos de ahorro, mientras las regiones subtropicales consumarían más electricidad con el horario de verano.  

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