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Juncker visita a Trump para frenar la guerra comercial

La amenaza de Washington de imponer aranceles a los automóviles europeos planea sobre la reunión clave entre el presidente de la Comisión Europea y el de EE UU

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, el pasado 18 de julio
El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, el pasado 18 de julio REUTERS

Bajo la amenaza de una creciente guerra comercial con Estados Unidos, Europa deposita en el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, sus escasas esperanzas de lograr un entendimiento con el errático Donald Trump. La reunión, este miércoles en la Casa Blanca, entre el mandatario estadounidense y el líder comunitario, servirá para calibrar el alcance de la brecha abierta entre Washington y Bruselas. Aunque la relación económica monopolizará la cita, también está previsto que se aborden otros asuntos de tensión, como la seguridad transatlántica o el acuerdo nuclear con Irán.

Estados Unidos y Europa viven cada vez más en universos paralelos. Mientras cuestiona el orden liberal levantado hace siete décadas, Trump se aleja de sus socios europeos y estos admiten que deben confiar menos en la primera potencia mundial. Apenas han pasado dos semanas de la turbulenta visita del republicano a Bruselas, donde reclamó de malas formas a los países miembros de la OTAN un aumento del gasto militar, aleccionó a Alemania por su dependencia energética de Rusia y se fue afirmando que la “Unión Europea es un enemigo, por lo que nos hace en el comercio”. La confrontación contrastó con la simpatía mostrada pocos días después por Trump con el presidente ruso, Vladímir Putin.

La espada de Damocles que pende sobre la reunión de Trump y Juncker es la amenaza de la Casa Blanca de imponer un arancel del 20% a los vehículos importados, lo que en el caso de la UE supondría golpear un negocio de 50.000 millones de dólares con EE UU, afectando especialmente a la industria automovilística alemana. Sería la segunda fase de la guerra comercial iniciada en junio cuando, bajo un polémico argumento de la seguridad nacional, EE UU activó impuestos al acero (25%) y al aluminio (10%) procedentes de la Unión Europea, México y Canadá. En paralelo, ha impuesto otros aranceles a China. La UE respondió con sus propias represalias a sectores icónicos de la economía estadounidense, como las motocicletas Harley Davidson o el whisky Bourbon.

En la víspera de su encuentro con Juncker, Trump no tuvo reparos en llamar a la UE un “gran abusador” comercial y en burlarse, sin citar nombres, del afán negociador de algunos de los socios de EE UU para evitar nuevas barreras. “Todos vienen a la Casa Blanca”, alardeó en un acto militar en Kansas City. “Les dije: ‘Vamos a imponer aranceles a vuestros coches’. Ellos dijeron: ‘¿Cuándo podemos presentarnos? ¿Cuándo podemos ir allí? ¿Iría bien mañana?’”, dijo, entre risas del público.

Unas horas después en Twitter, el republicano abogó por levantar todas las barreras comerciales entre EE UU y la UE, pero la realidad es que existen enormes escollos en ambos bloques ante cualquier intento de alcanzar un acuerdo de libre comercio. En otro mensaje por la mañana, Trump ya había enfatizado su estrategia unilateral: “Un país que ha tratado injustamente a Estados Unidos en comercio negocia un pacto justo o es golpeado con aranceles”.

El multimillonario neoyorquino, que llegó a la Casa Blanca con un discurso proteccionista, hace la interpretación que más le conviene de los flujos comerciales. Por ejemplo, minimiza el impuesto del 25% que impone EE UU a las camionetas fabricadas en el extranjero y los expertos consideran inflada la cifra de 151.000 millones de dólares que cita Trump de déficit comercial con la UE.

Consciente de la trascendencia de su intento de aplacar la guerra comercial, Juncker ha consultado la estrategia ante Trump con los principales líderes europeos y poco antes de partir hacia Washington habló con la canciller alemana, Angela Merkel, el presidente francés, Emmanuel Macron, el primer ministro holandés, Mark Rutte, y el canciller austriaco, Sebastian Kurz. El comercio constituye el principal litigio sobre la mesa, aunque es probable que en la conversación aparezcan otros focos de conflicto entre Bruselas y Washington.

Tanto Juncker como el resto de la Comisión Europea han rehusado avanzar cualquier contenido del debate. “Lo que pretende es desdramatizar las tensiones políticas e implicarse en un diálogo abierto y constructivo”, explicaba el martes un portavoz de esta institución, que pretende rebajar las expectativas sobre cualquier iniciativa concreta y enmarca el encuentro, solicitado por Trump, en el marco de una discusión franca.

Represalias europeas

Bruselas, pese a todo, tiene claro que resulta altamente probable que EE UU acabe aplicando los temidos aranceles sobre los coches europeos. Al igual que hizo tras las medidas estadounidenses contra el acero y el aluminio, la institución europea, con competencias exclusivas sobre la política comercial, adoptará represalias si eso ocurre. De momento, Bruselas se centra en jugar esta última carta que le ofrece Washington. Pero tampoco olvida la suerte que corrieron otros líderes europeos (entre ellos Merkel y Macron) al tratar de disuadir, sin éxito, a Trump, por ejemplo, de retirarse del acuerdo nuclear con Irán.

La reunión transcurrirá en dos fases. En primer lugar, habrá un encuentro bilateral —la fórmula preferida por Trump— entre los dos presidentes. Después se abrirá la discusión a otros responsables. Por el lado europeo acudirá una decena de personas, entre ellas la comisaria de Comercio, Cecilia Malmström, que deberá perfilar cualquier estrategia comercial. Ocurra lo que ocurra, Europa vive con enorme pesar el momento tan bajo que atraviesa la relación con Estados Unidos. Tras la entrevista con Trump, Juncker acudirá al Centre for Strategic and International Studies, un laboratorio de ideas, para dar una conferencia con el ilustrativo título de Las relaciones trasatlánticas, en la encrucijada. Será un primer examen de los resultados de la cita en la Casa Blanca.

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