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La retirada de un juez conservador moderado en el Supremo de EE UU abre la puerta a otro giro a la derecha

La sustitución de Anthony Kennedy, figura clave en la legalización del matrimonio gay, da la oportunidad a Trump de nombrar otro miembro del tribunal antes de las legislativas

Anthony Kennedy, en junio de 2017 en Washington. REUTERS-QUALITY

El juez conservador moderado Anthony Kennedy anunció este miércoles su intención de retirarse del Tribunal Supremo de Estados Unidos al finalizar el mes de julio, lo que otorga a Donald Trump la oportunidad de nombrar a su sustituto y afianzar aun más la mayoría conservadora de la máxima instancia judicial del país. En el último año, esa mayoría ha propiciado varias sentencias a favor de grupos religiosos y de la derecha. Este mismo miércoles, antes del anuncio de Kennedy, falló contra de los sindicatos al determinar que los empleados públicos no pueden ser obligados a afiliarse y pagar cuotas si no lo desean.

Durante la campaña electoral de 2016, en los mítines de Trump, uno podía palpar el fervor trumpista, el de esos estadounidenses que se molestaban en acudir a varios actos del candidato que había roto esquemas y les había seducido más que ningún otro candidato que recordaran. Pero esos solo fueron unos cuantos de los votantes que llevaron al magnate neoyorquino a la presidencia. El resto, los republicanos pata negra, que le apoyaron en un 80%, lo hicieron muchas veces sin pasión, porque preferían a otro candidato, a veces incluso con recelo, pero con unos fines muy concretos: bajará impuestos, mantendrá el statu quo de la regulación de armas y colocará a un juez conservador en el Supremo para cubrir la vacante que había. Los republicanos del Senado impidieron a Barack Obama cubrir la vacante, como le correspondía, en un acto de filibusterismo político cuya trascendencia se está viendo ahora.

Ese juez fue Neil Gorsuch, que fue nominado por Trump nada más llegar a la Casa Blanca y garantizó la mayoría conservadora del tribunal, con cinco miembros considerados como tal y cuatro progresistas cuyo mandato es vitalicio. Tanto en el fallo de este miércoles contra los sindicatos como en el del día anterior a favor del veto migratorio del Gobierno para varios países de mayoría musulmana, su voto alineado con los conservadores ha sido decisivo para la opinión final.

El anuncio de Kennedy, de 81 años, de perfil más centrista que el resto de los considerados conservadores, otorga a Trump la oportunidad de reforzar un giro conservador en el Tribunal. Nominado por Reagan en 1987, su historial muestra un perfil conservador moderado. En 2015, por ejemplo, su voto resultó clave para que el matrimonio entre personas del mismo sexo sea legal hoy en todo Estados Unidos. Kennedy se sumó a los cuatro jueces progresistas, frente a la opinión del resto de conservadores, entre los que entonces figuraba Antonin Scalia.

La máxima instancia judicial de EE UU está dividida hoy por hoy. Las tres decisiones hechas públicas en los últimos dos días se han apoyado en cinco votos a favor (los considerados conservadores Samuel Alito, John G. Roberts, Anthony Kennedy, Clarence Thomas, y Gorsuch) y cuatro en contra (los considerados progresistas Sonia Sotomayor, Stephen Breyer, Ruth Bader Ginsburg y Elena Kagan).

Con la muerte de Scalia, en febrero de 2016, el entonces presidente, el demócrata Barack Obama, trató de llevar al Supremo a un progresista moderado, el presidente de la Corte de Apelaciones de Washington, Merrick Garland, como relevo. Los republicanos, sin embargo, bloquearon su nombramiento en el Senado y no permitieron la sustitución de Scalia hasta más de un año después, con un republicano, Trump, ya de presidente. Los demócratas trataron entonces de pagar con la misma moneda y evitar el nombramiento de Gorsuch como nuevo juez del Supremo, pero los republicanos recurrieron a la llamada “opción nuclear”: cambiaron las normas para poder aprobarlo con solo mayoría simple en el Senado.

El Supremo ha sido clave en la transformación de la sociedad estadounidense, ha marcado el paso de la historia con sentencias como la del matrimonio homosexual, la que prohibió la segregación racial en las escuelas o la que legalizó el aborto. Otros jueces del Supremo son de avanzada edad, como Kennedy. Los progresistas Ruth Bader Ginsburg y Stephen Breyer, por ejemplo, tienen 85 años y 79 años, respectivamente. Gorsuch es el más joven, con 50 años, lo que garantiza su influencia en la Corte durante décadas.

En el fallo de este miércoles, relativo a los sindicatos, el Tribunal consideró que la obligación del pago de cuotas a sindicatos a los funcionarios públicos “viola los derechos de libertad de expresión de los no miembros al forzarle a subsidiar discursos privado en asunto de interés público sustancial”, en palabras del juez Samuel Alito, autor de la opinión mayoritaria. La decisión supone un mazazo para la financiación de las uniones de trabajadores.

El día anterior, también con cinco votos a favor y cuatro en contra, avalaron el veto migratorio de Trump y contentó a los movimientos antiabortistas al considerar "probablemente" inconstitucional la ley de California que obliga a organizaciones contrarias al aborto a proporcionar información sobre procedimientos de interrupción del embarazo financiados por el Estado.

Los republicanos tratarán de lograr en otoño la confirmación en el Senado del sustituto de Kennedy, antes de las elecciones legislativas del 6 de noviembre, que pueden poner en riesgo su mayoría en las Cámaras esté en riesgo. La excusa del portavoz republicano en el Senado, Mitch McConell, para impedir el nombramiento del juez Garland en 2016 fue que se producía demasiado cerca de las elecciones.

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