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Rebelión republicana contra la guerra comercial desatada por Trump

El líder de Congreso, Paul Ryan, pide al presidente que dé marcha atrás en las subidas arancelarias

Donald Trump, ayer en el Despacho Oval.
Donald Trump, ayer en el Despacho Oval. AP

El vendaval se le ha vuelto en contra. Tras sacudir al planeta con la amenaza de una guerra comercial, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha topado con la resistencia de su propio partido. En un gesto que muestra el terror electoral que ha suscitado su último pulso, líder de los republicanos en el Congreso, Paul Ryan, pidió este lunes a Trump que dé marcha atrás y devuelva las aguas a su cauce.

“Estamos extremadamente preocupados por las consecuencias de una guerra comercial y urgimos a la Casa Blanca a que no avance con este plan. La reforma fiscal ha dinamizado la economía y no queremos que amenace sus ganancias”, afirmó un portavoz de Ryan, en una toma de posición que marca una divisoria inesperada.

Hasta ahora, Trump se había enfrentado solamente al adversario exterior, ese espectro que alimenta su aislacionismo y al que tanto provecho electoral ha sacado. Blandiendo el déficit comercial de Estados Unidos, la semana pasada anunció una próxima subida de los aranceles del acero (25%) y del aluminio (10%). Lanzada la bomba, remató con una proclama belicosa. “Las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”, tuiteó.

La andanada sembró el pánico en Canadá y México, embarcadas en una espinosa negociación del Tratado de Libre Comercio, pero sobre todo desató la tormenta en Europa. Sin esperar a conocer el detalle de las medidas, Bruselas advirtió que estaba dispuesta a tomar represalias, a lo que Trump, especialista en el cuerpo a cuerpo, respondió con otra amenaza más: un impuesto para los coches europeos.

“EE UU tiene un déficit comercial anual de 800.000 millones de dólares por nuestros estúpidos acuerdos y políticas. Nuestros trabajos y riqueza están siendo entregados a países que se han aprovechado de nosotros durante años. Se ríen de lo tontos que nuestros líderes han sido. ¡Nunca más!”, remachó.

Las hostilidades habían comenzado. El siguiente campo de batalla, aparte de las imprevisibles trallas tuiteras de Trump, iba a ser la presentación esta semana de la subida arancelaria. En este compás de espera, la irrupción del republicano Ryan ha abierto un flanco nuevo.

Aunque no se conocen aún los apoyos del líder del Congreso, sus palabras reflejan una preocupación muy extendida entre los parlamentarios. El próximo 6 de noviembre se renueva un tercio del Senado, toda la Cámara de Representantes y 39 gubernaturas. Cualquier error, puede inclinar la balanza a favor de los demócratas y hacer perder a los conservadores la mayoría absoluta. Este miedo se ahonda si el temblor afecta al terreno económico. Un campo de juego donde Trump siempre ha vencido y que con la gigantesca rebaja fiscal aprobada en diciembre, superior a 1,5 billones en un decenio, los republicanos daban la partida por ganada.

Trump evitó responder al órdago de sus correligionarios. Preguntado durante la recepción con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el presidente volvió a disparar contra el enemigo exterior. Acusó a China de beneficiarse más que nadie del déficit comercial de Estados Unidos y reservó un proyectil a Bruselas: “Nuestros adversarios no sólo son Rusia y China, sino también Europa, que tiene barreras comerciales peores que las tarifas. Nosotros lo que queremos es tener de vuelta esos 800.000 millones de dólares al año”, dijo. La guerra, de momento, continúa.